Practicar la tolerancia no significa
resignar los legítimos intereses, sino impulsarlos con la comprensión cabal de
que habrá que anticipar conflictos, imaginando cómo resolverlos con la mayor
equidad. Salir de la suma cero, de la opción que busca ganar demoliendo al
otro, es el desafío que hoy enfrenta el estado de chile frente a la escalada de
violencia que comienza a imperar en la Araucanía.
Todos portamos nuestros lastres,
nos relacionamos condicionados por nuestros prejuicios, por nuestra conceptualización
del mundo. Sobre todo, aquellas comunidades y generaciones que fueron
remecidas por la utilización de la fuerza, por el miedo impuesto como palanca
de dominación, por los exacerbados ideologismos, por la confrontación
posicional de ópticas diferentes, de intereses que
se impusieron a raja tabla, en fin, por situaciones rupturistas
que troncharon la vida cívica de los pueblos.
Actuar sin
prepotencias, buscando como valor la reciprocidad, buscando con creatividad
opciones que concilien y complementen tales intereses, conduce a una
estabilidad en sus relaciones. La
confianza que necesitan las relaciones entre personas y organizaciones, pasa
por hacer explícitos los intereses que pretenden alcanzar las partes y
comprender sus límites.
Aprender a
compartir lleva a la construcción de relaciones equilibradas, de una
creciente colaboración. En este contexto, el rol principal del Estado Moderno
debe ser precisamente la desconcentración del poder para que el ciudadano
pueda ejercer su protagonismo en espacios más explícitos de concurrencia, como
lo son las comunas, barrios y organizaciones no gubernamentales de ámbito
local. En la expectativa de esta modernización, el Estado debe ir regulando
marcos gruesos o globales para que se procure un mayor equilibrio,
transparencia y claridad en las actividades de los privados. La planificación participativa, que corresponde a este
estilo de relacionamiento, se basa precisamente en un sistema pluralista de
negociaciones que integre intereses en proyectos consensuados.
El liderazgo que debe ejercer la
autoridad, deberá buscar precisamente este tipo de acciones en la comunidad. No
se puede resolver un conflicto histórico sin una inversión medular y permanente
que rompa los círculos viciosos de resentimiento, abusos, prepotencia y sordera
para escuchar y comprender al otro. El Estado de Chile tiene en
Araucanía la región más pobre del país y la solución al conflicto mapuche
demandará un gasto mayúsculo en inyectar un progreso participativo, que llegue
a las comunidades, protegiendo su identidad.No repetir los errores de la
República que aplicó guerras de exterminio contra pueblos originarios
precolombinos. Pensar en que somos un país pluri étnico y que podemos convivir
y compartir en paz, resignando dolores del pasado, pero enmendando la plana al
crear futuros más justos para todos.
En definitiva,
para mejor participar en la vida ciudadana, los grupos de interés deben
cambiar los estilos de presión y fuerza, por aquellos que, sustentados en el
pluralismo y la tolerancia, se encaminan por el camino inteligente de la
negociación.
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Periodismo
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