Los tiempos de
antes fueron mejores. Es una clásica expresión popular. Con idéntica y
filosófica precisión que el conocido dilema del huevo y la gallina. Si la
nuestra es una Darwinista evolución y Charles tenía razón en la material
selección natural o, si por el contrario, la nuestra en una existencia ideal,
con origen divino, como lo supone Platón. No es hasta ahora concluyente. Tanto
el pensamiento secular, como el espiritual mantienen inflexibles, la completa e
intransigente rigidez de sus históricas posiciones. El destino del hombre en
cambio, parece tener un escenario más flexible y relativamente menos polémico.
La dicotomía es
otra. Una que no tiene exclusivo origen
en el cultivo del pensamiento o de la probable virtud del conocimiento. Que
esta menos centrada en el principio y más enfocada en el resultado. Esa es la
experiencia de la HISTORIA. Desde este escenario es de donde deben surgir los
análisis. No solo de la capacidad filosófica del hombre para persuadir al resto
por la civilizada vía de la convicción, sino además, de su habilidad para
justificar la más brutal e irracional imposición.
Más importante
que las esperanzas, para las nuevas generaciones, es entender la historia.
Elevar su mirada por encima de hechos recientes cuya base se funda en
testimonios y prejuicios. Ver así, el origen, y no la variedad derivada de cada
histórica circunstancia. Mirar la historia no para saber en qué creer o cómo
comportarse, pero para saber quiénes somos. Ocho o nueve de cada 10 personas,
suponen conclusión propia su orientación política, la inclinación espiritual y
hasta las de naturaleza de sus favoritismos deportivos. Ven de ese modo las
conclusiones ajenas. Aquella multitud de prejuicios que heredan en los años del
crecimiento y la formación.
Esta es una
tendencia en aumento, y se viene observando con mayor expansión en las últimas décadas.
La comodidad, nubla el juicio crítico y nos hace inconformes pero
tolerantes. Como una consecuencia, no se
enciende o se apaga, esa llama de sublevación a la injusticia que inundara el
alma de los héroes de la independencia. Eso es, estamos cada vez más alienados
y mansos. Los partidos, la Iglesia, el directorio del club, cuentan con nuestra
total incondicionalidad. El mundo que nos rodea, está sufriendo el impacto de
nuestra indiferencia. Nuestra vida la hemos simplificado, la curiosidad o el
orgullo, dejan un vacío que se llena de objetos, y terminamos, tal y según los
cálculos economistas, convertidos en
uno. Impotentes-solidarios o
prepotentes-mezquinos, pero mancebos y depredadores.
La verdad es que
el mundo que sobrevino después del cambio profundo a la estructura social de la
ilustración. Desencadeno una verdadera explosión de fenómenos sociales. Los que
combinados, aceleraron el paso cansino con el cual la humanidad venia cojeando
desde la antigua Babilonia. En estos últimos 200 años, hemos desarrollado
tecnologías en una secuencia desconocida por milenios. Sin embargo, los libros
llenos de ideas, sirven como teoría inspiradora que solo transportan la virtud
posible del conocimiento. Quienes en realidad definen los límites de esos
ideales, son los hombres y las mujeres que en cada generación enfrentan propios
desafíos. Ahí la necesidad de entender
que un anticapitalismo, es condición sine qua núm. - esa expresión aristotélica
de Boethius - ósea, brota espontánea de la necesidad de balancear el poder que
la teoría del crecimiento ilimitado le destina a la justicia social.
Esta es la
combinación ideológica que ha revolucionado todo el sistema conocido por
aquellos que vivieron antes del siglo XIX, o los que en muchas partes del
mundo, han seguido viviendo como si lo fuera.
Pero la gran mayoría de la población del planeta, protagoniza una sucesión de cambios que
incluyen ademad del internet, un mundo,
en el cual hoy menos seres humanos mueren de hambre, que a causa de la
obesidad, y muchos más escriben que aquellos que leen libros. Algo a pensar que
necesita ajustarse con urgencia.
