La política monetaria laxa implementada por la
Reserva Federal y la aparición de China como el gran comprador de productos
primarios, dotaron al mercado internacional de liquidez y demanda, empujando
los precios internacionales hacia arriba. Tal situación ha implicado un
importante incremento en la entrada de divisas a los países productores
alimentos y materias primas como Argentina u otros países latinoamericanos.
Pese a que muchos de ellos experimentaron históricas tasas de crecimiento, no
todos han tenido la misma performance en materia económica. Algunos,
como Chile y Brasil, lograron dar señales de credibilidad al mundo lo
que les permitió concentrar un gran nivel de inversiones y empezar a perfilarse
como grandes referentes del continente, pero otros no hicieron lo mismo.
La
política monetaria laxa implementada por la Reserva Federal y la
aparición de China como el gran comprador de productos primarios,
dotaron al mercado internacional de liquidez y demanda, empujando los
precios internacionales hacia arriba.Tal situación ha implicado un
importante incremento en la entrada de divisas a los países productores
alimentos y materias primas como Argentina u otros países
latinoamericanos. Pese a que muchos de ellos experimentaron históricas
tasas de crecimiento, no todos han tenido la misma performance en
materia económica. Algunos, como Chile y Brasil, lograron dar señales de
credibilidad al mundo lo que les permitió concentrar un gran nivel de
inversiones y empezar a perfilarse como grandes referentes del
continente, pero otros no hicieron lo mismo.
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Quien merece
párrafo aparte es Argentina, que si bien gozó de niveles de
crecimiento excepcionales, mantuvo una política económica retrograda y
poco ortodoxa que hizo de su crecimiento algo no sustentable.
Mientras los países vecinos se concentraron en políticas de ahorro e
inversión, el gobierno argentino apeló a elevados niveles de gasto
público para incentivar el consumo y así agregar unos puntos adicionales
a la tasa de crecimiento. Ya sea por medio de cuantiosos subsidios a
empresas para mantener precios bajos o grandes transferencias a personas
para financiar el consumo, el país ha terminado sufriendo una
fuerte exacerbación en la tasa de inflación, obligando a hacer algunas
correciones en el "modelo" que nunca se llevaron (ni se llevarán) a
cabo.
Las
complicaciones en una economía inflacionaria son varias. Entre ellas,
se suele confundir aumentos de precio con una mayor demanda lo cual
puede llevar a tomar decisiones de inversión erróneas. El horizonte de
planificación empresarial se llena de incertidumbre, provocando
distorsiones en la asignación de recursos y un uso menos eficiente de
los mismos. El problema empeora cuando el público descubre que la única
forma de evitar que su ingreso pierda valor es consumir antes de que los
precios sigan aumentando, es entonces cuando la velocidad de
circulación del dinero se acelera (la cantidad de veces que cambia de
manos en un período determinado), acrecentándose también el ritmo de
crecimiento de la tasa de inflación .
Este
escenario es sostenible en la medida que las exportaciones sigan
aportando recursos a las arcas fiscales, lo cual depende en gran medida
de los elevados precios internacionales que en la actualidad
ostentan los commodities agrícolas que exporta la Argentina.
Hoy
en día, nuestra economía está creciendo por encima de su potencial, es
poco productiva y está "tirada" por el consumo, por ende, en la medida
que cese o disminuya lo recaudado por exportaciones no se podrá
subsidiar a las empresas para que mantengan precios bajos ni financiar
el consumo de las familias de recursos bajos. Cuando el contexto
internacional deje de ser el mismo, la economía argentina sufrirá un
duro golpe con la realidad. Es un colapso que se puede evitar, o por lo
menos amortigüar el golpe y reducir los costos sociales, políticos y
económicos. Pero esto último sólo será posible si se corrige el rumbo,
es decir, si se deja de financiar toda esta fiesta de consumo que no es
más que un estado de bienestar pasajero. Es hora de llevar a cabo un
"sinceramiento" de la economía si se quiere evitar la catástrofe, pero
hasta el momento ni la sociedad ni las autoridades parecen preocupadas
por la tormenta que se avecina.
* Primera imagen extraída de www.urgente24.com