Nunca ha sido
fácil entablar un dialogo cuando alguien dice que es blanco lo que en realidad
es negro. Pero al menos existe la posibilidad de un arbitrio porque ambos
juicios están basados en un hecho concreto. Es distinto cuando alguien por
ejemplo dice, estamos bien o estamos mal. Eso será discutible siempre por subjetivo.
Es la calidad de vida, el tiempo libre, la excelencia educacional y de salud, además
del espacio y el equipamiento urbano-arquitectónico de un distinto hogar, el
que define de modo evidente su estrato social. Entonces es cuando es más fácil
definir cuándo, y cuando no, una familia es en realidad de clase media. Pero
hacerlo de un modo sencillo, imparcial y bien intencionado. Como en la mesa de
la casa, sin polarización estéril ni confrontación fanática y politizada que
nos tiene hasta la corona.
Por ejemplo si
uno le pregunta en público a cualquier persona cuál es su clase social, la
tendencia, por idiosincrásica vanidad o indescifrable modestia será, clase
media. Lo cual nos evita discutir sobre una
importante conclusión que surge inmediata - La llamada clase media es al menos mucho
menor que la cantidad de personas que se autodefinen como tal.
Este fenómeno, el
que muy a pesar del mareo chauvinista de los que piensan que da la vuelta al
mundo entero, es muy singular en suelo
patrio, no es distinto del infundado temor a vivir sin celulares o plasmas en
un gobierno comunista, o a la amenaza de existir exclusivamente solo si se hace
dentro de una economía de libre mercado eternamente.
Si por
convencional definición entendemos por clase media aquella que no es ni parece famosa
por lo acaudalada, pero cuyo ingreso familiar le permite acceder al más alto
nivel de servicios educacionales, de vivienda y de salud que ofrece la sociedad,
entonces podemos decir que una familia que debe esperar un segundo más allá de
inmediato para ver doctor (cosa garantizada para una familia en cualquier
definición de clase media o alta en la enciclopedia o cualquier día del
calendario) , o que por razones monetarias deba resignarse a enviar a sus hijos
a un colegio que no cuente con la calidad y prestigio de los Verbos Divinos, y además
vivir por obligación económica en un
sector habitacional de casa o apartamento escogido para un conjunto lejos del
tradicional sector residencial considerado barrio alto. Bueno esa familia muy
probablemente no debería etiquetarse de clase media.
Cuando una
sociedad decide resignarse a un desarrollo desigual, no en la capacidad de
acumular riqueza, pero si la de acceder a ella mediante oportunidades dadas por
algo más seguro que la determinación y el esfuerzo. (Ese del que nos hablan los que nacieron y se
criaron en hogares civiles financiados por un apitutado trabajo privado o de
hogares uniformados financiados por el suculento y fácil cheque del
estado). Debe buscar a quien culpar o/y
crear un nuevo orden relativo y dinámico del estrato social. Pero eso como el
cosmético, disfraza y nunca cura el acné.
Como y que
podemos hacer para revertir la dirección de la flecha establecida por la
propaganda, bueno empiece por reírse de
aquel que escoge el eufemismo y la apariencia.
1.- Riase de
aquel que muy soberbio desprecia la protesta estudiantil pero hace figuras para
pagar las cuotas de préstamos universitarios.
2.- Riase de
aquel que se preocupa por que sus hijos no pierdan un año, pero no que pierdan
su vida en un colegio que no garantiza el mismo éxito de los hijos de otros.
3.- Riase también
de aquel que sigue discutiendo el golpe, pero no protesta por el saqueo
financiero que nos endoso la dictadura.
4.- Riase además
de aquellos que endeudados, sin educación ni un trabajo digno y seguro, comparan
sacando pecho, a Chile con Bolivia.
5.- Riase de
aquel que acepta sin pelear un régimen escolar exclusivo en calidad solo para
el que tiene plata.
6.- Riase de
aquel que entiende por estado otra cosa que no sea el patrimonio gobernable de
la patria..
7.- Riase de los
que corrigen ortografía ajena pero no la propia comprensión de lectura.
8.- Riase de los
que defienden la izquierda o la derecha pero no al consumidor.
9.- Riase de los
que quieren viajar en primera pero no votan primero.
10.- Riase de los
que llaman resentidos a quienes no parten bien cerca de la meta.
11.- Riase de los
que llaman al golpe una GUERRA pero no criminales a los asesinos.
12.- Riase de los
que dicen estar en contra pero están viviendo de un cheque que viene de
adentro.
13.- Riase de
todos los que públicamente escupen el silabario que distingue a los pedantes y los
arribistas en cada conversación; con el gratuito menoscabo de negro, maricon, rasca,
ordinario, huachaca, chulo, picante o incluso, o-r-d-i-n-a-r-i-o.
Por ultimo pero
no limitado a lo anterior, ríase de todo el que insiste en una discusión
política, y no una discusión de la dictadura económica. Porque esa es la que
empeora el histórico estancamiento de apellidos en cada sucesiva generación
desde la colonia.
Dato;
De acuerdo a la encuesta Casen, una persona de clase media tiene un rango de ingreso per cápita mensual entre $90.553 y $243.535, con lo cual queda marginado de cualquier subsidio estatal.