Bloqueado
Ciudadanía | 10/07/2012

Uno, dos, tres…cuento mentalmente el tintinear del cursor sobre el fondo blanco del documento Word que permanece abierto en la pantalla de mi monitor. Una y otra vez tecleo una línea que nace, muere y se rehace en cuestiones de segundos, impulsada por la duda, o tal vez un bloqueo mental…cuatro, cinco, seis…Me detengo otra vez ante el ritmo mudo de la pequeña barra vertical.

A mi alrededor transcurre una jornada laboral normal: alguien entra a la oficina con un nuevo “problema laboral”; una colega conversa a través del teléfono con alguien que espero asimile mejor que yo el elevado tono de su voz; más allá se adentran en un enrevesado debate sobre temas nacionales que adivino no llegará a ningún lugar y quizás les deje, a los polemistas, algún dolor de cabeza o una acidez estomacal.

En medio de ese entorno trato de hilvanar ideas, pero apenas me concentro; solo el acto de prestidigitación del cursor logra abstraerme del medio circundante, aunque no me brinda ninguna idea de interés.

Lo frustrante es que en estos días he vivido un mar de cosas, mientras otro tanto de noticias se han generado en una ciudad que parece vivir sobre patines; pero por más que lo intento las ideas yacen en el fondo de mi mente, pesadas, como si de repente adquirieran masa extra en su propio campo de Higgs (como para estar acorde con el boom noticioso del momento), imposibilitadas de salir a flote.

Siete, ocho, nueve…me pregunto si el parpadeo del cursor coincide con el paso del segundero del reloj (me quedo con las ganas de saberlo pues el de la computadora no parpadea).

De repente me percato que la oficina quedó vacía. El insistente ruidillo del ventilador del CPU, y el agudo ronquido del aire acondicionado son los únicos sonidos que se escuchan. “Esta es mi oportunidad”, pienso y poso los dedos sobre el teclado, listos para convertir en palabras esas ideas que sé guardadas…diez, once, doce…Nada.

El cursor se burla de mí desde su rutina. Lo miro como quien no entiende las preguntas del examen y se sabe desaprobado. Le dedico una última mirada y doy clic sobre la cruz que destina al olvido el documento en blanco. Mañana tal vez escriba sobre esto.

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