La salud mental es un estado de bienestar en el
cual el individuo es consciente de sus capacidades, puede afrontar las
tensiones normales de la vida, realiza su trabajo de forma productiva y
fructífera, establece relaciones sociales normales y además es capaz de hacer
una contribución a su comunidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS)
conmemora el 10 de octubre el día de la salud mental, con el propósito de
sensibilizar a la sociedad y mejorar su forma de ver y tratar a las personas
que padecen diversos trastornos mentales. La OMS bajo el lema “Invirtamos en salud
Mental” fortalecerá las estrategias orientadas a lograr una mejora en la
calidad de vida de las personas que tienen este tipo de padecimientos; así como
la de sus familiares y todas las personas de su entorno. Según OMS, las
enfermedades mentales representan el 13 por ciento de las discapacidades y la
mayoría de ellas no son diagnosticadas correctamente o son simplemente
ignoradas. Colombia esta situado en el segundo lugar, antecedido por Estados
Unidos con personas con problemas de salud mental. No es posible tener salud,
sin tener salud mental; para disfrutar de una adecuada calidad de vida; hoy en
día tal calidad de vida se ha alterado significativamente dado que diferentes
grupos de la población ha empobrecido seriamente en los últimos 5 años, esto
incide directamente en los niveles de salud mental de las familias; la
violencia se incrementa, la desesperanza crece, la pérdida del sentido de la
vida se diluye, y las personas cada vez más ven como se incrementan trastornos
como la depresión.
Cuando hablamos de trastornos mentales, hacemos
referencia al pensamiento humano y a todas sus funciones, las cuales pueden
desmoronarse como un castillo de arena y verse afectadas por diferentes
enfermedades que pueden aparecer en cualquier momento de la vida, desde que
somos niños hasta la vejez. Es importante que sepamos que ninguno de nosotros
es inmune a los trastornos mentales, no importa en que país vivamos o si somos
ricos o pobres. Las principales enfermedades mentales que aquejan a los
colombianos son los trastornos del estado de ánimo, la depresión, la ansiedad y
el abuso de sustancias psicoactivas.
Lo esencial para conocer el estado de salud
mental de una persona es observar como se comporta y actúa en las diferentes
facetas de su vida, como se relaciona con los demás, como enfrenta situaciones
de stress , la manera como se desenvuelve en momentos difíciles, permiten
establecer su nivel de salud mental; la cual esta íntimamente
vinculada con áreas fundamentales del desarrollo como la educación y la
productividad; la salud mental es un problema que nos concierne a todos y cada
uno de nosotros, no solo el que padece la enfermedad es el que sufre las
consecuencias, sus familiares sufren igualmente los efectos de estas
patologías, las personas con enfermedad mental suelen ser sometidas a una
estigmatización social tan fuerte que en muchas ocasiones les supone un
obstáculo para el desarrollo de una vida normalizada. A pesar de los innegables
avances, el estigma afecta a todos los ámbitos de la vida de las personas con
enfermedad mental, desde la desinformación de los más allegados a las
dificultades en las relaciones o las barreras en el mundo laboral.
Es claro, que además del sufrimiento de los
enfermos mentales, habremos de tomar en consideración la reducción de la
productividad de quienes lo padecen, sus familiares y aquellas personas
encargadas de su cuidado, por consiguiente es fundamental que las personas con
un trastorno mental y sus familiares reciban mayor comprensión y apoyo de su
entorno cuando reconocen este tipo de problemas.
Se observa con enorme preocupación la falta de
compromiso en la atención en salud mental en nuestro país, es indiscutible la
importancia de lo que se designa del presupuesto general de la nación para
solventar programas de salud mental; los recursos que designan a la salud
mental son insuficientes porque los trastornos mentales están poco valorados
como enfermedades, se sitúan con frecuencia como un estigma sin pensar que esta
calificación puede generar grandes repercusiones en los afectados.
A nivel económico, el incremento drástico en los
gastos de salud que experimentan las familias cuyos miembros sufren este
tipo de trastornos y el efecto probado que estos tienen sobre la
evolución de las afecciones crónicas asociadas; situaciones estas de por si muy
graves, que cobran en el país dimensiones cada vez más alarmantes, dados los
altos índices de pobreza, y el hecho de que son los pobres quienes más
dificultades suelen afrontar, en virtud de las condiciones de inequidad en el
acceso a la atención médica. De otra parte si lo que presenta la persona o
su familia es un problema que no requiere hospitalización, no existe
reglamentación adecuada que garantice una atención oportuna, técnica y con
calidad dentro de los planes de beneficios, los problemas de violencia. Así,
es claro que a pesar de que las patologías psiquiátricas representan un
frecuente motivo de consulta y de que socialmente son de gran impacto, el
cubrimiento en la atención para las personas que presentan estos problemas es
confuso y el Sistema General de Seguridad Social en Salud no lo reglamenta de
una manera bien definida, a diferencia de otros ámbitos de la salud.
A nivel legislativo, Colombia cuenta con una
política Nacional de Salud Mental desde 1998 (Resolución 02358 de 1998 del
Ministerio de Salud.) Sin embargo carecemos de una legislación particular en
materia de Salud Mental, que brinde la oportunidad para superar algunos de los
problemas estructurales que afronta el país.
En el articulo 65 de ley 1438 del 19 de enero del
2011 habla sobre la Atención integral en salud mental. ”Las Acciones de salud
deben incluir la garantía del ejercicio pleno del derecho a la salud mental de
los colombianos y colombianas, mediante atención integral en salud mental para
garantizar la satisfacción de las necesidades de salud y su atención como parte
del Plan de Beneficios y la implementación, seguimiento y evaluación de la
política nacional de salud mental." Existen dificultades a nivel de
aseguramiento de la reglamentación, y el control de la pertinencia, calidad e
impacto de los planes y programas.
Actualmente cursa en el congreso un proyecto de
Salud Mental que recoge estos principios, permitiendo el abordaje
integral de los trastornos mentales, promoviendo el desarrollo de
intervenciones en red y la actuación coordinada de los diferentes actores del
sistema general de seguridad social en salud, en un marco descentralizado,
participativo y pluralista. A nivel de los
planes de beneficios hay una gran disparidad entre el contributivo y el
subsidiado, al tiempo que el vinculado depende de la responsabilidad con que
cada ente territorial asuma estas responsabilidades pese a varias formulaciones
normativas, además no existe claridad en cuanto los derechos a ser atendidos ni
el tiempo de intervención dado que existen en algunos casos, múltiples
intervenciones que oscilan entre una atención primaria en salud mental de
baja calidad y una tendencia al hospitalismo en el otro extremo, sin que haya
integración intersectorial. Finalmente, cabe señalar que así mismo no existen
opciones para la población que no requiere hospitalización, pero que si
necesita de un soporte profesional ambulatorio en red que facilite la solución
de problemas de Salud Mental y conflictos.
Para finalizar
podemos concluir diciendo que hay que hacer un llamamiento a las
administraciones competentes para aumentar la inversión en salud mental y dirigir
los recursos disponibles hacia servicios mas eficaces y humanitarios, de igual
forma trabajar instituciones y asociaciones de forma coordinada para que la
incorporación a la sociedad del enfermo mental sea integral, para intentar que
se vea lo mas mínimamente afectado su entorno laboral y familiar.