Uruguay tiene la extraña capacidad de utilizar la memoria
de forma arbitraria. Agilizar la neurona en la región del cerebro que nos
provee de recuerdos es una gimnasia aplacada por las corrientes progresistas que
hablan constantemente de mirar hacia adelante. Por lo tanto, el ingrato traidor
del futuro que, en el presente, busca respuestas mediante el análisis del
pasado está mal calificado.
A partir de este lunes la Dirección Nacional de Aduanas
pone en vigencia el Código Aduanero (Decreto – Ley 15.691), e implanta la
reglamentación Cero kilo en las compras en régimen de tráfico fronterizo
procedente de la República Argentina. Desde Colonia a Bella Unión y hasta nuevo
aviso se cierra la posibilidad para los uruguayos que cruzaban para comprar
haciendo la diferencia. Esto, que ha pasado desapercibido por la mayor parte de
los grandes medios de comunicación, es, a vistas del pasado, una alarma que se
prende, una llave que salta, una señal que emite Aduanas y que debería ser
seriamente atendida.
El pasado 20 de marzo la Unión de Exportadores del Uruguay
afirmó que el atraso
cambiario actual ha dejado al país “igual que cuando se dio la devaluación de
1982”. Previo a este negro acontecimiento financiero del 80, Uruguay vivía un
atraso cambiario que generaba fenómenos como la organización de excursiones
para ir de compras al Chuy. Hacia Argentina, miles de personas viajaban para
hacerse de ropa, digestivos en gotas, sábanas y zapatos que eran traídos de
cualquier manera. Regía el “Cero Kilo”. Las personas viajaban livianas y
volvían vestidas como para pasar el invierno en Polonia. Comíamos azúcar brasilera
y el folclore decía que hasta la yerba era mejor. 1982 marcó el inicio de un
caos que se arrastró hasta bien entrado el gobierno de Luis Alberto Lacalle. El
economista Enrique Iglesias la denominó la “década pérdida”. Muchos uruguayos
supieron en carne propia que la falta de trabajo, el endeudamiento en dólares y
la mala política financiera del gobierno de facto oscurecían todo horizonte.
Aduanas acaba de prender una
sirena. La oposición está alertando sobre la compra de dólares que el Banco
Central realiza a diario y las letras de cambio que respaldan están maniobras.
En otras palabras: la deuda que lenta y silenciosamente se le inyecta al
futuro. Ese futuro que el discurso pseudo-progresista intenta hacer ver como
promisorio.
Quizá no sea para alarmarse
pero sí para mirar hacia atrás tratando de entender el presente, buscando
soluciones para evitar un mañana accidentado.
La clase política no tiene
derecho a gestar una nueva “década perdida”. La siena ya suena…como antes de un
bombardeo.-
@anailenprensa