Los efectos de la cocaína en el cerebro humano son más
peligrosos de lo que se venía creyendo. Así concluye un estudio realizado por
un equipo de investigadores de la Unidad de Neurofarmacología de la Universitat
Pompeu Fabra de Barcelona y del Instituto de Neurobiología Ramón y Cajal del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid,
conjuntamente con investigadores de la Universidad Libre de Bruselas (ULB). Los
resultados se han publicado recientemente en la revista Neurology
Los autores del estudio inyectaron cocaína a ratones, en
dosis que vendrían a ser similares al consumo de droga inyectada de medio gramo
diario. Según explica Javier de Felipe, del Instituto de Neurobiología Ramón y
Cajal, y mediante un sistema de microinyección, se observaron los cambios de
cada una de las neuronas y la sorprendente rapidez con la que se provocaban
anomalías.
«En humanos, evidentemente, no es lo mismo, pero podría
equivaler a unos meses», afirma el experto. Los autores del estudio señalan que
si la cocaína es capaz de cambiar la estructura de las células nerviosas
también lo es de cambiar la estructura del pensamiento, todos los productos que
la mente puede generar incluyendo las actividades del intelecto como el
raciocinio (comprender, juzgar y razonar objetivos y hechos), el lenguaje o las
abstracciones de la imaginación. En definitiva, lo que distingue a los seres
humanos de otros mamíferos.
La cocaína es un estimulante poderoso del sistema nervioso
central que interfiere con el proceso de reabsorción de la dopamina, un
mensajero químico asociado con el placer y el movimiento. La acumulación de la
dopamina resulta en una estimulación continua de las neuronas “receptoras”, lo
cual está asociado con la euforia comúnmente reportada por las personas que
abusan de la cocaína.
Los efectos físicos de la cocaína incluyen constricción de
los vasos sanguíneos, dilatación de las pupilas y aumento en la temperatura
corporal, frecuencia cardiaca y presión arterial. La duración de los efectos
eufóricos inmediatos de la cocaína (que incluyen hiperestimulación, agudeza
mental y disminución de la fatiga) dependen de la forma de administración.
Cuanto más rápida sea la absorción, más intensa será la euforia pero más breve
será su duración. La euforia puede durar de 15 a 30 minutos si se inhala la
cocaína, y de 5 a 10 minutos si se fuma. Un aumento en el uso de cocaína puede
reducir el período de tiempo de euforia en el usuario y aumentar el riesgo de
adicción.
Algunas de las personas que usan cocaína informan sentir
desasosiego, irritabilidad y ansiedad. Se puede desarrollar tolerancia a la
euforia y muchos son los adictos que informan tratar en vano de conseguir que
la droga les produzca el mismo placer que sintieron la primera vez que la
usaron. Ciertos usuarios aumentan su dosis para intensificar y prolongar los
efectos eufóricos. Así como se puede desarrollar tolerancia a la euforia, hay
usuarios que también pueden volverse más sensibles a los efectos anestésicos y
convulsivos de la cocaína. Este aumento de la sensibilidad puede explicar
algunas de las muertes que ocurren después de consumir dosis aparentemente
bajas de cocaína.
Episodios de uso sostenido y repetido de cocaína, en dosis
cada vez más altas, pueden llevar a un estado creciente de irritabilidad,
desasosiego y paranoia. Esto puede resultar en un período de psicosis paranoica
total en la que el usuario pierde el sentido de la realidad y padece de alucinaciones
auditivas.
Otras complicaciones asociadas con el uso de la cocaína
incluyen alteraciones en el ritmo cardiaco, ataques al corazón o al cerebro,
dolor en el pecho, falla respiratoria, convulsiones, dolor de cabeza y
complicaciones gastrointestinales tales como dolor abdominal y náusea. Ya que
la cocaína tiene la tendencia a disminuir el apetito, muchos usuarios
habituales pueden presentar signos de desnutrición.
Las diferentes maneras de consumo de la cocaína pueden ocasionar diferentes efectos adversos. Por ejemplo, la inhalación regular de la cocaína puede llevar a la pérdida del sentido del olfato, sangrados nasales, problemas para tragar, ronquera y secreción nasal crónica. La ingestión de cocaína puede causar gangrena intestinal grave debido a la reducción del flujo sanguíneo al intestino. Las personas que se inyectan cocaína pueden experimentar una reacción alérgica aguda y al igual que cualquier usuario de drogas inyectables, tienen mayor riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades de transmisión sanguínea.
El abuso de cocaína puede inducir un deterioro neuropsiquiátrico de tipo hipofrontalidad, que puede manifestarse clínicamente por desinhibición conductual, inestabilidad emocional, impulsividad, depresión, anhedonia, paranoidismo y deterioro cognitivo. Mediante las diversas técnicas de neuroimagen estructural se han detectado atrofia y otras alteraciones cerebrales. La resonancia magnética espectroscópica ha encontrado indicios de lesión neuronal y proliferación glial, de predominio en el lóbulo frontal. Las técnicas de neuroimagen funcional han detectado déficits en la perfusión cerebral, que pueden persistir durante meses, después de la desintoxicación, y que se han asociado a la presencia de disfunción cognitiva y otros déficits neuropsicológicos. Además se ha encontrado una reducción de la densidad de receptores dopaminérgicos D2 en el córtex cerebral y una disminución del enlace al transportador de dopamina, en el tálamo y ganglios basales, que podrían estar relacionados con un estado de hipodopaminergia cerebral, debido al consumo crónico de cocaína
Comentarios
Sería interesante saber si esta información puede cumplir un rol disuasivo en los potenciales consumidores, y a la vez un efecto beneficioso en la rehabilitación.
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Teraiza
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