La trilogía de la organización
Política Nacional | 28/03/2013

Desde que se inició el proceso electoral que culminó con la Presidencia del Dr. Tabaré Vázquez, Uruguay no ha cesado de hablar de la descentralización. Entendiendo esta situación como una bandera política, la concreción se ha visto en varias áreas. Criticados, analizados y hasta denostados por quienes elevan la constitución, los gobiernos de izquierda han intentado (lo siguen haciendo) que el interior del país se sienta integrado mediante la desintegración. ¿Contradicción? No.
En el área de la salud, y sólo por barajar un ejemplo, la creación del Fondo Nacional ha hecho que las mutuales pasen a ser monstruos sin cabeza que dependen necesariamente de un gran gerente llamado Fonasa, lugar a donde los usuarios deben elevar sus reclamos esperando que la divina providencia se acuerde de ellos. Esta situación desintegró el relacionamiento paciente-institución ya que, anteriormente, al menos había un director a quien golpearle la puerta.  
Si algo ha sido redituable es el sistema del tercer nivel de gobierno o Municipios. Dejando de lado que casi no cuentan con dinero (porque la caja fuerte está siempre en la Intendencia o en Montevideo), los municipios acercaron la figura del alcalde (ex Presidente de Junta Local) al vecino de a pié, al que vive al lado o en la otra cuadra. Hoy es un hecho –en el interior concreto- encontrar al alcalde o al concejal en la cola del banco, en el súper y hasta en la playa.  
Como se alertará el lector, la descentralización tiene puntos interesantes. Es muy difícil construir un puente federal con ladrillos unitarios.  La línea de contacto es tan débil que cualquier cimbronazo podría voltearla y esa línea, si la miramos bien, siempre es la caja fuerte, el dinero, los fondos…Ahora: ¿qué ha pasado en el tema seguridad pública? Algo paradójico.
Mientras Montevideo se sacude con hechos delictivos el interior se sorprende con hurtos menores, algunos trascedentes y delitos –pocos y contundentes- violentos. Las ciudades y los pueblos siempre han tenido la capacidad de conocer a su comisario, a sus agentes y hasta al policía de tránsito que anda por su barrio. Ir a la comisaría, en todo el Uruguay, no es grave, ni atípico, ni es señalado como un prejuicio. La Seccional es para “el de afuera” una oficina pública más. Aquí la descentralización funcionó desde siempre, tácitamente, naturalmente. Los pueblos siempre convivieron con la trilogía de la organización compuesta por el Cura, el Juez y el Comisario. Bien podría decirse que gracias a esta “descentra-regionalización” es que el delito no ha proliferado en el interior. Todos sabemos a quién tocarle el timbre, a dónde ir y con quién hablar.
Si acaso se cargan las tintas al Ministerio del Interior por causa de la delincuencia, los “pajueranos” tenemos una buena noticia para darle al Ministro: el índice del delito no crece más porque el “otro medio país” todavía vive en el interior.

La descentralización es una utopía más a la hora de la concreción real de proyectos políticos. Sin embargo, desde lo social ha funcionado en muchas áreas y desde hace tiempo. Claro que falta construir mucho camino para que sea palpable en cada acción del uruguayo promedio porque, como se dijo antes, los ladrillos todavía son unitarios.

@anailenprensa - www.uruguay30.com.uy - SIC

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