Crisis de Ideas
Empresas | 08/09/2011

A unos lustros de que el sistema capitalista democrático se consolidara como el modelo básico de organización de las sociedades modernas, la realidad vuelve a poner en entredicho su efectividad. Un debate que en la práctica parecía había sido zanjado por completo se ha reavivado a partir de los magros resultados económicos obtenidos durante los últimos años.

            Las principales economías del mundo se muestran débiles, vetustas y abúlicas para reaccionar y tratar de salir del profundo letargo en el que se encuentran. Enfermedad ante la cual ninguna receta parece funcionar, los gobiernos han intentado aplicar medidas de toda índole e ideología sin lograr mover un ápice a sus economías.

         Países en donde los partidarios del déficit público han logrado imponer sus políticas sólo han logrado comprometer su estabilidad financiera sin poder abatir siquiera sus altas tasas de desempleo, no se diga iniciar la recuperación. En tanto que en aquellos países partidarios de un manejo ortodoxo y conservador de las finanzas públicas tampoco han logrado que su estabilidad macroeconómica sea la base de lanzamiento del crecimiento anhelado por todos. 

           No obstante de estos fracasos, los teóricos económicos sacan a relucir el pequeño fundamentalista que todos tienen dentro e insisten en que la solución consiste en llevar al limite la puesta en práctica de sus ideas. Así este razonamiento sea igual de lógico como el pretender salir de un hoyo al hacerlo más profundo. 

      En el mismo tenor se encuentra el debate sobre la idoneidad de los sistemas democráticos. Al cortarse de tajo muchos de los beneficios económicos que los gobiernos proporcionaban a sus ciudadanos, estos han tenido que enfrentarse a una realidad desconocida y han comenzado a cuestionar las supuestas ventajas de sus sistemas de organización política.

         Se duda de que la democracia representativa sea el sistema más efectivo. Se afirma que los supuestos representantes del electorado en la práctica no lo son y que sólo buscan obtener beneficios personales o de grupo, generando un sistema inequitativo que margina a grandes segmentos de la población de los procesos decisorios, y, por consecuencia, de las oportunidades de desarrollo.

         Ante esta crisis algunos demagogos solo atinan a decir que los problemas de la democracia sólo se resuelven con más democracia, en tanto que otros, se aventuran a insistir en la utilización de mecanismos de democracia directa a pesar de haberse probado sus altos márgenes de falibilidad.

        Dichos debates podrán mantenerse durante años mientras sus ideólogos siguen viendo caer los niveles de bienestar de los países en donde se aplican sus recomendaciones. Lo cierto es que la crisis en la que estamos también ha evidenciado la terrible crisis de ideas que existe para encontrarle salida al impasse económico y político en el que nos encontramos.

        Los modelos propuestos parecen estar agotados -al menos en su formas actuales- y los planteamientos disruptivos e innovadores han escaseado. Por eso es indispensable dejar a un lado aquellas formulas que en algún otro tiempo funcionaron y comenzar a crear las recetas que demandan los males actuales. Por cierto que en este proceso ayudaría bastante revisar lo que se está haciendo en algunos países de los considerados como menos desarrollados.


Milenio Hidalgo Diario

Twitter: @AlonsoHuerta

http://alonsohuerta.blogspot.com

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