Chañaral de las Ánimas es una pequeña ciudad puerto enclavada en medio del desierto en la Región de Atacama, y que fuera hasta 1880 el punto donde terminaba Chile, con una Aduana que ejercía soberanía hasta la caleta de Mejillones al sur del Río Loa, es decir heredando los límites del virreinato del Perú y la Capitanía General de Chile.
El Despoblado de Atacama fue el gigantesco espacio por donde los pioneros de la
minería, como Diego de Almeyda, Pedro León Gallo o Máximo Villaflor, buscaron
las vetas y yacimientos que permitieron sustentar la economía chilena. En las
expediciones que fueron realizando esos pioneros, fueron descubriendo el
potencial minero de esos interminables territorios. Máximo Villaflor, que fuera
Administrador de Aduana por 20 años, propuso que Chile hiciera un plan de
colonización de esos territorios, para asegurar soberanía y explotación de sus
riquezas. Él soñaba con una minería industrializada, con fundiciones que
convirtieran en siderurgia la roca mineral que allí existía. Pedro León Gallo
quien en 1859 se enfrentó con las armas contra el centralismo terrateniente de
la capital, dirigiendo una revolución independentista que reivindicaba la
identidad minera del Norte de Chile y exigía que esa riqueza quedara en el
norte y que no alimentara a la aristocracia y burocracia política central.
Diego de Almeyda descubrió el mineral de cobre de Las Ánimas y realizó en 1924
la primera exportación de este promisorio mineral.
En ese siglo XIX, cuando se
construía la República, Chile enfrentó dos guerras con Perú y Bolivia. A partir
de 1830 la soberanía del Estado de Chile sobre el Despoblado de Atacama, se
ejercía a través de la Aduana de Chañaral que fue autorizando y dando cobertura
legal a los puertos de Taltal, Paposo y Pan de Azúcar, llegando en sus
patrullajes hasta la caleta de Mejillones, apoyando las excursiones que
realizaban los pioneros. Bolivia irrumpió en la zona en 1825 cuando a
instancias de Simón Bolívar funda la caleta de Cobija entre las actuales Antofagasta
y Tocopilla, la cual le sirvió a Bolivia de salida al mar que jamás antes había
tenido y que Perú siempre le negara por el puerto de Arica. Cuando estalla la
Guerra del Pacífico, Chile invade Antofagasta y expande su territorio hasta los
límites actuales, quedando Chañaral en medio de un desierto como puerto de
salida de las primeras exportaciones de hierro producidas en la fundición de
Pan de Azúcar. El maremoto de 1922 destruye la caleta Pan de Azúcar, las
instalaciones de la Aduana y la Fundición, quedando sólo vestigios y leyendas
de ese tsunami de Coquimbo y Terremoto de Vallenar, que destruyeron el norte
costero de Atacama.
Vivir en Chañaral por 7 años me
permitió reconocer la historia heroica de los pioneros que hicieron Patria
poniendo en valor la riqueza de la tierra. Con ellos vinieron las plantas
desalinizadoras de agua, el ferrocarril. Aduana operaba con oficiales aduaneros
que portaban carabinas y que cumplían funciones de Correos, recaudación de impuestos
y vigilancia fronteriza. Lógicamente, la Aduana se repliega a sus actuales
funciones a medida que llegan a esas zonas extremas el servicio de correos,
impuestos internos y carabineros. Una historia rica, que no se pasa en los
planes de estudios diseñados a nivel central, con lo que se omite el
conocimiento de episodios valiosos de nuestra historia, como lo fuera la
participación del norte, de la ciudad de Copiapó, en la gesta de la
independencia de España en la reconquista y expedición libertadora que cruzó la
cordillera.
Hablar de cordillera suena
romántico, pero cuando uno recorre esos inhóspitos parajes, donde las
temperaturas, los vientos, el calor y el frío, mantienen siempre condiciones
extremas, que exigen temple y coraje a quienes se atreven a recorrerlos, se
aprecia que esos viajes fueron titánicos y para nada románticos. Por eso, vale
la pena recrear en muchas crónicas lo que significó conquistar el desierto, establecer
enclaves para explotar los recursos, el hierro, el salitre, el cobre; donde
obtener el agua era el gran desafío cotidiano, donde el minero se perdía en las
montañas buscando las vetas, donde se generaron proyectos increíbles para
instalar en la cordillera vías férreas, fundiciones, que deslumbran a la
distancia por lo que significó mover esos complejos a lomo de mula, haciendo
caminos en medio del desierto. El carácter del hombre del norte está marcado
por las inclemencias que significó establecer esos proyectos y desarrollarlos.
Y por eso, ese norte desconocido, con sus
glaciares, sus salares y lagunas cordilleranas, con sus termas, con su cielo
transparente, su riqueza en energías solar, eólica, mareo motriz y geotérmica,
constituye un destino obligado para todos los chilenos y para quienes buscan
oportunidades de trabajo o inversiones en nuestro país.
Periodismo Independiente, 13 de
Enero de 2014 @hnarbona en
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