El lanzador se prepara. A sus espaldas el corredor se despega de
El lanzador siente una gruesa gota de sudor rodar por su espalda. El bateador regresa perplejo al cajón de bateo: aún no entiende cómo pudo escapársele la gloria por un metro de diferencia.
El pitcher se prepara nuevamente. Lanza. Nuevo swing. La pelota sale disparada hasta morir en el guante del jardinero derecho. Se acabó el juego.
El estadio enmudece (solo unas decenas de aficionados celebran en casa ajena). El lanzador se golpea el pecho con su puño cerrado en señal de triunfo. Sus coequiperos lo felicitan. Sin embargo, el susto de unos segundos atrás no se borra aún de sus rostros, la celebración no equivale a la importancia de la victoria.
Pensar que apenas un metro separa al éxito del fracaso.
Nota: Basado en el primer juego del Play off final de la pelota cubana entre Ciego de Ávila e Industriales