No se muere de amor
Pues yo digo por mis vivencias, que no morí de amor. Sé de desamores, de tristezas, de olvidos. Aún sigo vida y enamorándome. Sólo se necesita tiempo. El tiempo calla y borra todo. Siempre aparece un ser que es más especial que el anterior y que te hace sobrevivir y volver a respirar. Puede que casi te resucite, pero sigues viva, al fin. Mi última vez me casé con un viudo, apenas muerta la finada. Con respecto a la risa, en lo que hace a mí, suelo reirme dónde no hay que reír, es algo poco normal, pero me entra una risa nerviosa en situaciones límites. No me extrañaría estar riéndome en un velorio. Cuando hablo de velorio, me viene a mi mente el de mi bisabuela, y veo a todos mis parientes en comilona, de festejo por el reencuentro de muchos años, no veo la tristeza por la muerte de la vieja. Risas, bebidas y comida, todo era jolgorio, no ví lágrimas.
Cuando dices que no se compran los amores ni la muerte tenés razón. Pero podés hacer pactos. Recuerdo uno de mis pactos. Pocos meses de vida, no más de tres. Un pacto de amor y vida con pié planos que me llevó a los mejores institutos especializados del mundo y luego de dos años y diez meses puedo decir que triunfó el amor y la vida, gracias al dinero, porque si no lo hubiésemos tenido, hoy no podría estar en esta vida, haciendo, lo que me gusta, escribir y no hubiese podido hacer tratamientos costosos.
Beatriz Valerio