El país bananero
Economía | 17/02/2012
Si
se entiende a un país bananero como a todo aquel país pobre, con un
sistema político inestable, con instituciones débiles e inexistentes,
con un electorado mediocre, cuyos gobiernos se caracterizan por tener a
la cabeza un líder de facto (o un dictador encubierto bajo el nombre de
"Presidente"), podemos considerar tranquilamente a la República
Argentina dentro de la mencionada categoría. Vale aclarar, de República
nos queda poco y nada.
A
la profunda, larga y triste decadencia institucional de la Argentina se
le ha sumado, como si fuera poco, un gobierno de severos tintes
dictatoriales, que luego de obtener un triunfo aplastante en las últimas
elecciones ha dejado al descubierto sus intenciones de modificar la
sagrada (y pisoteada) Constitución Nacional a fin de eternizarse en el
poder.
En
su momento fue difícil pensar que esto podía suceder, y cuando digo "en
su momento", me refiero al momento en que por lo menos quien escribe,
pensaba que este pobre país tenía una sociedad pensante y que además el
marco jurídico e institucional no permitirían semejante retroceso en una
democracia que tanta sangre nos costó conseguir.
Para
los que todavía soñamos con un país serio, hay dos problemas. Para los
sátrapas que quieren eternizarse en el poder y hacer de la cosa pública
un negocio y una fuente de poder sin límites, estos dos problemas no son
problemas, sino dos grandes ventajas que les pavimenta el camino a la
dictadura. Me refiero a la mediocre, ignorante y poco pensante sociedad
en la que vivimos y además, al frágil e inexistente orden jurídico
institucional.
Con
respecto a lo primero, es una sociedad que poco le ha importado los
atropellos a la propiedad privada como las confiscatorias retenciones al
campo, la estatización de la ANSES, de Aerolíneas Argentinas y de otros
impuestos que matan la rentabilidad. Hace oídos sordos a los graves y
escandalosos hechos de corrupción, ni tampoco se ha preocupado mucho por
los atropellos institucionales a fin de acumular poder excesivo, tal
como la ley de superpoderes que otorga facultades excepcionales al poder
ejecutivo y que le permite manejar el presupuesto a discreción. Es muy
difícil nombrar todos los hechos de corrupción e ilícitos de este
gobierno, el punto es que nos encontramos en una sociedad totalmente
impávida, que mientras se encuentre económicamente bien lo demás poco le
importa.
En
cuanto a lo segundo, muchas veces la ley toma partido por la
expoliación legal. Es decir, es modificada por el delincuente de turno a
fin de poder llevar a cabo sus fechorías con el respaldo de la ley.
Valga la redundancia, no es otra cosa que la legalización de la
ilegalidad, una práctica muy común entre los déspostas y socialistas del
siglo XXI que con el argumento de llevar a cabo sus revoluciones y
salvar al pueblo de la opresión imperialista, pretenden eternizarse en
el poder para continuar sus negociados y ser amos y señores de sus
feudos. Ya lo decía Federico Bastiat en su obra "La Ley": "La ley, a
veces defiende y participa en la expoliación. A veces la lleva a cabo
por su propia mano a fin de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el
peligro y el escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato de magistratura,
policía, gendarmería y prisión, al servicio del expoliador, tratando
como criminal al expoliado que se defiende. En una palabra: existe la
expoliación legal." Más claro imposible.
Las
reelecciones indefinidas constituirían no sólo un retroceso muy grande
en la poca democracia que nos queda sino también un mal precedente,
puesto que el resto de la dirigencia política deja bastante que desear.
Están muy lejos de ser los líderes y estadistas que necesita nuestro
país para ser refundado y encaminado a ser lo que alguna vez fue, por
ende, no sería de extrañar que lo actualmente se le llama "oposición"
saque ventaja de tal situación en lugar de enderezar el rumbo
nuevamente.
No
va a ser fácil evitarlo por la pasividad y el desinterés que mantiene
la sociedad cada vez que le economía marcha bien. A dónde iremos a
parar...
Nota del autor: el presente artículo fue publicado el viernes 3 de febrero de 2012, en www.economiayfinanzasag.blogspot.com
Nota del autor: el presente artículo fue publicado el viernes 3 de febrero de 2012, en www.economiayfinanzasag.blogspot.com