Refranes
Literatura | 12/03/2026

REFRANES

Vicente Adelantado Soriano

Ni siquiera estaban dispuestos a escuchar la voz de quien quisiera decir algo distinto1.

Demóstenes, Discursos. Sobre la corona.

Aquella mañana me desperté con pocas ganas de salir a caminar. Estaba cansado. Tampoco me apetecía mucho ponerme a leer o a traducir. También estaba cansado de los libros y de los diccionarios. Tenía uno de esos días en los cuales se haga lo que se haga no se logra sino fastidio y disgusto. Decidí tomármelo con calma. Así, pues, desayuné, bajé a comprar el pan, y, de paso, di un breve paseo por el barrio. Las calles estaban desiertas. Hacía frío. Un cielo negro amenazaba lluvia inminente. Apenas circulaban coches. Volví a casa dándole vueltas a qué podía hacer, o a dónde podría ir a fin de terminar con tan molesta desidia. No me apetecía nada: todo me producía hastío y pereza. No obstante, saqué un libro de Plutarco e intenté releer la vida de Marco Antonio, su relación con Cleopatra y la batalla naval de Actium. Tenía la idea, y la sigo manteniendo, de que aquella batalla no había tenido lugar. Quería corroborarlo una vez más. Lo que fuere con tal de salir de aquel incómodo y molesto desasosiego.

Releyendo a Plutarco cuestioné, como venía haciéndolo desde tiempo atrás, el relato de Virgilio sobre el famoso enfrentamiento, la última gran batalla naval de la antigüedad. Al mismo tiempo echaba pestes sobre la visión impuesta por Hollywood sobre estos y otros sucesos. En esas me hallaba cuando sonó el móvil. Era mi vecino. Estaba pasando por una situación similar a la mía. Para vencerla me invitaba a tomar un par de copas, a dar un largo paseo, si la lluvia lo permitía, y a comer en un restaurante no muy concurrido. Era especialista en dar con este tipo de locales. Acepté de buena gana. De hecho ya estaba en la puerta de su casa a los escasos cinco minutos de haberme llamado.

-Un día tonto, ¿no? - me dijo nada más saludarme.

-Bueno. Ya pasará. No nos ofusquemos.

-Nada más lejos de mi intención.

-Pues eso. Seamos estoicos y aceptemos las cosas como vienen. Aunque tal vez podamos darles un toque especial. Por lo pronto, está lloviendo y no podemos salir a pasear.

-Hay vino en la despensa. Que llueva cuanto quiera. Y sí, eso del estoicismo me gusta. Voy a por una botella y a por su acompañamiento. Con jamón y vino haremos más llevadero este camino.

Volvió al cabo de unos minutos con una botella, las copas y un plato repleto de lonchas de jamón y queso. Dimos buena cuenta de todo ello.

-Estaba pensando en estos momentos de desidia -dijo tras brindar- en las noticias recientes. Leídas en la prensa. Me refiero a todas esas acciones llevadas a cabo, todavía perduran, en las calles y en los lugares públicos. Por por parte de la derecha y de la extrema derecha, y acólitos. Por supuesto en contra de ciertas decisiones políticas, aborto, amnistía, y de algunas obras de teatro nada mojigatas y algo impías. Ante tantos horrores y errores, según ellos, organizan el rezo de rosarios y manifestaciones ante las sedes de determinados partidos políticos o más rezos ante las puertas de los cines ¿Ha oído usted algo al respecto?

-¿Cómo no? -apunté- Como dijo no sé quién, oír una sinfonía de Beethoven o de Mozart, exige dedicación y empeño. Por el contrario, oír los zumbidos de algunos llamados músicos no pide sino tener oídos. Sus ruidos y rugidos están allá por donde uno vaya. Lo mismo sucede con las tonterías y estupideces de los políticos y de sus seguidores. Es subir al ascensor y enterarte de la última ocurrencia o del último bulo de fulanito o de menganito, coreadas por los incondicionales. Imposible huir de tamañas sandeces.

-Sí, es cierto -dijo sonriendo-. Podíamos decir que de lugar cambiarás y de necedades varias no escaparás. Todo esto me está recordando mi ya lejana juventud. Cuando tenía veinte años, más o menos, en este país se estrenó una película más bien floja, Jesucristo Superstar, ¿la ha visto usted?

-No. No la he visto.

-Es una versión un tanto peculiar de Cristo. Con mucha música pop y poca molla. Pero el beaterío del país se tomó a mal la imagen que daba la película de Jesús. Una especie de hippie medio enamorado de María Magdalena. En las puertas del cine, por lo tanto, y en las del teatro, cuando se montó el musical, y quizás también en las del infierno, se organizaron manifestaciones, rezos, rosarios, jaculatorias y no sé cuántas tonterías más… Hoy puede ver la dichosa película en la televisión, a cualquier hora y en cualquier canal, sin que nadie vaya a rezar a la puerta de su casa. Le ahorro las sandeces y ocurrencias del beaterío sobre El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman. Tampoco la habrá visto usted, naturalmente.

-No, no señor. No la he visto. Reconozco mi ignorancia. El cine es una de las tantas asignaturas pendientes de este pobre penitente. Perdóneme.

-Yo sí la vi -respondió sin hacerme ni caso-. Es una película bellísima. En ella unos pastores violan y matan a una joven doncella, casi una niña… El padre, tras asesinar a los pastores, abraza la cabeza de su hija, abandonada en medio de un bosque, en tanto increpa a Dios. La respuesta de éste, que bien podía haber evitado la violación y el asesinato, es el nacimiento de un manantial bajo el cuerpo de la niña… Pues bien, el beaterío patrio no vio o no quiso ver el milagro. Para ellos solo existía la violación, que los ponía a cien.

