Violencia familiar, dolor oculto, enemigo silencioso
La violencia doméstica y la explotación infantil son dos graves problemas de la sociedad argentina hoy.
La violencia familiar es mucho más común en las familias de lo que aparenta, o lo que se conoce. Según el diccionario de la Real Academia Española, "violentar" es "la aplicación de medios sobre personas o casa para vencer la resistencia". Así, se ha definido a la violencia "como el uso de la fuerza abierta u oculta, con el fin de obtener algo de alguien que mediante la palabra no se consigue".
Aunque la ley castiga la violencia doméstica y protege a los niños, hace 3 años se registraron 52.351 denuncias de violencia doméstica y, según varias ONG, unos 5.000 niños son reclutados anualmente para pornografía y turismo sexual. (Fuente: Página/12, pág. 16, 26/2/09)
Actuar frente a la violencia contra niñas y niños forma parte de la agenda para la eliminación de la violencia contra las mujeres. Es necesario evitar que las niñas sigan siendo afectadas por las mismas violaciones de derechos que las generaciones anteriores de mujeres han sufrido, y que los niños sigan siendo víctimas de los estereotipos varoniles impuestos que los enfrentan a mayor exposición y violencia física, opinó Gladys Acosta Vargas, representante de UNICEF. (Fuente: Mariana Carabajal, Página/12, diciembre 2006)
La última vez que me golpeó, pensé que me moría, lo hizo de tal manera que por un segundo pensé que me mataba". Mónica de 34 años, con dos hijos, un nene de 5 y una nena de 3, sufrió durante cuatro años el maltrato de su pareja.
Muchas de las demandas que se realizan no llegan a concretarse por la enorme cantidad de fallas que presenta el sistema que está a punto de colapsar. Cuando una demanda llega a hacerse efectiva lo primero que hace el juez de la causa es llamar a la conciliación, en donde ambas partes tienen la oportunidad de llegar a un acuerdo.
"A mí la psicóloga me sirvió, pero mi marido se negó porque decía que él no estaba loco". La mayoría de los tratamientos fracasan porque los involucrados no pueden o quieren ir al psicólogo.
Esta compleja realidad transforma al sistema social en inadecuado para ayudar a las víctimas y sus familiares. Todos los sistemas involucrados en la detención, intervención y tratamiento (educación, servicio de justicia) no cuentan con el funcionamiento adecuado y específico.
Las políticas sociales parecen no responder a la realidad emergente. Los servicios sociales y de salud, el sistema de justicia criminal y civil, lidian con el problema sin adecuadas medidas de seguimiento y con incompetencia técnica del personal asignado. La sociedad en general presenta una confusión y una falta de información básica, que la deja inhabilitada a la hora de pedir ayuda.
En la Capital Federal hay instituciones en funcionamiento (los C.G.P., las comisarías, la fiscalía del departamento judicial) que se encargan de recibir, contener y orientar a las personas que fueron víctimas de maltrato.
Lo importante es que la persona esté segura y dispuesta a cortar con este círculo de violencia familiar y no seguir en ese circuito siempre.
Beatriz Valerio