Las
palabras no existen por casualidad y muchos menos los sentidos que envuelven. A
veces no tenemos conciencia que el lenguaje es simple expresión exterior de
previos procesos cognitivos y damos por establecido que –dado los conceptos
vigentes- algo ha existido siempre.
Escuchamos,
por ejemplo, hablar de “sociedad” con toda naturalidad, sin darnos cuenta
que este concepto llegó tarde al mundo occidental. “Sociedad” es un producto de
la edad de la razón, de la necesidad de un fundamento laico para el análisis de
las instituciones políticas, de manera que algunos pensadores se plantearon la
necesidad de separar sociedad y Estado. En este proceso andan entremezclados
ilustres nombres, como el de Locke, que comenzaron a distinguir entre la ley de
la naturaleza y ese contrato social que había dado origen al Estado y, por
supuesto, por allí se coló también la necesidad de separación entre Iglesia y
Estado.
Pero
como el pensamiento no se detiene, contrariamente a lo que piensan muchos que
consideran algunos conceptos como montañas rocosas inmodificables, pronto
comenzaron a aparecer dudas de este concepto de sociedad. El argumento era que
había sido establecido sobre el concepto de razón. En el período posterior a la
revolución francesa la sociedad pasó a ser considerada como un todo orgánico.
Es lo que en la historia de las ideas se llama la “concepción organicista”, una
que introduce la tradición cultural como parte clave de la sociedad. Otro
ilustre, Augusto Comte, fue el que la definió al asegurar que una sociedad
presume un sistema de opiniones comunes sobre la naturaleza y el hombre. Esta
concepción de orden institucional está también en el origen de lo que llamamos
“idealismo”.
Veamos:
había un orden de la sociedad basado en la religión, llegaron los filósofos de
la ilustración y al acabar con él sembraron la anarquía en el mundo de manera
que tuvo que aparecer Comte a poner su grano de conservadurismo organicista
para salvar a la pobre raza humana. Pero más atrás apareció Marx con su
concepción económica de la sociedad dado que afirmó que ella no era más que las
relaciones entre los grupos sociales, esto es, la sociedad no es otra cosa que
las relaciones económicas entre los hombres. El hombre, al cooperar con otro
para satisfacer sus necesidades, establece relaciones de producción. De allí
Marx comienza a hablar de superestructuras y subestructuras.
Vinieron
después los denominados defensores de la “teoría del conflicto” (aunque el
marxismo se puede inscribir también aquí) que dice que los hombres deben
competir por el acceso a los recursos de la vida y que la sociedad es un
dispositivo de organización para poner en relación a esta población de
organismos. En el siglo XIX la teoría evolutiva se puso a elaborar secuencias
de desarrollo para los ámbitos institucionales de la sociedad. Era por
supuesto, el inicio de la revolución industrial. Luego Durkheim, con su
criterio de que la sociedad no puede ser considerada una mera suma de las
voluntades de los individuos sino que es una entidad. Apareció la
psicología-social y con ellas ideas como interacción, símbolos, persona social.
Y siguieron: la sociedad en proceso, las unidades de relaciones sociales.
Y
apareció en el escenario la palabra “comunidad”. Y por supuesto un proceso
evolutivo de la palabra-concepto parecido al narrado. Es una base local para
las unidades de sociedad, son aspectos de la sociedad tales como los relativos
a solidaridad (concepto comunal) y otros más.
El
concepto de comunidad ha invadido muchas de las presentes discusiones sobre la
organización política. Se sostiene, por ejemplo, que comunidad viene de tener
algo en común. Y una definición que tenía anotada en alguna vieja libreta y
cuya fuente no anexé y que me gusta en especial: “Las comunidades son
una forma de solicitud”. Lo cierto es que indago y la palabra comunidad
está ya en los textos de Aristóteles, pero de tan rancio abolengo paso a
los conceptos que está manejando el gobierno de James Cameron en Gran Bretaña,
un gobierno Tory como se sabe. Allí se habla de empoderamiento de la comunidad
como un paso de la acción del Estado a la acción social. Al parecer Cameron
rompe con Margaret Thatcher y se lanza a buscar la energía de los ciudadanos de
las comunidades. Se asoma otro concepto que invade por todas partes, el
de transición. En el caso que nos referimos se dice de una “iniciativa
comunitaria de transición”. Y una nueva expresión “transición de ciudades”.