-Cada uno en esta vida ve y oye lo que le interesa ver y oír. Dime lo que ves y te diré quién eres, podríamos decir, parafraseando el refrán, como ha hecho usted antes.

-Efectivamente. Pero muchas veces quienes protestan, el coro de la patata, hablan sin haber leído la Constitución, ni visto la película en cuestión, ni la obra de teatro. Ven no lo que quieren ver, sino lo que les dicen que vean. Rezan el rosario donde les mandan y repiten las consignas de quienes los mueven. Rezando se manifiestan en contra de la ley de amnistía cuando su jefe de filas dijo aquello de “perdonad y seréis perdonados”. Ellos perdonan solamente a quienes deberían atarles una rueda de molino al cuello y arrojarlos al mar. ¿Dónde está el pretendido cristianismo? En fin, dime de qué presumes y direte de qué careces. Eso sí, se desgañitan clamando contra lo que no saben ni entienden. Dijo don Antonio Machado que si cada español hablara de lo que realmente sabe se produciría un silencio tan grande que lo podríamos aprovechar para el estudio.

-En eso de hablar de cuanto se ignora tiene razón: somos un país de doctos. Sin haber abierto un libro, que ya es mérito. Aquí cuando estalla una polémica, por parte de los necios de los políticos, sobre la restauración de un teatro romano, por ejemplo, ya tiene usted a todo el personal, movido por oscuros politicastros, sabiendo de teatros, orquestas y caveas, coros y escenarios. Sin haber visto ni leído una obra de teatro en su vida, por supuesto, y menos una tragedia griega o romana. Se madrugan luego los ineptos de los políticos con las lenguas y los dialectos, a falta de imaginación y proyectos con sustancia, y aparecen filólogos hasta debajo de las piedras. Y no le digo nada con respecto a las vacunas. Han surgido tantos enterados en la materia que todavía me hago cruces de que el único premio Nobel del país, en medicina, fuera don Santiago Ramón y Cajal. Por Dios, aquí, pese a la sequía, surgen médicos y boticarios como setas… Bueno, no sé si le dieron el Nobel de medicina o de algo relacionado con ella.

-Da lo mismo. Lo entiendo. Ahora bien, y redundando en cuanto dice usted, no deja de asombrarme que un mundo cada vez más abierto, más conocido, con más información, todavía se sigan con estas ideas y estas necedades. Claro, tenemos un refrán muy clarficador al respecto: “tonto en su villa, tonto en Castilla”. ¿Para qué quieren Internet ni un millón de publicaciones sobre teatros, lenguas o vacunas, si son unos necios que no entienden nada de cuanto leen? Suponiendo que lean algo. Sí, van a Cancún y las cataratas de Iguazu, ¿y para qué?

-Para hacerse la foto. ¿Le parece poco? Pero eso, querido amigo, ya lo criticaba Séneca: es inútil leer y salir del país si uno va siempre consigo mismo y es incapaz de ver y oír otras voces. De comprender otras formas de ver y actuar… Otras culturas o visiones, en una palabra. El dogmatismo, en el fondo, no es sino miedo y miseria mental. Lo malo es que está muy extendido. Es una mancha de aceite en continua expansión.

-El hombre es el único animal que tropieza, una y otra vez, con la misma piedra.

-Podríamos aprovechar el mito de Sísifo. En vez de hacerlo subir una enorme roca a lo alto de la montaña, de donde vuelve a caer, hacerlo caminar, y tropezar, día tras día, con el mismo ripio.

-En un caso y otro el mensaje está claro, ¿no cree? Nada nuevo bajo el sol, lo dice la Biblia. O, si quiere, lo que fue antaño es cuanto sucede hogaño. Lo que es, fue y será, en lenguaje bíblico.

-¡Ah, querido amigo! Estamos advertidos desde la antigüedad, y por diversas fuentes. El emperador Marco Aurelio también dice lo mismo:”Nada nuevo: todo es habitual y efímero”. Por lo tanto no se extrañe del rezo de más y más rosarios aquí y allá. Por quienes no saben ni a quien se dirigen. Les sobra con eso o con gritar, saltar y danzar.

-¡Dios mío! ¿No le parece descorazonador? Es como un burro dando vueltas eternamente a la noria sin sacar agua.

-Lo descorazonador es que hagamos mala sangre por querer sacar agua de donde no la hay. Nadie da lo que no tiene. Dejemos, pues, de girar en torno al pozo.

-¿Y qué hacemos?

-Por lo pronto irnos a comer, que, como dijo usted alguna vez, tripas llevan pies, y no al revés. Y como está lloviendo -dije tras mirar por la ventana- pido un taxi, ¿le parece?

-Me parece muy bien. Luego cuando volvamos -dijo sonriendo aviesamente- trataré de aminorar su ignorancia. Le pondré en la tele, El manantial de la doncella. Si le apetece, claro. Y si no se me pone a rezar.

-Ya no me acuerdo de hacer eso. Esté tranquilo.

-Lo estoy. Pero aún así me parece un detalle por su parte.

-Todo sea por la sacrosanta amistad.

-Así sea.

1Demóstenes, Discursos Políticos. I. Sobre la corona, 43. Biblioteca Gredos, Barcelona, 2007. Traducción de A. López Eire.


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