El ánimo de una comunidad se percibe en
su actitud cotidiana. Cuando el ánimo es de resignación, agobio o abatimiento
las personas marchan sin entusiasmo, sin fuerzas para cambiar su situación,
apesadumbradas por las circunstancias. En cambio, cuando ese ánimo se modifica
y se pasa a un ánimo de asombro, de optimismo y serenidad, las comunidades
comienzan a generar su propio futuro, superando sus lastres.
En Valparaíso, el ánimo generalizado que
he percibido es de bajo compromiso frente a lo que ocurre en la ciudad,
asumiendo con un dejo de fatalidad la invasión de extraños que imponen
proyectos en los que no tienen posibilidades de participar. Le penan a
Valparaíso el agobio del centralismo capitalino y el haber sido víctima de
estilos caudillistas con nula participación ciudadana. Se nota una actitud poco
comunicativa en las ferias en donde se ve comerciantes sentados, sin hacer sus
ofertas, esperando que les compren, sin motivar al cliente que pasa.
Se nota esa misma pasividad en barrios
como el de los cerros Molino y Polanco, llenos hoy de murales coloridos que han
pintado prestigiosos artistas, pero que igual siguen con calles sucias, con
basura tirada, el mismo olor a mierda de perros.
¿Por qué los vecinos no limpian los
frentes de sus casas?Es un asunto de actitud, de vivir
quejándose o esperando la ayuda externa. Si muy temprano baldearan sus veredas
y sacaran la caca de perros, se daría una señal positiva, los barrios tirarían
para arriba, aprovechando con ánimo emprendedor la visita de tantos turistas.
Podrían surgir muchos negocios pequeños en torno a las nuevas rutas de los
murales del Almendral y el Ascensor Polanco.
Es un cambio de actitud necesario,
entusiasmarse con las historias de cada cerro porteño, para creerse el cuento
de haber sido barrios históricos de rica identidad.
Proclamemos un nuevo ánimo para
Valparaíso que se traduzca en levantarse temprano y conversar de futuro,
barriendo las quejas y llenando cada día con un nuevo propósito. Tenemos
tanto para mostrar orgullosos, partiendo por una sonrisa y un “buenos días,
vecina”.
Una mirada libre a nuestro entorno