Cada año se abandonan a su suerte unos 60.000 galgos en España, según datos de la Federación de Asociaciones Protectoras de la Comunidad de Madrid (FAPA) y de diversas asociaciones para la defensa de los galgos. Estos galgos han sido utilizados por los cazadores en las cacerías que se celebran por todo el país y una vez que la temporada de caza termina o simplemente los animales no sirven, éstos son abandonados o bien son presos de una muerte lenta y dolorosa. Serán rociados con ácido, apaleados, torturados, tirados en pozos o colgados de un olivo o tapia dejando un poco de margen en la soga para que mueran lentamente. A veces se intentan quemar para no dejar rastro y evitar problemas con las asociaciones ecologistas de la zona.



