Riesgo
y beneficio del uso de medicamentos
Cuando
se receta un fármaco se valora mucho la relación riesgo/beneficio. El riesgo,
conocido, puede despreciarse si el beneficio es mayor. Las molestias de
estómago quizá sean despreciables frente a la posibilidad de eliminar una
infección. Pero no puede olvidarse que cualquier principio activo produce una
serie de efectos simultáneos. El de más valor es el terapéutico; pero pueden no
ser despreciables los otros. Un antihistamínico, por ejemplo, neutraliza la
reacción alérgica, pero puede producir trastornos en la visión y somnolencia.
Hay antianémicos que pueden provocar eritemas y caídas de tensión; el uso de
corticoides puede producir una úlcera; algunos antibióticos tienen efectos
negativos.
Para
evaluar un nuevo fármaco nos debemos basar en dos aspectos claves: La relación
beneficio-riesgo y la relación de coste-efectividad. La primera nos informa de
los efectos del fármaco sobre la salud y la segunda sobre los aspectos económicos y de eficiencia. Ambos puntos de
vista deben considerarse con rigor metodológico para que nos sean útiles en la
toma de decisiones apropiadas, por ejemplo, en la selección de medicamentos para el formulario
de un hospital o la incorporación a una guía de práctica clínica
La
información sobre eficacia y seguridad de un medicamento se obtiene a partir
del análisis de los resultados de los estudios, que nos va a permitir obtener
un cociente beneficio/riesgo para cada opción terapéutica disponible para
tratar las diferentes enfermedades. Su correcta evaluación aplicando los
criterios de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE) es el punto de partida
y, como toda metodología, su aplicación
tiene limitaciones, derivadas tanto de la cantidad y calidad de la información
disponible en los estudios primarios,
como de la adecuación de ésta a nuestros propósitos.
En cada
tentativa terapéutica hay que contraponer los riesgos potenciales a los
beneficios para el paciente, considerando los efectos cualitativos y
cuantitativos de utilizar un fármaco y el resultado a esperar si no se
administra. El tratamiento farmacológico sólo está justificado si los posibles
beneficios superan los riesgos potenciales. Esta decisión depende de un
adecuado conocimiento clínico del paciente, de la enfermedad y de su historia
natural y del fármaco y sus posibles efectos adversos.
Entre los factores farmacológicos que influyen en el
Riesgo/Beneficio se incluyen la frecuencia, la gravedad y la predicibilidad de
las reacciones adversas; la relación entre éstas y la dosis, los medios que
permiten prevenirlas o tratarlas y la disponibilidad de tratamientos
alternativos. Por ejemplo, la anafilaxia por penicilina es rara, pero
potencialmente mortal, y algunas veces se puede evitar por medio de una
anamnesis farmacológica adecuada y realizando las pruebas cutáneas oportunas.
Si aparece una anafilaxis y el médico está preparado para ello, es posible
establecer un tratamiento apropiado. Por tanto, no se debería evitar la administración
de penicilina en las faringitis por estreptococos por temor a una reacción
anafiláctica. Por otro lado, la anemia aplásica debida al cloranfenicol también
es mortal y relativamente rara, pero a menudo resulta irreversible y no es
previsible. Por tanto, a pesar de que el cloranfenicol también es eficaz en el
tratamiento de la faringitis por estreptococos, existen alternativas más
seguras y no está justificado su uso, Sin embargo, en enfermedades graves como
la meningitis por Haemophilus influenzae existen pocos fármacos alternativos y
puede estar justificado administrar cloranfenicol.
También se debe conocer la eficacia de un fármaco, incluyendo la previsión de una respuesta favorable, si el efecto es sintomático o curativo, la relación con la dosis y la duración del efecto beneficioso. La leucemia linfoide aguda (o linfoblástica) aguda en niños responde a una combinación agresiva de quimioterápicos, y está justificada. Sin embargo, se discute el empleo de quimioterapia agresiva en neoplasias como el carcinoma gástrico, puesto que la respuesta es mala y la quimioterapia puede aumentar la morbilidad. El uso racional de combinaciones de fármacos puede aumentar los beneficios y reducir los riesgos. Por ejemplo, en el tratamiento de la hipertensión, el uso de un diurético tiacídico con un bloqueador adrenérgico contrarresta la tendencia de éste de producir retención de fluidos debido a la hipotensión, y el uso de potasio con furosemida contrarresta la tendencia de la furosemida de producir excesiva pérdida de potasio e hipocalemia
Por
todo lo anterior cuantificar la relación beneficio/riesgo de un medicamento
para una indicación clínica específica, no es un tema sencillo. Pero además de los problemas
y sesgos propios, se debe considerar algunos aspectos del entorno sanitario y
económico de gran importancia en la práctica para poder realizar una evaluación
objetiva, rigurosa y racional. Pongo por
ejemplo algo anecdotico: si usted ve a un niño que se está ahogando lo más lógico
y humano es que usted se lance con todas
sus fuerzas al agua para salvarlo y
rescatarlo de una muerte segura. Pero, cuando esta afuera del agua, usted le
pregunta su nombre y este le responde “Adolfo Hitler” (F. Savater) Usted que
haría? O que hubiera hecho si supiera con antelación quien era? Calculo los Riesgos/Beneficio y la implicación que tuvo
su acto para la humanidad entera?. Los médicos solo respondemos a salvar vidas.
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