En Busca del Ciudadano
Política Nacional | 02/05/2011

Una de las grandes carencias que tenemos como sociedad es la ausencia total de civismo en gran parte de sus integrantes. La mayoría de los individuos no están plenamente conscientes de lo que significa vivir en sociedad y por obvia consecuencia, no tienen una posición clara respecto a lo que ésta debería de ser y de cómo habría de conducirse. 

 

Esta lamentable situación se refleja en la abulia permanente de los ciudadanos por el manejo de los asuntos que nos conciernen a todos como sociedad.  Desánimo que termina por degenerar en el egoísmo rampante con el que se comportan muchos de los individuos con los que nos topamos a diario, quienes se preocupan exclusivamente por su beneficio personal en perjuicio del bienestar común.

 

Ejemplos de este problema hay muchos:  van desde aquel que tira la basura en la calle o estaciona su auto en un lugar no permitido, hasta aquel que se apropia de un bien común, ya sea una banqueta, una tajada del presupuesto público o la educación de todos los mexicanos.  Hechos de muy diferente dimensión, pero que en esencia son lo mismo, una ausencia total de respeto por los derechos de los demás y un celo excesivo en la defensa de los intereses particulares.

 

En razón de ello, cualquier intento de mejorar nuestro entorno social requiere un esfuerzo titánico, pues no sólo se enfrenta a la apatía de los demás, sino que también debe luchar contra los obstáculos que le imponen aquellos que perciben que sus intereses personales puedan resultar afectados.

 

Desafortunadamente, esta realidad nos va reafirmando la creencia de que estamos solos y que debemos preocuparnos únicamente por aquellos asuntos que nos incumben directamente.  La lógica imperante en esta visión, es que mientras no resultamos afectados, todos los problemas nos serán ajenos y por consecuencia la responsabilidad de atenderlos recaerá inequívocamente en algún otro, más nunca en nuestra propia persona.

 

Con lo cual, la idea del Estado como ente colectivo capaz de articular las acciones de los individuos para resolver problemas de carácter común, va perdiendo fuerza y vigencia en el discurso social, imperando de nueva cuenta el individualismo por encima de todo lo demás. 

 

Una de las causas de estos comportamiento radica en que los individuos no se han percibido y reconocido como parte de una comunidad política y del papel que desempeñan dentro de ella.  Así es que aunque cueste aceptarlo en nuestro país no hay ciudadanos, dado que no hemos logrado asumir nuestro rol como tal y mucho menos hemos aceptado las obligaciones que se derivan del mismo, únicamente existen individuos y grupos de interés actuando aisladamente en la defensa de sus bienes y privilegios particulares. 

 

Es por ello, que México requiere como quizás nunca antes, la consolidación de un Estado formado por ciudadanos, en el sentido estricto del término, que se vinculen sólida y permanentemente con los asuntos públicos, que participen en su resolución, mediante la información, el debate y la constante supervisión de la actuación de sus gobernantes.

 

Debemos asumir la responsabilidad que implica el ser ciudadanos, hacer frente a las obligaciones que nos impone esta condición y a partir de ello exigir los derechos que tanto hemos reclamado sin pretender dar nada a cambio.  En la inteligencia de que la sociedad justa, igualitaria y equitativa que todos anhelamos no surgirá por si sola, sino que debe ser construida con el esfuerzo y la determinación de los verdaderos ciudadanos.



Milenio Hidalgo Diario

http://alonsohuerta.blogspot.com

Twitter @AlonsoHuerta

 

Comentarios

Esta columna aún no tiene comentarios.
BUSCAR
volver a vista clásica