Existen muchas interrogantes que resolver en los escenarios complejos que hoy remecen la sociedad chilena.
¿Cómo
avanzar hacia sistemas políticos más transparentes, en los cuales la relación
de los negocios con la política no amenace la democracia?
¿Hasta
cuando postergar la Transparencia en el financiamiento de los partidos
políticos?
¿Cómo
desatar el nudo ciego del sistema binominal donde un puñado de militantes de
los partidos imponen candidatos y además son dueños de los cupos en el
parlamento?
¿Se
cumple la ley en materia de incompatibilidades, conflictos de intereses de
parlamentarios y autoridades?
¿Por
qué no exigir por ley un examen obligatorio y sorpresivo detector de consumo de
sustancias psicotrópicas a los directivos, jefes de servicios, autoridades
centrales, comunales y regionales, jueces y parlamentarios?
¿Por qué no fijar similares criterios de transparencia y seguridad a los
directorios corporativos de las grandes empresas que son contratistas del
Estado?
Se trata de una necesidad real. Profundizar
la democracia es cuestión de seguridad nacional y esto pasa por eliminar la
plutocracia histórica que existe en nuestra sociedad. Se trata, por otra parte,
de prevenir que el afán de lucro
distorsione las políticas públicas, generando medidas que aseguran ganancias a
los privados en desmedro del interés general de la sociedad.
En la
relación de Política y Negocios: no se puede servir a dos señores, o se está en
el servicio público o se está en los negocios. Cuando se confunden
los planos y se usa la política para el enriquecimiento ilícito, el tráfico de
influencias, la obtención de prebendas, favores discriminatorios, estamos
frente a una de las más peligrosas formas de corrupción, ya que se coluden los
intereses particulares -del político o funcionario con los del agente económico
privado- para terminar perjudicando el interés de Estado y la leal competencia
en el mercado.
Monopolios,
relaciones impropias entre autoridades que se reciclan a cargos de directorios
de corporaciones privadas a las que antes fiscalizaban, son hechos gravísimos,
obviamente contrarios a la ética pública y privada. La solución de estas
trenzas de poder está en profundizar la democracia y la fiscalización ciudadana
de los agentes públicos y privados, manejando información en forma libre y
responsable y procurando un periodismo independiente y profesional.
Chile tiende a olvidar el quiebre profundo que se vivió hace más de cuatro
décadas.
En la antesala de las primeras elecciones
municipales con un nuevo padrón electoral, un clima de incertidumbre orbita por
los pasillos del poder. Esta democracia representativa imperfecta, construida “en la medida de lo
posible”, está sometida a la presión de movimientos sociales de impredecible
comportamiento electoral, que presionan por los cambios de fondo, como lo son reducir
la brecha entre ricos y pobres con un orden que respete las mayorías y profundice
la democracia, asegurando a la ciudadanía la libertad de expresión y espacios
para una participación activa y responsable. Por una comunidad nacional que
asuma sus deberes y no sólo vocifere por sus derechos.
Periodismo Independiente, 30 de
Agosto de 2012.