Aunque en el show business de la política sigan con el
arquetipo de izquierdas o derechas, la gente, cada vez más, se da cuenta que
detrás de esas etiquetas casi no hay distingo, ya que con el
binominal el poder se administra, se reparte entre sus "dueños", pero
no se admite nuevos invitados a la mesa. Hoy, el filtro ciudadano para elegir
un representante es la prueba de la blancura: ¿Honrado o Corrupto?
La política sin ética es una selva en que todos se fagocitan. No se puede
pensar en un proyecto de unidad nacional, sólido, que aglutine mayorías,
si cada quien está actuando en la cosa pública al trasluz de lo que le
conviene, no de lo que importa para engrandecer el país, tu región o tu barrio,
sino lo que te pueda dar más ventaja sobre el resto. Esta enfermedad social
lleva a dislocar las relaciones humanas, la sociedad ingresa en la nebulosa
donde todos se defienden de todos, la crisis de confianza significa vivir
pensando "este habla bonito, pero por algún dado me va a fregar".
Chile cruza hoy por una nueva etapa y ese ánimo colectivo de desencanto y
desconfianza tiene como ingrediente el abuso, que es una suerte de violencia
sibilina sobre las personas, y el riesgo la violencia destructiva y sin norte
del neo-anarquismo, que significa el rechazo irracional al Estado y todo orden
que del mismo surja, con un menosprecio a la elemental herramienta democrática,
el voto, el sufragio.
En la ruta de la corrupción se sigue observando y destapando como hechos
consumados, el tráfico de influencias, el cohecho, las coimas, fenómenos
transversales que dejan a la gente con un profundo sentimiento de desprotección
y una percepción de que existe una impunidad constante en todos los escándalos
de malversación, defraudación. evasión tributaria, dineros que fugan, dineros
que se lavan, pactos de silencio, empates entre quienes se saben frágiles por
haber metido la mano en la lata. Colusiones donde no importa si los tipos se
dicen de izquierda o derecha.
Por ello, cuando en el silencio de la propia conciencia -si algo queda de esos
principios que moldearon la vida cívica en el siglo XX- emitamos nuestro voto,
démosle una oportunidad de reinvento o recreación a la política, castigando a
las dinastías enquistadas y su nepotismo secular. No se traguen el eslogan de
las "izquierdas o derechas", filtre a sus candidatos por el
comportamiento ético que significa medir integridad y consecuencia, la
coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace, el dime con quién
andas y te diré quien eres. Limpiar los canales de representación popular
significa exigir que los partidos abran sus ventanas y dejen entrar el viento
fresco, porque a puertas cerradas el hedor se hace insoportable. Finalmente,
indistintamente de la etiqueta que cada cual se ponga, las cuestiones de fondo
son: "Íntegro o Corrupto" "Veraz o Mentiroso". Sería muy
útil hacer el ejercicio, la prueba de la blancura, Y ver cuántos siguen en
carrera.
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13 de mayo de 2013, Periodismo
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