. Quiero hablar de dos temas profundamente diferentes, pero
importantes. Así que ahí voy. Trataré de hacer mi mejor esfuerzo. Para ello,
comenzaré diciendo que en mi última visita al Distrito Federal, iba regresando
en automóvil de la ciudad de Pachuca; al cruzar por la intersección de las
calles de Insurgentes y Reforma, un peatón decide cruzar a toda velocidad,
vulnerando su propio semáforo y atravesarse en la luz roja que le impedía el
paso. Era de noche, y me costó un poco de trabajo distinguirlo, así que
disminuí la marcha del vehículo y toqué la bocina para advertir de su paso
indebido. La reacción del peatón fue totalmente extraña: se detuvo en el carril
del Metrobús para verme e insultarme mediante señas a mi paso. ¡Ahora resulta
que el peatón puede vulnerar las reglas de tránsito y sentirse ofendido porque
alguien le hace ver su error! Al final del día, el propio transeúnte está
corriendo peligro y pone en riesgo su vida, al atravesarse en rojo en una
avenida transitada, en la noche, y especialmente cuando decide "ofenderse"
ante el vehículo que sigue su marcha. Por supuesto que yo estoy en contra de
los carros que no ceden el paso al peatón en las esquinas, pero cuando existen
los semáforos, todos debemos respetar las señales.
En este caso, México es el país de los
"sensibles". Nadie puede recriminar a nadie que cumpla con su trabajo
o con su responsabilidad sin que ello ofenda a la otra persona. Cuando un jefe
le pide a su empleado que haga su trabajo (sin decir nada agresivo) o cuando un
comensal le pide al mesero de buena manera que le traiga algo a la mesa; o
simplemente cuando alguien no tiene ningún privilegio para la otra persona,
entonces, nos ofendemos. Porque cuando los mexicanos sentimos que no somos
tratados con deferencias y de modo especial, entonces, creemos que estamos
recibiendo un "mal trato". Nada de ello. Las reglas deben cumplirse
porque así lo dicta la convivencia social y las leyes deben respetarse, sin
importar quien sea.
Me he puesto a pensar largamente en este incidente. ¿Qué
pudo haber ofendido tanto al peatón que se cruza irresponsablemente? Creo que
es un asunto que tiene que ver con nuestra susceptibilidad. Pero la sentencia
que pesa sobre nosotros es la siguiente: un país donde las reglas son
exclusivas y donde las normas no se cumplen por ética, sino por el favor de
alguien; o sencillamente la responsabilidad de las cosas bien hechas constituye
una ofensa para los demás, entonces en ese lugar nao puede haber un desarrollo
civilizado. Tenemos que aprender a cumplir la ley porque todos salimos ganando.
El país de los sensibles ya no tiene cabida en el mundo de hoy. Mucho menos si
queremos ser competitivos.
Pues bien, el segundo tema que se me viene a la mente y que
quiero traer a este artículo es todo aquello que sucede en Estados Unidos,
específicamente en la Suprema Corte y en el Congreso. La primera aprobó una
medida por la que facultaría como un derecho federal a los matrimonios entre
personas del mismo sexo. Ahora no solamente las legislaturas estatales tendrán
potestad sobre este tema, sino que las personas que estén en este supuesto
podrán tener los beneficios de cualquier otro matrimonio, hecho patente en todo
el territorio de los Estados Unidos. Es una conquista interesante. Y ello se
combinará con la recién aprobada reforma migratoria en el Senado, que permitirá
a muchos indocumentados legalizar su situación. Estos dos fenómenos se combinan
(casi al mismo tiempo) y habrá interesantes cambios. En materia migratoria
falta la aprobación de la Cámara de Representantes, pero sin duda la ruta de
acción está en marcha.
Aunque los dos temas anteriores no tienen casi nada que ver
el uno con el otro, no quise dejar de mencionarlos a los dos. Creo que cada uno
ofrece una perspectiva interesante para tratar de entender mejor el mundo en
que vivimos. Al final del día de eso se trata todo.