¿POR QUÉ EN LA ERA DIGITAL Y DE
MAXIMA CANTIDAD DE MEDIOS NOS SENTIMOS INCOMUNICADOS?
La comunicación en
la era digital se ha vuelto realmente dificultosa y aunque parezca una
contradicción, la introducción en la vida diaria de la digitalización ha ido en
desmedro de las comunicaciones interpersonales.
Es sencillo observar
cómo las personas hemos ido abstrayéndonos del entorno con el fin de leer un
mensaje de texto, mirar el celular por las dudas que no lo hayamos escuchado
sonar, sentarnos en la computadora por horas dando vueltas por redes sociales o
simplemente sentarnos absortos ante un televisor full HD.
Ahora bien, el argumento
más mencionado por todos es: si hay más maneras de comunicarnos ¿por qué
estamos tan incomunicados?
EL PROCESO COMUNICACIONAL
El tradicional
circuito que cumple un proceso de comunicación tradicional es
emisor-canal-receptor. Al producirse una respuesta del receptor se genera el
denominado Feedback o ida y vuelta de la comunicación. Puede darse por varios
medios o canales pero antes de la invasión de estructuras comunicacionales como
las que conocemos hoy, el hombre mantenía, en primera instancia, una comunicación
mano a mano, persona a persona: para decirlo en términos modernos ANALOGICA.
Desde una modesta
carta enviada por un chasque hasta un papel que viajaba en barco por meses,
hacían que hombres y mujeres se sintieran “cerca”, que el mensaje fuera
transmitido y recibido de forma personal, humana, más directa pese a las formas y los tiempos de demora del canal
que se utilizara. Era, por llamarlo de una manera, punto a punto.
APRENDIENDO A ESCUCHAR
¿Es lo mismo
escuchar que oír? No.
¿Es lo mismo leer
que comprender? No.
Escuchamos cuando
nuestra atención y nuestro cerebro se concentran en el mensaje que recibimos.
Si alguien nos habla y sabemos decodificar correctamente lo que nos está
diciendo; comprendemos si leemos y entendemos fielmente lo que dicen las
palabras.
Esta salvedad vale
al caso de lo que expresamos, cómo lo hacemos y de lo que leemos y no
entendemos.
REDES SOCIALES
Debido al auge de
las redes sociales hemos adquirido la facilidad de expresarnos en su máximo
esplendor: decir cómo amanecimos, qué cocinamos, qué nos duele, que iremos de
paseo, mostramos las fotos de ese paseo, escribimos directas e indirectas,
compartimos pensamientos ajenos que nos representan, etc., etc. De esta manera
creemos firmemente que nos estamos comunicando. Sin embargo lo que estamos
haciendo es utilizar una herramienta de comunicación que no siempre cumple el
fin último de ella que es el Feedback. El mensaje que emitimos tiene una sola
dirección, lo escribo y por tanto lo impongo, hasta que alguien del otro lado
pone un “like” y todos contentos.
¿Qué sucede en este
caso? Millones de personas se encuentran en un mismo canal diciendo cosas al
mismo tiempo sin comprenderlas entre sí, siendo analógicos en un campo digital.
Al ser un medio que
necesita de la escritura, cada lector le da al mensaje la entonación que se le
ocurre, por tanto, lo comprende (si quiere) como se le ocurre. A esto se suma
el apuro por leer más y más mensajes (post) y leer en un minuto 20 pensamientos
ajenos sin comprender demasiado ninguno.
El fenómeno que
produjeron las redes sociales es el hecho de imponer un mensaje. Ese es el gran
factor motor de muchos otros: el morbo de ver la vida ajena, fomentar el re
encuentro de personas, exacerbar las cualidades personales aunque sean medias
verdades, en resumen: expresarse con poder. Se escribe en un muro personal o en
140 caracteres lo que se quiere, guste o no. Libertad de expresión sin límites
pero ¿nos estamos comunicando? De hecho y a lo sumo, nos estamos INFORMANDO.
Recibimos
información de otras personas pero la información es liviana y perecedera. Nosotros,
en tanto, informamos sobre tal o cual cuestión que para los demás será liviana
y perecedera.
Estar informado ¿es
estar comunicado?
CREANDO NECEIDADES
En ese aluvión de
informaciones que recibimos impera, sin embargo, la libertad de elegir qué
información procesamos. De la misma manera que vamos a un kiosco y buscamos el
diario que más nos gusta, leemos portales en internet que se ajustan a nuestros
intereses o miramos determinados canales de televisión, la lectura de las redes
sociales crea también un efecto parecido a la publicidad: crea necesidades que
no tenemos.
Mirando un perfil se
descubren vacaciones paradisíacas de un conocido, se conoce una casa hermosa de
un amigo, un celular nuevo, una televisión curva, ropa, electrodomésticos,
zapatos…de todo. Y ese todo es absolutamente deseable: tan deseable que para
muchos es una nueva necesidad que sobrepasa el capricho. No siempre es realizable
pero se aspira a algo que antes no estaba presente. Nuevamente se impone un
mensaje.
CAMBIÓ EL SISTEMA
Mucho se analiza la
relación interpersonal, cara a cara, analógica. Se dice que cuando dos personas
se encuentran no dialogan, monologan.
Este fenómeno se da
debido a que el cerebro ha aprendido a funcionar al igual que en el mundo
digital: enviando el mensaje sin escuchar el retorno. Lo que se busca es
imponer una idea, una posición, una realidad (subjetiva) ante la realidad
(también subjetiva) del otro. Hay personas que cuando se encuentran y las escuchamos
con atención notamos que no saben dialogar. De hecho uno termina dudando si
realmente entendieron algo de todo lo que se dijeron. Se oyeron y quizá no se
escucharon. Se dieron informaciones mutuamente pero ¿se comunicaron?
UNA SOLUCION POSIBLE PARA PODER COMUNICARNOS
Y bien, ¿cómo
hacemos para retomar el camino higiénico y fructífero de la comunicación
interpersonal?
Una instancia que
puede parecer antigua, prosaica y hasta desgastada en los anaqueles es LEER.
Pero no una pantalla sino una página de papel. Leer un clásico de la
literatura, un best seller de amor, la revista de moda o el manual del
televisor. ¿Por qué puede ayudar a mejorar la comunicación? Porque leer implica
la necesidad de comprender, detenerse en cada palabra y saber decodificar lo
que el autor nos está diciendo.
Si volvemos a las
fuentes probablemente le quitemos velocidad a nuestro cerebro y podamos mejorar
las relaciones interpersonales, tanto afectivas como laborales, porque la
lectura merece un tiempo, un momento, un lugar y nos obliga a frenar el trajín
digital. Si sabemos frenar para leer probablemente también sabremos interactuar
con otros y hacer efectiva la comunicación porque habremos entrenado al cerebro
en la gimnasia de entender y comprender.
Quizá no sea la
única opción pero por algo podemos empezar.-
Anailen Nassif Gopar. @anailenprensa
14/09/15