Continuar con una limpieza profunda de la Iglesia, respaldado en sus
fieles, parece ser la misión que se ha propuesto el Papa Francisco, jesuita,
argentino, confidente de Benedicto XVI, un sacerdote de cuño conservador
contrario a la Teología de la Liberación y parte de la curia
promovida por Juan Pablo II dentro de la Iglesia. Con votos de pobreza ha dado
señales de cambio dentro del Vaticano, modificando de hecho tradiciones
protocolares en que el oro era evidencia del poder.
Usando anillos de cobre y sillón de madera, ha asumido el pontificado que
pretende ir a las causas profundas del deterioro de la Iglesia: la tolerancia y
encubrimiento de los abusos sexuales a menores; encarar los
escándalos de lavado de activos que se ha detectado en el Banco Vaticano y
defender la posición de la Iglesia frente a las legislaciones que buscan
legalizar el matrimonio homosexual. Enfrentar la corrupción de
curas pedófilos al interior de la Iglesia y sus múltiples colegios en el mundo,
sumada a las redes de encubrimiento, provocaron el peor pecado que Jesús
sancionara: atentar contra los niños. El Papa Francisco deberá remontar lo que
su antecesor no pudo enfrentar.
El Banco Ambrosiano fue un banco italiano nacido en Roma, que se derrumbó
estrepitosamente en 1982. Lo dirigía su presidente, Roberto
Calvi, perteneciente a la logia masónica ilegal Propaganda
Dos, conocida más comúnmente como “P2”. El Banco del Vaticano era el accionista
principal de Banco Ambrosiano, siendo acusado de canalizar fondos secretos de
los EE.UU al sindicato polaco Solidaridad y a los Contras en Nicaragua. Las
redes que Calvi creó convirtieron al llamado Banco de los Sacerdotes en una
máquina financiera y de inversiones que incluía paraísos fiscales y
vinculaciones con mafias, tráfico de armas y otros delitos. Sacar a la
Iglesia de las vinculaciones impropias con el dinero es otra titánica tarea del
nuevo Papa.
Finalmente, enfrentar la escalada de legislaciones permisivas que van en
contra de los conceptos heterosexuales de matrimonio y de la defensa de la vida, es un
ámbito en que la Iglesia debe recuperar una voz legítima. La
debilidad que le han causado a la Iglesia las situaciones
comentadas, ha dejado espacio a corrientes seudo progresistas laicas que
toleran el libertinaje en materia de sexualidad y drogas, buscan leyes
feministas de aceptación del aborto como decisión de la mujer desprotegiendo al
feto. En especial esto se ha dado en Argentina por las leyes anti familia que
ha impulsado Cristina Fernández , lo que significa un conflicto en
el cual el Papa Francisco ha jugado un rol de defensa de los valores
cristianos.
La Iglesia recurre en su profunda crisis de credibilidad a su mayor reserva
moral: los jesuitas, siempre díscolos, siempre críticos. Con este papado
jesuítico se juega a la recuperación de la esencia cristiana y quizás en ese
propósito la Iglesia llegue a eliminar el celibato, que se impuso
principalmente por consideraciones económicas para que los bienes de la Iglesia
no se diluyeran en la herencia de las familias de la curia. Es una luz de
esperanza, recuperar el camino auténtico de Cristo y hago votos para que ello
ocurra.
Periodismo Independiente, Semana Santa 2013 @hnarbona en Twitter.
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