Esperpento en el monte y esperpento en la ciudad
Literatura | 27/07/2025

ESPERPENTO EN EL MONTE Y ESPERPENTO EN LA CIUDAD

Vicente Adelantado Soriano

Usted, sin estudios universitarios, no puede tener conmigo controversia. La democracia no excluye las categorías técnicas, ya usted lo sabe, señora portera.

Ramón del Valle-Inclán, Luces de bohemia.

-¿Sabe? -apuntó tras conectar su magnífico ventilador de techo y llenar las copas de vino-. Yo, de joven, iba mucho a la montaña. Solo, o con amigos, me encantaba desplazarme hasta algún pueblo, y subir, por caminos de herradura, a algún pico no muy elevado.

-Un buen deporte. Estaría usted bien sano. Y dicen, además, que quien hace deporte de joven, conserva una apreciable salud de mayor.

-No va a ser la salud el tema de conversación…

-Del simposium -lo interrumpí.

-De acuerdo, del simposium…

-¿Sabe usted cuál es el plural de ¿simposium? -le pregunté deseando embromarlo.

-¡Hombre! -exclamó sorprendido- *¿simposiums? ¡Buf, suena fatal!.

-Es un latinismo crudo de origen griego. Si la palabra la usa en castellano, simposio, el plural es simposios; y si la usa en latín, simposium es simposia. Como curriculum, o currículos o curricula. Nunca *curriculums ni *simposiums. Y perdón por la pedantería. Pero harto estoy de leer y oír esta y semejantes burradas

-No hay nada que perdonar -dijo llenando las copas-. Me vienen bien estos apuntes para introducir uno de los temas de esta tarde. Como usted sabe para llegar a ser presidente de un partido político, de una comunidad autónoma, o incluso de un país, no hace falta ser bachiller por Salamanca. Ni tener estudios de ningún tipo.

-Sí, eso he oído en muchas ocasiones: se mete uno de jovencito en un partido político, se dedica a hacer fotocopias, a servir cafés a quien manda, a llevar el coche del jefe a la ITV, y con el tiempo, y algo más, se hace uno con un butacón ministerial o algún armatoste parecido.

-A grandes rasgos, y siendo un poco injustos, así es. De ahí que, luego, se vean obligados estas lumbreras a hinchar sus currículos, a mentir diciendo que son licenciados en esto y en lo otro, y que tienen no sé cuántos cursillos y maestrías en cualquier materia grande, sonora y desconocida por el común de los mortales.

-Pero no me negará usted -le dije riendo y volviendo a llenar las vacías copas- que los políticos valencianos no son todos ellos grandes filólogos. Sin haber leído ni un libro del ramo, que ya es virtud. Saben cómo se escribe cualquier palabra: basta con fijarse en el catalán: si en esta lengua se escribe història, ellos lo niegan y escriben *história, y si me apura *istoria. Y no saben ni lo que es la historia. Y ahora sale un genio de la Diputación valenciana afirmando que los pregones de la tal institución se van a redactar en el valenciano del pueblo. ¿Este sujeto se atrevería a decir lo mismo en el caso del español? ¿Publicar los edictos en el castellano del pueblo? ¿Y eso qué significa? No lo quiero ni pensar.

-Oyendo a estos tipos, y viendo las actuaciones de otros, tengo la impresión de estar metido en un esperpento de Valle-Inclán. De los peores, por cierto. La semana pasada otro gran político de esos acotó una montaña, pública hasta ahora, el Garbí, ¿la conoce?

-Sí. He estado allí varias veces. Un lugar precioso.

-Pues este tipo la ha cerrado con cintas, ha roto el candado de la ermita, y ha metido en ella sillas y mesas con la intención de montar un chiringuito. Y de cobrar una entrada por pasear por aquella montaña, aduciendo que la montaña es suya, que la compró a sus dueños. ¿Qué le parece?

-Que son todos un hatajo de inútiles y sinvergüenzas, y que con estas, y otras actuaciones similares tratan de ocultar sus desnudeces, su vaciedad total y completa. Sus currículos de una sola línea… Aquí lo importante es los crímenes que se han cometido, y se están cometiendo, en Gaza. Condenar a morir de hambre a miles de personas por parte de los descendientes de quienes sufrieron los horrores de los campos nazis…

-No hay peor inquisidor que el judío converso. Acuérdese de Torquemada.

