Disturbios en Londres. Errores en la gestión informativa de la crisis
Ciudadanía | 15/08/2011
Han pasado ya unos días
desde que miles de jóvenes, organizados a través de las redes sociales, y sobre
todo gracias al chat de Blackberry, tomarán las calles de Londres y de las
principales ciudades inglesas en una auténtica orgía de violencia. Así, con algo
más de perspectiva, es momento de sacar algunas enseñanzas sobre los que han
podido ser algunos de los errores en la gestión informativa de la crisis por
parte de las autoridades británicas.
Las imágenes de miles de jóvenes destrozando y saqueando sus
ciudades han dado la vuelta al mundo a través de los Medios de Comunicación de
masas, y espoleadas también por las redes sociales. Twitter permitía seguir
minuto a minuto lo que se cocía en #LondonRiots. Los alborotadores,
prácticamente sin control policial destrozaban y quemaban todo lo que
encontraban a su paso. Incluso se permitían agredir a quienes les hacían frente
intentando sofocar los fuegos que provocaban.
Es evidente que las fuerzas de seguridad estaban desbordadas. Con
una plantilla de apenas
2.500 agentes en Londres era imposible controlar la situación en una ciudad
de las dimensiones de la metrópoli. Sin embargo, la política informativa por
parte de la autoridad policial fue la correcta. A través de las propias redes
sociales (especialmente Twitter) se aportó, de forma constante, información a la
población. Asimismo, se solicitó a los padres que no dejarán salir de sus casas
a sus hijos y se advirtió de las consecuencias que se iban a producir y de que
los delitos no quedarían impunes. En este sentido la gestión informativa fue la
adecuada, aunque algunos les acusan de ofrecer datos
que pueden vulnerar derechos fundamentales.
El absentismo político
en situaciones de crisis.
Ya lo vimos con George Bush en el Huracán Katrina. La falta de
liderazgo político en situaciones de crisis. El temor a tomar decisiones graves
por falta de líder lastra siempre la resolución de las crisis y las catástrofes.
Estar de vacaciones no es el problema. El verdadero inconveniente es no
interrumpirlas de manera inmediata y tomar las riendas. No puede tardarse dos
días en volver de vacaciones, porque sin duda la situación se habrá desbordado y
reconducirla será arto difícil.
La culpa es de las redes sociales.
La culpa es de las redes sociales.
Responsabilizar de lo ocurrido a Twitter
o Facebook es como decir que la culpa de la revolución francesa la tuvo la
imprenta. Las tecnologías de la comunicación no explican las revueltas o las
revoluciones, sino las situaciones sociales que son su caldo de cultivo. Eso sí,
la tecnología puede coadyuvar a su desarrollo, como hemos visto en las
revoluciones del norte de Africa. Claro que en este caso, desde el mundo
occidental, nadie apoyaba cortar Internet. Cosa que sí hizo, por ejemplo, el
gobierno Mubarack en Egipto. Ya sabemos las consecuencias y las dificultades de
ponerle puertas al campo. La revolución
triunfó.
Responsabilizando a
tus propios policías
Buscar
una salida responsabilizando a tus propios policías, totalmente descabezados, de
lo ocurrido es también un grave error. En principio no puedes arremeter, y menos
en caliente, contra los que te van a sacar las castañas del fuego. Sobre todo no
puedes hacerlo a los pocos días. Criticar su actuación, cuando ni siquiera
estabas allí, es un error de principiante. Como es lógico los agentes se
revolvieron y más al saber que les traerán de fuera a un policía
norteamericano para darles lecciones.
Camerón propone censurar
las redes sociales.
Cuando se pierde el control de la crisis y está nos tiene cogidos
por el pescuezo es fácil que ciertos tics antidemocráticos puedan acabar
aflorando. Llega el momento de la censura, la falta de transparencia y el
ocultismo. Justo lo contrario de los que hay que hacer cuando se gestiona
cualquier crisis. Es el momento de la apertura, el reconocimiento de errores y
el centrarse en las acciones positivas. Por supuesto desde la firmeza, pero
siempre amparados en el Estado de Derecho. Lo que parece más sorprendente, si
aún nos podemos sorprender por algo, es que esto pase en la cuna de la
democracia europea. Qué gran error plantear censurar la red o bloquear el Chat
de Blackberry.
Se supone que en un estado de derecho contamos con los instrumentos legales
suficientes para poner coto a los violentos. Y los hay. Más aún si además
sabemos cómo se genera la información en redes sociales.
Las redes de escala
libre y los nodos de gran influencia
Conviene recordar aquí la teoría de “Redes de escala libre”
(Scale-free networks), según la cual algunas estructuras con pocas personas
tienen mucho poder y muchas personas tienen poco. Una red con un origen
horizontal y plano puede convertirse, con velocidad, en una estructura
jerárquica incluso cuando la voluntad de la red es mantenerse plana. Es lo
que les pasó a @elbaradei y @Gonin en la revolución egipcia. De hecho sociólogos
y analistas señalan que en toda revolución acaban surgiendo líderes
carismáticos.
No parece el caso, primero porque no se trata de una revolución sino de revueltas, y segundo porque no hay un aparente afán de protagonismo mediático, lo que no quiere decir que no haya habido líderes. Estos sin duda existen y serán fácilmente localizables en Twitter y FB. Más complejo será seguirles a través del chat de Blacberry, lo cual no significa que no se disponga de tecnología para intervenir las comunicaciones. Sin duda la NSA americana la tiene. La policía de New York ya se ha planteado crear un grupo de especialistas ad hoc. Un campo al que deberán dedicarse ahora los ingleses con más interés. Si se hace bajo el estricto control judicial, y bajo el paraguas de un estado de derecho, bienvenido sea. Nuestras fuerzas de seguridad, dotadas de magníficas unidades de delitos tecnológicos, no se van a aburrir en los próximos años.
No parece el caso, primero porque no se trata de una revolución sino de revueltas, y segundo porque no hay un aparente afán de protagonismo mediático, lo que no quiere decir que no haya habido líderes. Estos sin duda existen y serán fácilmente localizables en Twitter y FB. Más complejo será seguirles a través del chat de Blacberry, lo cual no significa que no se disponga de tecnología para intervenir las comunicaciones. Sin duda la NSA americana la tiene. La policía de New York ya se ha planteado crear un grupo de especialistas ad hoc. Un campo al que deberán dedicarse ahora los ingleses con más interés. Si se hace bajo el estricto control judicial, y bajo el paraguas de un estado de derecho, bienvenido sea. Nuestras fuerzas de seguridad, dotadas de magníficas unidades de delitos tecnológicos, no se van a aburrir en los próximos años.

