Hoy, el objetivo es analizar la situación actual, tras la conmoción generada por el caso de los enfermeros asesinos, con el foco puesto en recomponer la confianza en el sistema asistencial, en la relación médico-paciente.
Sin embargo aún nadie ha hablado de la confianza médico-enfermero. Lo que sucedió en el Hospital Maciel y en la Asociación Española bien podría tomarse como un exceso de confianza en la tarea de asistencia. En otras palabras y para desglosar la realidad uruguaya: cada seis médicos hay un enfermero. Un médico se prepara como mínimo seis años de su vida, un asistente de salud, tres. Porque además, existe la salvedad de ser enfermero y Ners. Lo primero es más rápido y liviano que lo segundo.
En la soledad de una guardia médica, cuando un paciente llega, encuentra primero que a nadie a un asistente; con suerte y con la facilidad de poder tardar hasta dos horas en llegar, luego está el médico (pasa en las guardias particularmente del interior del país). La confianza del profesional sin dudas termina siendo total, necesaria y resignada hacia el enfermero, porque es su mano cuando aún el doctor no está. La pregunta sería: ¿el médico confía honestamente en sus enfermeros?
Sin dudas es necesario que confíe, en un país como Uruguay donde la salud vive en constante zozobra, cuando la asistencia pasó a ser completa bajo la supervisión del Fondo Nacional de Salud y lo privado y lo público termina bajo la legalidad el Estado.
Quizá el paciente de hoy no confié en los enfermeros y es injusto que por dos personas pague un colectivo entero. El tema sería saber si los médicos aún confían en sus enfermeros.-