Es mayo 31 de 2013 y
la Jueza Gloria Ana Chevesich está incorporada a la quina que se presenta al
Senado para su ascenso a la Corte Suprema. Es la culminación de una carrera
impecable, casi heroica, que la enfrentó a los poderes fácticos de mayor peso
en nuestra imperfecta democracia, enviudando en el curso de ese derrotero. Este
artículo lo escribí y publiqué en julio de 2010.
Gloria Ana Chevesich, un homenaje ciudadano por su compromiso con
la justicia.
La jueza Gloria Ana Chevesich Ruiz, Ministra de la Corte de Apelaciones de
Santiago, una ejemplar servidora pública del Poder Judicial, Magistrada que tuvo a
cargo por más de siete años uno de los casos emblemáticos de corrupción en
Chile. El Caso MOP GATE, MOP CIADE, en donde altas autoridades de
exclusiva confianza del gobierno de Ricardo Lagos, se coludieron con agentes
operadores del sector privado para organizar una triangulación de recursos
públicos, mediante la sobrevaloración de obras públicas y pagos por servicios
ficticios prestados por la propia Universidad de Chile y la Consultora GATE. En
definitiva, la sentencia emitida describe como una bien aceitada máquina de defraudación
fiscal, que en su momento se quiso justificar como “sobresueldos”, produjo una
pérdida por fraude y estafa al Fisco que alcanza los 1200 millones de pesos,
cuyo destino final pudo ser, aunque no se logró probar en la causa, el
financiamiento de campañas políticas.
Este ardid para robar fondos del Estado habría partido con pagos de
sobresueldos siendo Ricardo Lagos Ministro de Obras Públicas del gobierno de
Eduardo Frei Ruiz Tagle. Posteriormente, durante su período presidencial, su
Ministro de Obras Públicas, Carlos Cruz, fue el principal imputado de esta
investigación.
La Ministra Gloria Ana Chevesich dictó una sentencia de 3 años de pena
remitida sin privación de libertad para el ex ministro de Obras
Públicas, Carlos Cruz y de 5 años de presidio remitido para Sergio
Cortés, ex jefe de finanzas de esta cartera.
En el aspecto civil se acogió la demanda deducida por el Consejo de Defensa
del Estado y se condena a los acusados a pagar lo siguiente: Carlos Enrique
Cruz Lorenzen la suma de $ 799.142.217, Sergio Cortés Castro la suma de $
777.842.217; Roberto Salinas Briones la suma de $ 133.700.000; Héctor Peña
Véliz la suma de $ 777.842.217; Héctor Quiroz Astorga la suma de $ 350.177.717;
Ramón Silva Améstica la suma de $ 57.925.617; Luis Antonio Jara Núñez la suma
de $ 150.390.000; Eduardo Bartholin Zanetta, Gonzalo Castillo Navasal y Nassir
Sapag Chaín la suma de $ 21.300.000; Oscar Araos Guzmán la suma de $
543.562.836, y María Dolores Rufián Lizana la suma de $ 307.573.953, de manera
solidaria.
En el largo camino a esta sentencia, la Ministra Chevesich tuvo que soportar
intensas y soterradas presiones, tuvo que conocer del robo artero de un
computador clave desde el MOP, enviudó luego que su marido sufriera un ataque
cerebral, fruto talvez de las presiones que vivía el matrimonio en el tenso
período de formalización de los inculpados; la funaron con paños negros
familiares de los imputados y funcionarios del Ministerio de Obras Públicas.
Frente a toda esta presión, la jueza Chevesich, con su
característica figura menuda y de lentes, como de recién titulada de Derecho,
fue capaz de ejercer su autoridad con apego estricto a la ley, mesurada, pero
firme y tenaz al ir abriendo sus cuadernos con las ramificaciones que iba
alcanzando el caso. Sabiendo que su actuar establecería un hito en la
aplicación de justicia en Chile, ya que, por vez primera, se dictaría
sentencia en un caso de corrupción en el ámbito de las Obras Públicas, con las
repercusiones que de ello pueden derivarse a futuro.
El Caso MOP GATE y MOP CIADE debieran integrar la malla curricular de
las carreras de Derecho, Auditoría y de Administración Pública de nuestras
universidades, ya que representa un verdadero laboratorio sobre la ingeniería
administrativa de un delito de corrupción de marca mayor, cuyos ribetes exceden
con creces el alcance mismo de la sentencia y debieran ser analizados y
desmenuzados al trasluz de las ciencias políticas, para que, al transparentarse
la forma cómo se vertebró esta máquina delictual, se aprenda para evitar a
futuro que se reiteren estos riesgos en el aparato público.
Si se recuerda el contexto político de la época en que estalló este
escándalo, se observará que Longueira y Lagos se reunieron para analizar el
tema a puertas cerradas, ya que tenía “connotaciones de Estado”. Vinieron luego
una serie de normativas que se instalaron con aires fundacionales, pero que en
el fondo recrearon las viejas reglas republicanas que enmarcaban en derechos y
obligaciones el correcto actuar de los funcionarios públicos, las prohibiciones
e inhabilidades que enmarcaban su función pública. Es decir, reiterar con bombo
político precisamente las normas del Estatuto Administrativo que se
incumplieron para la comisión de los delitos sancionados por la sentencia
judicial de la Ministra Chevesich. Sin embargo, desde el punto de vista político
un salvataje mediático y un acuerdo político que algún día se conocerá,
entre el líder UDI Pablo Longueira y el Presidente Ricardo Lagos,
quizás un pacto para que las instituciones no colapsaran, con el riesgo
que ello implicaba,
La sentencia llegó después de 7 años, habiendo transcurrido el cuarto
gobierno de la Concertación y en momentos en que el tema corrupción sigue en
primer plano en la contingencia actual, con nuevos casos que hacen presumir que
las malas prácticas han seguido afectando el interés general y el Estado
siendo la víctima de acciones dolosas para defraudarlo. Sin ir más lejos,
tenemos en plena investigación el escándalo de robos en el GORE de Valparaíso,
en donde la acción de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados y la
acción propia de la Fiscalía, han hecho trascender la existencia de una
concertada organización para delinquir, robando fondos públicos con proyectos
inexistentes o proyectos sobrevalorados.
Como la amenaza de extensión de la corrupción es una realidad que puede
avasallar a las instituciones públicas y privadas, la labor de la Justicia es
fundamental. Por ello, la labor abnegada y profesional de jueces como la Magistrada
Gloria Ana Chevesich, generan una esperanza de que se podrá arrinconar a los
corruptos, provengan de donde provengan, que no habrá impunidad frente a
acciones dolosas que hayan perjudicado o perjudicaren el interés general.
Que se terminará el tráfico de influencias y que el Estado podrá
fortalecer su capacidad reguladora y fiscalizadora con funcionarios que tienen
principios claros y se comprometen de manera republicana con el sano
funcionamiento del Estado.
A la jueza anticorrupción, Gloria
Ana Chevesich, el homenaje ciudadano. Muchas gracias, Ministra.
Atacama, 11 de julio de 2010.