Es una lástima que no
estés conmigo
cuando miro el reloj y
son las seis.
Podrías acercarte de
sorpresa
y decirme "¿Qué
tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de
tus labios
tú con el tizne azul de
mi carbónico.
Amor de tarde (fragmento), Mario Benedetti
Miro el reloj y son las seis, y es una lástima que no estés aquí. Aún no llegas a cumplir con la palabra empeñada y vienen a mí los versos del poeta.
Acaso él desesperaba como yo; o soy quien vive una vida anterior y mira en el pequeño reloj del monitor la misma hora que el poeta miró en el reloj de pared.
Acaso mientras él tecleaba en una vieja máquina de escribir y manchaba sus dedos con el papel carbón, ya gestaba el poema que lo inmortalizaría años después.
Será que sus versos son la evidencia de que ella jamás llegó; o fueron escritos en la quietud de un cuarto, entre las humedades de una cama sobre la que reposaba el cuerpo adormecido de la mujer.
Yo, en cambio, de algo estoy seguro. No llegarás de sorpresa, la cita define la espera; no escribiré poemas que un futuro enamorado haga suyos y, aunque nuestro encuentro se selle con un beso de igual o mayor intensidad que el que parió aquellos versos, no quedaré con la mancha roja de tus labios, que presumen de una naturalidad extraordinaria; ni mis manos, agotadas de tanto corretear sobre el teclado de la computadora, podrán dejar más huellas que las caricias que guardan para ti.