La bengala, protagonista de otra tragedia
Deportes | 10/05/2011

El ser humano posee la potestad de tropezar dos veces con la misma piedra. El fallecimiento de Miguel Ramírez, un joven de 32 años, en el recital de La Renga producto de una bengala que lo afectó de lleno en el cuello y la cara nos vuelve a golpear. Varios días con muerte cerebral y ayer el desenlace fatídico. Los fantasmas de Cromañón, la muerte y el rock otra vez en las tapas de los diarios. La estigmatización de este estilo de música desarrollado por algunos intereses conservadores se fortalece aún más cuado acaecen este tipo de circunstancias.

 

Duele ver cómo no aprendemos, en insistir acciones que, sabiendo el daño que pueden efectuar, se producen igual. La incapacidad de poder disfrutar arte en un espectro de tranquilidad, en un encuentro con amigos, de escuchar en vivo a la banda que nos gusta, a lo que debiera ser algo placentero y se transforma en un drama irreparable. Esa cuestión tan autoflagelante con esencia argentina  ¿Tan difícil es? Sucede en el rock, en el fútbol y se convierte en una situación que se naturaliza, lamentablemente. Ayer en el partido entre Vélez y Banfield, con el gol de Fabián Cubero empezaron a aparecer en la tribuna local las bengalas encendidas. Como si para festejar hiciesen falta.

 

Una vida interrumpida, una familia destrozada, mucho ruido mediático y luego todo como si nada. Les relato lo que pasará. Decíamos idénticas palabras aquella noche trágica del 30 de diciembre de 2004. Transcurrirá un tiempo y todo volverá a su cauce, es decir, el vale todo, el alambre como asegurador de lo que nos rodea. Nos cagamos en los 194 pibes que se murieron, en el padecimiento de sus dos hijos, el tercero por venir, viejos, hermanos, abuelos. Y pronto en Miguel, desde ya. ¿Cuándo haremos una autocrítica en serio para replantearnos este tipo de actitudes?

 

Aclaro, y en primera persona se los digo, me cuesta no generalizar, desmenuzar que solamente fue una acción desafortunada que terminó de la peor manera. Tampoco digo que a Ramírez lo hayan querido asesinar, tampoco eso. Pero uno debe tener responsabilidad cuando carga un objeto de esta índole, conocer los riesgos en los que se puede caer. Las bengalas, putas bengalas, lentamente retornaron al diccionario del rock y era cuestión de meses que algo negativo volviera a ocurrir. Y el círculo se desarrollará nuevamente. Nos llenaremos la boca, diremos frases rimbombantes, que la Policía, que los controles, que esto, que lo otro. Bla, bla y bla. Hoy será noticia, mañana no. El dolor de la familia de Miguel permanecerá eterno. Mientras, los muertos en el rock se nos siguen apilando.

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