Una enorme carroza bloquea una de
las calles de
Hasta bien tarde en la madrugada recortan, pegan, sueldan, adornan; mientras poco a poco los hierros de la armazón y el tractor que jalará de la mole, van perdiéndose bajo el decorado. Se trabaja contrarreloj.
En unos días iniciará el Carnaval y el fruto del trabajo de todos estará recorriendo las avenidas santiagueras, luciendo sus galas y compitiendo contra otras que se habrán gestado en historias similares.
Una vecina, en cambio, dice no querer que se la lleven nunca, mientras argumenta con una seriedad de espanto:
“Desde que está en la cuadra hay más tranquilidad: los carros no pasan por aquí y hasta los niños joden menos por estar atentos a la carroza.”