El diario Libre, propiedad de
Ambos periódicos que salieron en simultáneo hace aproximadamente un año no obtuvieron las ventas esperadas. Muy intempestivamente salió de un día para el otro, sólo para hacerle la competencia a Libre. Esto habla también del poder estructural y organizativo con el que cuenta Clarín, al observar algún competidor planta sus banderas y propone resistencia. Válido, mientras otorgue nuevas fuentes de trabajo. La premisa inicial era otorgarle competencia a Diario Popular, tercero en ventas, una grata sorpresa editorial que ha elevado su nivel de contenidos y del cual el público le respondió. A los fieles seguidores del principio supo incorporar a otros lectores que abandonaron Clarín y Crónica, por citar dos casos.
En un mercado en franca
decadencia en términos de ejemplares vendidos, con los gigantes –Clarín y
No nos subiremos a un pedestal de la moral sobre el rol de los diarios llamados “amarillistas”. Hay críticas, sí las hay. Llamar la atención con artilugios periodísticos puede hacer daño, claro que sí. Pensemos en cómo el diario Muy abordó, de manera dañina e intencional, la enfermedad del músico Luis Alberto Spinetta. Libre, con repercusión variada en una red social como Twitter, y fogoneado por varios de sus integrantes de marcada reputación en un espacio como éste, no logró hacer mella en un sector de consumo que prefirió no cambiar sus gustos. Apenas rompió el tablero con las investigaciones de los departamentos de Eugenio Zaffaroni, que trajo halagos y críticas y la compra –millonaria- del piso de la presidenta Cristina Fernández en Puerto Madero.
En el seno editorial se deberá conversar el por qué de las causas de este resultado ineficaz. Muy, de similares ventas, con el aparato económico del Grupo Clarín atrás, puede respirar tranquilo en esta relación de costo y ganancia. Lo mismo le pasa a Olé. A Perfil, claramente le cuesta más.