Guatemala es un país que décadas atrás y luego de salir de las tragedias de la dictadura militar y la guerra civil, reinició su camino democrático con una serie de partidos de corte ideológico más o menos estables. Pero a medida que la corrupción, el descontento generalizado, la impunidad, el irrespeto de los gobernantes a los derechos humanos y la libertad de expresión, así como la demolición de las instituciones, fueron asomando la cruda realidad cotidiana, terminó en lo que es hoy.
Ese país centroamericano vive un sistema de partidos políticos que sucumbe una vez agota su permanencia en el poder. Y los partidos gobernantes tienden a desaparecer a la siguiente elección. Amén de la desaparición hace rato de los mal llamados partidos tradicionales, que iban desde la ultra derecha hasta la ultra izquierda.
El espectáculo que se vivió en la instalación de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional de Diputados de Panamá el pasado 1 de julio no deja otro diagnóstico que la guatemalización de nuestro sistema democrático.
Todo lo sucedido ha dado como resultado por un lado la implosión del Partido Revolucionario Democrático, principal de la oposición y la perplejidad de los seguidores del Partido Popular por su posición curvilínea en los aciagos hechos.
Por el otro lado, el debilitamiento hasta los cimientos del liderazgo del Presidente del Partido Panameñista y actual Vicepresidente de la República, Juan Carlos Varela, cuya única base de sustentación por el momento es lo que representa dentro de la alianza de gobierno y la posibilidad cada vez mas remota de ser candidato oficialista.
Por último está
el aspirante a paquidermo político, Cambio Democrático, principal
partido del gobierno, cuya principal figura, el Presidente Ricardo
Martinelli ha sido acusado por los opositores y amplios sectores de la
sociedad civil de lo mismo que describo arriba con el caso de
Guatemala. Su base de sustentación actual es un populismo que puede ser
de izquierda, centro o derecha según el día y la conveniencia.
¿Qué queda?. Me temo que los panameños llamarán al Chapulín Colorado para que gobierne el país desde el 2014. Un personaje parecido a Chávez o a Fujimori, que acabará del todo con el sistema actual de partidos políticos y gobernará con el hambre de los más pobres y la ambición de los más ricos. ¿A que no adivinan quién lo puede evitar?
(publicado en el Diario Panamá América 7.7.11)