-Se ocupan de cómo se escribe esta o la otra palabra cuando a su trabajo no le prestan la más mínima atención: el señor presidente de la Generalidad estaba de comilona en tanto se producían inundaciones en varios pueblos y morían cientos de personas ahogadas… Y ahí lo tiene, sin dimitir, y apoyado por su partido. Y favoreciendo él, el Ilustre Calabazón Ausente, a quienes trastocan la gramática por mor de sus impecables currículos. Y ahora sale una señora, de un cierto partido, diciendo que los políticos deberán llevar sus títulos en la boca para que los creamos. Es más fácil: si no mintieran tanto, algo de cuanto dicen nos los tragaríamos.

-Es de vergüenza. Lo de Gaza, y las necedades, criminales, aducidas por quienes lo propician. Y la de estos políticos de tres al cuarto intentando distraernos con sus burdas estupideces. ¿Qué nos pasaría si usted o yo rompiéramos el candado de la puerta de una ermita en medio del monte? ¿O si usted en sus clases redactara los exámenes como hablan sus alumnos? “Tío, xista, macho, q., son las kalendas y quien ta dicho...”

-Sinceramente, querido amigo -dije un poco cansado- entiendo su enfado; pero, de verdad, déjelo estar. Usted se empeña en hablar de la política y de los políticos patrios, y ambos temas tienen un recorrido muy corto. Deberíamos dedicarnos a temas más interesantes y serios. Y así no haríamos mala sangre.

-Sabía que tarde o temprano me lo reprocharía -dijo llenando las ociosas copas- pero, de verdad, necesitaba desahogarme. Y sí, tiene razón: ocupémonos de cosas más interesantes.

-¿Ha seguido leyendo usted a Juan de Zabaleta? ¿Errores celebrados era el título del libro?

-Sí, he seguido. Aun cuando me cansa. Don Juan parte de unos presupuestos, el cristianismo sobre todo, y los propios de su época, para juzgar otros eventos acaecidos hace mucho tiempo. Los argumentos de Zabaleta no se sostienen en muchos casos. Y eso me ha hecho reflexionar sobre la crítica.

-No es fácil escribir una buena crítica, desde luego.

-No, no lo es. Y no es fácil alejarse de las ideas recibidas en un momento dado, y ser capaz de pasar por encima de ellas. Don Juan, atiborrado de misoginia, arremete contra las mujeres que escriben poesía, y contra la poesía en general. Al parecer ni leyó a Garcilaso ni a Góngora ni a Quevedo, entre otros. Y si los leyó, no entendió nada… ¿Por qué una mujer no puede escribir poesía y si beber vino? Las razones que da son penosas… Tenemos muchas limitaciones. Y eso nos debe hacer cautos y precavidos.

-Es un buen consejo. Pero igualmente se puede leer a Zabaleta, y a quien sea, para estudiar los presupuestos de una sociedad en un momento dado.

-Por supuesto. Pero haría falta saber, ahora, si la mayoría de los españoles del siglo XVII comulgaban o no con las ideas de don Juan.

-Un buen toque de atención.

-Y he tenido suerte -confesó sonriendo y llenando de nuevo las copas-: un franciscano de su mismo siglo, don José de la Torre, escribió un libro en contra del de don Juan de Zabaleta: Aciertos celebrados de la antigüedad. Lo he conseguido, y, por supuesto, lo voy a leer.

-Me encantará oír sus comentarios.

-En cuanto lo lea, mientras tanto, hablemos de otras cosas.

-Sin ganas de revolver el tema. Cuando me estaba hablando usted de los políticos y de sus currículos, me he acordado de una famosa frase, quod natura non dat, Salamantica non praestat. Una buena traducción, libre, apropiada al caso, podría ser: de donde no hay no se puede sacar.

-Entendido -dijo sonriendo- la botella de vino está seca. No puede dar más de sí ¿Saco otra?

-No. Guárdela para el próximo simposium. Se nos ha hecho tarde.

-Muy bien. Para la próxima tenida, botella nueva.


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