ANTES DEL ANOCHECER: el fin una love story inolvidable

Quién iba a imaginar hace casi veinte años, cuando Celine (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke) se conocieron en Viena, que se estaba dando el pistolezo de salida a la que más tarde se convertiría en una de las love story -por capítulos- más atípicas e idolatradas de todos los tiempos. Sucedía en Antes del amanecer (1995), film que no hizo mucho ruido en su estreno pero que, con el tiempo, se fue convirtiendo en un título de culto para un nutrido grupo de espectadores que cayeron rendidos a su carácter original y minimalista. Fue precisamente la presión originada por los fans -mucho más que su escaso rendimiento en taquilla-, lo que propició su dignísima secuela: Antes del atardecer (2004), en la que se narraba el reencuentro de los protagonistas en París nueve años después. Nada hacía presagiar que, casi una década después, el mismo trío artístico -actores principales y director, autores nuevamente del guión tras la segunda parte- fuesen a encarar la ¿última? entrega de la saga. Y lo hacen, de nuevo, tomando como materia prima principal la inteligencia de un guión ofuscado en retratar a estos otrora inocentes jóvenes en plena etapa de madurez. Ahora ya no sueñan con cambiar el mundo, ha sido el mundo el que les ha cambiado a ellos.

 

. Sucedía en Antes del amanecer (1995), film que no hizo mucho ruido en su estreno pero que, con el tiempo, se fue convirtiendo en un título de culto para un nutrido grupo de espectadores que cayeron rendidos a su carácter original y minimalista. Fue precisamente la presión originada por los fans -mucho más que su escaso rendimiento en taquilla-, lo que propició su dignísima secuela: Antes del atardecer (2004), en la que se narraba el reencuentro de los protagonistas en París nueve años después. Nada hacía presagiar que, casi una década después, el mismo trío artístico -actores principales y director, autores nuevamente del guión tras la segunda parte- fuesen a encarar la ¿última? entrega de la saga. Y lo hacen, de nuevo, tomando como materia prima principal la inteligencia de un guión ofuscado en retratar a estos otrora inocentes jóvenes en plena etapa de madurez. Ahora ya no sueñan con cambiar el mundo, ha sido el mundo el que les ha cambiado a ellos.
Antes del anochecer se sitúa en Grecia, lugar escogido por el tándem protagonista para disfrutar de una agradables vacaciones en compañía de sus gemelas. Todo parece marchar bien hasta que aflora un tema tabú: la necesidad de uno de ellos por mudarse a Chicago, donde vive el hijo de la ex mujer de Jesse. A partir de entonces todo empieza a tambalearse. ¿Podrá esta pareja, fulgente paradigma de la perfección y referente para millones de románticos, superar sus obstáculos y demostrar que existen los finales felices? Hasta ahora los conocíamos más o menos en profundidad, lastimábamos sus defectos, admirábamos sus virtudes... pero nunca los habíamos visto funcionar como pareja. Y éste es el gran atractivo de la película. En esta odisea, Linklater no se deja amilanar por lo políticamente correcto y su único afán trascendente es -nada más ni nada menos- que mostrar la vida tal cual es. Porque, en efecto, Antes del anochecer, más que una película, es un extracto de la propia realidad. En ella todo es tan real, tan palpable, que, a veces, da hasta miedo. La película no se anda por las ramas: lejos de erigirse como un relato adulador y indulgente con las relaciones de pareja, las muestra tal como son: tan imperfectas e incorregibles como la vida misma. Atrás quedaron los tiempos de la ingenuidad, de las fantasías juveniles, de los bucólicos paseos por el Sena -ahora sepultados por las cargas familiares y laborales-: ha llegado el turno es el turno de enfrentarse a esa realidad en constante evolución, en la que el Facebook y el Skype han cambiado la forma de relacionarse -detalle de la que el film no es ajeno- y donde ninguna relación, ni siquiera la más aparentemente perfecta, tiene asegurada la eternidad.

Antes del anochecer es un derroche de ingenio constante, como bien ejemplifican escenas como la conversación en el coche -algo estirada, pero en la que se aprovecha para exponer hábilmente los principales puntos sobre los que versará la cinta-, la comida en el porche -donde, en un destello de lucidez, tres generaciones diferentes aportan sus diferentes visiones del amor o el sexo- o el impagable, imborrable, fragmento del hotel; minutos donde los secretos más inconfesables amenazan con ver la luz y las frases más incendiarias dan un giro copernicano a los acontecimientos; una última media hora donde todo hasta el detalle más insignificante está cuidado al milímetro, como por ejemplo el propio cuadro que adorna la suite -metáfora del riesgo y el vértigo que en ese momento se está respirando entre esas cuatro paredes-. La cámara de Linklater funciona como un bisturí que disecciona a unos personajes vulnerables, al tiempo que un guión excelentemente escrito los va moldeando a su antojo. ¿Su máxima? Que cada frase de esa discusión, que cada gesto por parte de ambos, esté directamente extraído de las vivencias de cualquier ser humano. De ahí la ya conocida predilección por parte del director por los planos secuencia, algo que dificulta la labor de producción, pero que dota al resultado final de precisión y autenticidad, o escenas como la del más que justificado desnudo de Delpy -cuyo objetivo principal es demostrar que los roles de la saga, lejos de atender a un artificioso canon de belleza, son tan naturales como la mayoría de ciudadanos de a pie-. 

Pero que nadie piense que todo es drama: Antes del anochecer está sazonada, además de pequeñas píldoras de bis cómica, por los grandes placeres de la vida. Naturaleza -lástima que el director no  saque más jugo de su paradisíaco entorno-, gastronomía -atención a esos manjares extraídos directamente de la huerta- o música -ojo a los temas The best summer of my life, de Graham Reynolds o O Gia Ena Tanto, de Haris Alexiou- se dan la mano en la que, sin duda, es la entrega más redonda de todas. Un broche final insuperable para una trabajo que deja huella, que roza la perfección y que nos muestra a dos seres que, ahora más que nunca, deben decidir su futuro... antes de que el anochecer vuelva a cubrir las heridas, algunas de difícil sutura. 

UNETE



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