. Las
principales causas de aquella revolución fueron, entre otras, un sistema de
extrema desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiados
-nobleza y clero- no tenían obligación de pagar;
la incapacidad de las clases gobernantes -nobleza, clero y burguesía- para
hacer frente a los problemas de Estado; la indecisión de la monarquía; el
empobrecimiento de los trabajadores y, por último, la expansión de las nuevas
ideas ilustradas. Doscientos años más tarde, podernos afirmar que los problemas
que sufren muchos países europeos en la actualidad son muy semejantes a los problemas
que sufrían los ciudadanos franceses de aquella época; un sistema de impuestos
injusto y generador de desigualdades, un empobrecimiento de la clase media y media-baja,
y unos burgueses acomodados –es decir, los políticos- que no son capaces de
gobernar si no es a favor de ellos mismos y de sus nobles amigos –que son los actuales
grandes banqueros y empresarios-.
En España, tanto el PSOE como el PP, los
dos partidos políticos que han gobernado en los últimos años, han demostrado su
incapacidad para gobernar con criterio. Juzgando objetivamente sus decisiones y
actuaciones podemos afirmar que el principal interés de ambos partidos es
mantenerse en el gobierno el mayor tiempo posible para que tanto ellos como sus
amigos y familiares puedan beneficiarse de ciertos privilegios y concesiones
para meter la mano en las arcas del estado y enriquecerse rápida y fácilmente. El
beneficio de los ciudadanos les da absolutamente lo mismo. De vez en cuando, eso
sí, para contentar a la chusma que somos, arrojan un par de migajas a través de
miserables políticas sociales, y listo. Sin embargo, jamás han tomado ni una
sola medida en contra de las grandes entidades bancarias –inventoras de un
sistema económico injusto y desequilibrado- ni de las grandes empresas -que se
enriquecen tanto en periodos de crecimiento como en periodos de recesión-. Y todo
esto, que ya de por sí es absolutamente despreciable, no es sin embargo lo
peor.
Durante los últimos veinte años, los
casos de corrupción en España han resultado absolutamente escandalosos. La
ingente cantidad de dinero público despilfarrado y robado por parte de
políticos o amigos de políticos ha sido tan brutal que representa casi la deuda
del estado español. En un estado democrático, esto tendría sus consecuencias. Sin
embargo, en España, no ha habido ni una sola dimisión, ni un solo político que
haya salido para pedir perdón.
En los últimos meses, muchos políticos y
contertulios han criticado la violencia en las manifestaciones argumentando que
la violencia no es democrática. Y es cierto, pero, ¿acaso no son ellos mismos
los que vulneran día tras día la democracia con su falta de honestidad y de
honradez; no son ellos mismos quienes quebrantan la democracia al no dimitir
cuando roban descaradamente, arropados por sus amigos de partido sin la más
mínima vergüenza; no son ellos mismos los que transgreden la democracia al
utilizar la justicia como un arma a su servicio? Y, si a pesar de todo lo
anterior, son ellos los que ostentan el poder absoluto para enriquecerse de
manera ilícita mientras se ríen de nosotros en la cara y ejercen la violencia a
través de impuestos injustos y bajadas de sueldos, jodiéndonos tanto nuestro
futuro como el de nuestros hijos, la
pregunta es: ¿qué salida nos dejan?