Cambiar no, Transformación sí
Sociología | 17/10/2011

En reiteradas ocasiones he manifestado que soy un sujeto que dudo de la efectividad incluso de la necesidad de los cambios, cuando estos se lanzan como arengas tanto políticas, culturales e incluso religiosas, inspirando movimientos, revoluciones, tendencias y novedosos hábitos sociales. Conjuro mágico el cambio, palabra efectiva muchas veces, porque implica la tendencia irremediable al progreso.


El cambio en muchos aspectos se refiere al proceso que realiza el ser humano y/o las sociedades en asir otras situaciones o cosas, sin embargo provoca el mantenimiento de factores que hayan determinado esa decisión. El hombre fuerza permanentemente situaciones de cambio que impliquen nuevos escenarios de acción cotidiana. Pero su concepción de futuro, queda supeditado a un presente fuertemente condicionado por un pasado que le genera dolor, frustración y muchas veces incomodidad. De ahí el cambio, ya que tenemos a la otra vereda, la necesidad de la estabilidad y de la generación de la tradicionalidad. Por eso constatamos en la Historia de la humanidad que aquellos que abrazan el cambio como una manera de necesidad espiritual de los tiempos, con total rudeza, posteriormente se vuelven los conservadores de ese estado del cambio.


El cambio es particularmente nocivo, porque obliga a las sociedades a creer fehacientemente que el status quo imperante de una época puede ser superado por el maquillaje del mismo, sin realizar críticas hondas a la situación del hombre de su mismo tiempo. Nocivo porque tiende a generar conservaciones de factores primigenios que han provocado el error de esas sociedades.


Por consiguiente, el cambio debe ser desechado, para optar por la transformación. Concepto que implica la transmutación de los elementos constitutivos de la sociedad, para hacer evolucionar a la misma. Hombres y mujeres que tienen la capacidad de renunciar a los viejos ropajes, a los paradigmas del error, para inventar y crear un nuevo estado social. Porque en verdad, la transformación implica la bella palabra de la creación. Tal verso de un poema que constituye un verbo de luz, que prevalece por sobre la tiniebla del pasado, la creatividad es la clave para la generación de un futuro empático.


La actitud transformadora implica la creación de nuevos lenguajes de comunicación, para el nacimiento de nuevas redes de entendimiento social. Renuncia a todos los aspectos que conservan los factores que implicaron la necesidad de un aparente cambio, para aventurarse en un descubrimiento histórico de crear un nuevo estado de apropiación de la materialidad que genera la realidad. Por ende, la transformación crea historia a través de la dialéctica de una realidad nueva.


Actualmente, ante una sociedad mundial que está criticando sus hábitos y su status quo imperante, es menester asumir una actitud transformadora para renunciar al cambio. Es necesario que aquellos ciudadanos del mundo que se indignan, tengamos la capacidad de desvestirnos de todo aquella situación particular que nos incomoda o que impulse a aquello, para tener la capacidad de crear algo nuevo a pesar que la incertidumbre nos inunde. Total, esa inseguridad puede impulsarnos a la aventura de Cayo Julio César, que ante el peligro que implicaba su empresa política, sin ninguna duda, atravesó el Rubicón a salvar a Roma de la corrupción, para terminar transformándola. 


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