Todo parece indicar que el pensamiento traducido al lenguaje no se detiene y
menos las acciones correspondientes. Un tory como Cameron no gusta mucho del
Estado, sólo que este interesante conservador lo maneja desde ángulos muy
diferentes: hacer retroceder al Estado para permitir a este concepto
comunitario de sociedad avanzar rápido a posesionarse. ¿Cómo lograrlo? Reforma
de planificación de barrios, formación de una nueva generación de organizadores
comunitarios, cooperativas, empresas sociales y el marco constituido por la
idea de que el encogimiento del Estado debe conducir no a la atrofia de la
comunidad sino a su desarrollo. Descentralización de responsabilidades, poder a
los individuos, a las comunidades y a las instituciones cívicas. Veamos en
contexto latinoamericano:”A mí el gobierno no me ha dado nada”. Veámoslo en
contexto inglés: “Todos necesitan al gobierno… pero la acción es a través de la
familia, la comunidad y la empresa social”. Quizás mis citas de Cameron y de lo
que se ventila por Londres sea buscando no se vea comunismo hasta en la sopa.
Está bien, sé de los problemas económicos internos y de la necesidad de
los recortes de gastos masivos, pero lo interesante está en las soluciones que
se buscan, unas de avanzada, qué duda cabe. Los recortes van a producir duros
efectos sobre los más pobres, se sabe, pero lo interesante es ver como una
crisis económica conlleva a la búsqueda de lo común, de la comunidad. De manera
que ante la emergencia se apela a la democracia participativa, al fomento y al
encuentro de las propiedades emergentes de los ciudadanos. Para ello:
construcción de la inclusión social, fortalecimiento de la capacidad, construcción
de la organización, construcción de la información y comunicación, construcción
de recursos, construcción de la estrategia.
The
framework provides seven sets of building blocks :Comunitario, comunitarismo,
palabras que suenan ahora como soluciones. Quizás en esta frontera aún
indefinida entre sociedad y comunidad –obviando ahora la evolución de ambos
términos- es que se está asociando sociedad a suma de fraccionamiento en
individuos y a comunidad con solidaridad y acción compartida. Pero como la tecnología
hace de las suyas –es interesante ver como nada se detiene- ahora se introducen
conceptos como comunidades personales, inteligencia colectiva y redes sociales.
Es decir, se dice de la transmutación de comunidad en red social. Hay analistas
de redes sociales (Wellman y Berkowitz), asuntos como emergentes de
inteligencia (Steven Johnson) y colectivos inteligentes (Howard Rheingold),
"Cerebro global" (Heylighen), "la sociedad de la mente"
(Marvin Minsk), "inteligencia colectiva" (Derrick de Kerckhove,
1997), “intelligent networks” (Albert Barábasi, 2002), and “collective
intelligence” (Pierre Lévy, 2002)Kerckhove), "las redes inteligentes"
(Albert Barabasi), y la "inteligencia colectiva" (Pierre Lévy).
Esto se torna interesante. Parece que las viejas concepciones ideológicas no
nos sirven. Da la impresión de que estamos en el siglo XXI.
No hay
duda que los conceptos cambian, incluido el de comunidad. Y mirando a
Zygmunt Baumann (De la comunidad: la búsqueda de la seguridad en un mundo
inseguro) diera la impresión que también ha cambiado el concepto de
libertad. Es así, porque fuera de especulaciones teóricas comunidad implica la
fraternidad, esto es, compartir las ventajas entre los miembros de la
comunidad, los egoístas nada tienen que obtener de ella y en consecuencia
tendrían que pagar un precio por su inserción.
Barry
Wellman and Stephen Berkowitz (1988) conduct a more complex analysis of the
concept of community anOtros citan las imágenes de lo que somos hoy, con colas,
empujones, las calles llenas, mientras otros estamos en soledad frente a
nuestra computadora. Sabemos muy bien como son nuestras ciudades y el
individualismo feroz de nuestra época lo hemos analizado en varios libros. Es
precisamente por ello que se produce la reaparición de comunidad-solidaridad y
la tecnología ha puesto el tema de las redes sociales. Y de nuevo sobre la mesa
el tema del capital social. ¿Y porqué utilizar la palabra “capital”? Porque el
crecimiento económico no está ya determinado sólo por los recursos naturales,
infraestructura y bienes de consumo y capital financiero, sino por la
forma como interactúan y se organizan los actores. Esto es, que información,
comunicación, ideas y apoyo tenemos a nuestra disposición. Pareciera que los
viejos trazados económicos cambian y quienes hablamos de economía solidaria nos
estamos sustentando sobre un presente claro. No discutamos si el hombre es
egoísta o no, lo que debemos mirar es que las posibilidades de ser egoístas
puede que se estén terminando. En resumen, pareciera que sociedad es una serie
de limitaciones a los egoísmos y comunidad un sistema positivo inventando.
Quizás deberíamos hablar de inducción de comportamientos solidarios.
Pareciera
que puede generarse una inteligencia colectiva y ello pasa por una transición a
un modelo de auto-organización dirigida por la comunidad, para que la gente
actúe colectivamente. Ello también en el aspecto económico, por lo que habla ya
de una "economía sostenible de colaboración". Lo es obvio en el campo
político, pues se genera un nuevo modelo de democracia. Ya los hemos dicho. La
hemos llamado democracia del siglo XXI.