Por encima del
pugilismo intelectual propio de la naturaleza humana, está la suma de experiencias de historias personales,
esas que el economista, el General ni el filósofo pueden anticipar. No, porque
no está escrita. Se escribe con la vida.
Con los hombres, las mujeres sus vivencias, su porfía o su obediencia. Su
trabajo, sus éxitos o sus fracasos.
No es fácil
desafiar a nadie que asegure que de las decisiones que se adopte hoy dependerá
el mundo de aquellos que vivan mañana. Del mismo modo que nosotros vivimos las
decisiones tomadas por otros en el pasado. Mucho se podrá decir y se ha dicho,
de la experiencia marxista, pero solo aquellos que se educan pueden distinguir
el abismo de diferencia que existe entre el ateo socialismo de lucha de clases
practicado por Stalin y el marxismo de cristianos con infinidad de matices
ideológicos de la actualidad. Pero que aún así no ofrecen más que muchas
promesas. Así mismo como el actual Libre Mercado inyectado a la sociedad
mediante el shock de las "guerras" y de dictaduras militares, tiene
poco, o nada que ver, con el pensamiento combinado de David Ricardo y Adam
Smith, porque han aceptado la convivencia de la imposicion armada con el ideal
de autoridad en libertad.
Malthus el
economista británico pionero del Capitalismo escribió en 1789 el ensayo
titulado, "El Principio de población", en cual asegura lo siguiente. -
“La población tiende a crecer más rápido que las provisiones, con un inevitable
desastroso resultado - a menos - que el incremento de la población se controle
con regulaciones morales, guerras, hambrunas, y enfermedades.- Entonces elaboro
influyentes leyes para moderar el empobrecimiento como esta;
"En vez de
recomendarles limpieza a los pobres, hemos de aconsejarles lo contrario,
haremos más estrechas las calles, meteremos más gente en las casas y trataremos
de provocar la reaparición de alguna epidemia"
Pocos años más
tarde y en ese contexto, correcta o equivocadamente, Marx, concibe el
socialismo. Convencido por supuesto que el hombre de trabajo no estará incluido
jamás en los beneficios del Capitalismo. Este ensayo de Malthus, claramente no
está dedicado al que no sabe, o al que sabe pero no puede hacer nada. Sino al
que tiene, o tendrá poder para materializar una sociedad basada en la
naturaleza de esas aberraciones como ha sido.
El dinero
concentrado, en cada época, crea entretención, una sensación de modernismo que
estimula la creación artística de la elite y por supuesto la tecnológica. En contradicción con la investigación y el
estímulo a nuevas ideas que surge solo del desafío y el deseo de conquista de
la clase emergente. Gracias a la combinación de ambas, o a pesar de ellas, el
hombre logra en doscientos, más desarrollo que el conseguido en 6.000 años.
Pero desde luego tampoco hubiera sido posible sin ellos. Eso es HISTORIA.
Han pasado dos
siglos, las experiencias mercantilistas y comunistas han brindado abundante y
sorprendentes materiales a las nuevas generaciones. La EDUCACION de esas
experiencias ha sido mutilada y a lo menos esquiva. Entonces se impone la
demagogia, se infunden el pavor y la desorientación. Se confunde y se alimenta
más el odio que el dialogo. Se agotan los temas sin haberlos discutido nunca.
La juventud debe
aprender, de lo contrario no separa. Ni puede ver, la diferencia entre un
proyecto de vida basado en la felicidad, de otro basado en el éxito. Pero lo
más importante, que no está obligado a elegir.
Después de todo, lo contrario del temor, no es el valor, es la verdad.
Eso explica que las naciones industrializadas, con sus altos y bajos, sean
conocidas por un emblemático duopolio de mano de obra calificada y la seguridad
garantizada de la inversión.
El Capitalismo ha
escondido muchos de sus componentes, mientras tanto el Comunismo los ha
exagerado, pero ambos no son percibidos apropiadamente por la juventud, ni
representan la enorme mayoría en ninguna parte. De ahí la importancia con los
experimentos bien ilustrados de la historia y su informado debate.
Luis Alberto Moya R.