Uno, dos, tres…cuento mentalmente el
tintinear del cursor sobre el fondo blanco del documento Word que permanece
abierto en la pantalla de mi monitor. Una y otra vez tecleo una línea que nace,
muere y se rehace en cuestiones de segundos, impulsada por la duda, o tal vez
un bloqueo mental…cuatro, cinco, seis…Me detengo otra vez ante el ritmo mudo de
la pequeña barra vertical.
A mi alrededor transcurre una
jornada laboral normal: alguien entra a la oficina con un nuevo “problema
laboral”; una colega conversa a través del teléfono con alguien que espero
asimile mejor que yo el elevado tono de su voz; más allá se adentran en un
enrevesado debate sobre temas nacionales que adivino no llegará a ningún lugar
y quizás les deje, a los polemistas, algún dolor de cabeza o una acidez
estomacal.
En medio de ese entorno trato de
hilvanar ideas, pero apenas me concentro; solo el acto de prestidigitación del
cursor logra abstraerme del medio circundante, aunque no me brinda ninguna idea
de interés.
Lo frustrante es que en estos días
he vivido un mar de cosas, mientras otro tanto de noticias se han generado en
una ciudad que parece vivir sobre patines; pero por más que lo intento las
ideas yacen en el fondo de mi mente, pesadas, como si de repente adquirieran
masa extra en su propio campo
de Higgs (como para estar acorde con el boom
noticioso del momento), imposibilitadas de salir a flote.
Siete, ocho, nueve…me pregunto si el
parpadeo del cursor coincide con el paso del segundero del reloj (me quedo con
las ganas de saberlo pues el de la computadora no parpadea).
De repente me percato que la oficina
quedó vacía. El insistente ruidillo del ventilador del CPU, y el agudo ronquido
del aire acondicionado son los únicos sonidos que se escuchan. “Esta es mi
oportunidad”, pienso y poso los dedos sobre el teclado, listos para convertir
en palabras esas ideas que sé guardadas…diez, once, doce…Nada.
El cursor se burla de mí desde su
rutina. Lo miro como quien no entiende las preguntas del examen y se sabe
desaprobado. Le dedico una última mirada y doy clic sobre la cruz que destina
al olvido el documento en blanco. Mañana tal vez escriba sobre esto.