Ribéry, un futbolista de oro
Deportes | 15/01/2014

El cronista expresa su desazón: Frank Ribéry debió ser elegido como Balón de Oro. Los flashes, finalmente con emoción en mano se los llevó Cristiano Ronaldo, un futbolista sobresaliente con adjetivo similar en su campaña, consagrándose por segunda vez como mejor jugador del planeta tierra. 

Las corazonadas argentas que se volcaban hacia Messi menguaron tras las lesiones que sufrió el rosarino durante este tiempo. Tal vez si hubiesen sucedido a principio del 2013, el recuerdo estaría más borroso, quién diría, pero su reciente vuelta ante el Getafe después de 59 días sin jugar lo perjudicó en el momento de la votación. No hubo lugar para el quinto. Por ahora.

La elección plantea sus interrogantes. Se premia a un futbolista que no ganó nada durante el año y que clasificó en repechaje, de modo angustiante, para Brasil 2014. Se premia también a un jugador maravilloso, de brillante pegada, inteligencia táctica y apetito goleador voraz. 69 en 365 días para ser más exactos. Golpea la memoria lo ocurrido en 2010, con España flamante campeón del mundo y Xavi e Iniesta tuvieron que ver a Messi subir al estrado a recibir el premio.

Ribéry se planta en la argumentación desde otra perspectiva. En la esfera individual, el francés no tiene la relevancia técnica de Messi o Ronaldo. Ojo, tampoco la mediatización extrema de los dos astros ni multinacionales que sostienen sus imágenes. Ribéry es lo antiestético, la otredad. Pero en 2013 se llevó la Champions League, Bundesliga, Supercopa Europea y Mundial de Clubes, entre otros títulos. Fue eje pero no indispensable en un equipo que caminó triturando rivales tanto en Alemania como cuando salió de tierra teutona. Un conjunto superlativo que obtuvo todo lo que quiso.

En esta proeza, Ribéry elaboró desde sus pies soluciones que dieron muchos triunfos en una estructura aceitada que lo ubicó como estandarte. Primero el equipo, después los futbolistas. Esto no le resta valor al jugador en sí, al contrario, optimiza las facultades del mismo para saberse inferior contra lo colectivo y brindar más de sí para el bienestar del equipo. No hay egoísmo o al menos no se notó. Y eso en vez de perjudicarlo, relanza la capacidad de Ribéry, más cuando hablamos de estos gigantes con sus egos a cuestas, tan difíciles de conformarlos. Por eso y muchas cosas más, Guardiola, técnico del Munich, lo coloca en el pedestal de sus preferidos.

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