Proyectos
sociales y emprendimientos asociativos
En medio de la crisis que
atraviesa las mayores economías del mundo, se abunda en diagnósticos que, como
común denominador, rechazan las bases mismas del sistema neoliberal, del
capitalismo globalizado del Siglo XXI. Se han masificado en el orbe,
movimientos sociales que expresan el descontento transversal, son los
indignados de 15M, son los jóvenes que se abstienen de participar en los
partidos políticos y en las elecciones; son los estudiantes que no ven futuro y
que están sobre endeudados antes de salir a trabajar; son la clase media,
heterogénea, trabajadora, con muchos acostumbrados al alero protector del
Estado, una generación consumista hasta el límite, contaminada en su ADN por el
individualismo.
¿Cómo
articular asociatividad en una sociedad individualista y consumista?
Es la gente común y
corriente que pierde su empleo, enfrentando dos alternativas: o cae en la
depresión y la angustia o genera nuevas y escondidas energías para remontar.
Una clase media que debe ingeniárselas para sobrevivir, que no puede esperar
los cambios estructurales, que debe generar recursos. De esa realidad que cruza
la sociedad, podría surgir una masa crítica para articular una economía
alternativa, que rompa las presiones del establishment.
Puedo afirmar que sobre esto
hay una amplia expertise en las comunidades de base de América Latina, en
cámaras empresariales principalmente. Desde 1974 a 1994 funcionó en América
Latina y el Caribe, el Centro Interamericano de Comercialización de OEA,
proyecto auspiciado por la Fundación Getulio Vargas, de Rio de Janeiro, cuya
misión era apoyar y promover la internacionalización de las medianas empresas
latinoamericanas, para lograr revertir sus términos de intercambio y alcanzar
una gerencia que dirigiera los proyectos productivos hacia mercados externos,
en un marketing estratégico que privilegiara la asociatividad y la cooperación.
El contexto global del comercio marca actualmente que las dos terceras partes
del intercambio mundial se produce entre empresas vinculadas o relacionadas
bajo la figura de entidades corporativas. Esta concentración de la riqueza deja
estrechos espacios para el pregonado comercio libre de la doctrina neoliberal,
convirtiéndose en un lugar común, la tendencia a la conformación nuevos
oligopolios o monopolios, dumping o retorsión en los mercados. Es decir, la
praxis neoliberal está cada vez más lejos de la libre concurrencia.
Fui consultor de CICOM desde
1986 y tuve oportunidad de recorrer América Latina difundiendo una opción para
salir a los mercados externos. Los proyectos asociativos, tales como las
cooperativas, los consorcios o los joint ventures, son en general, formas de
cooperar en función de un objetivo e interés común. Esto es opuesto a las
estrategias depredadoras de los conglomerados que buscan destruir la
competencia, absorberla o forzar fusiones, buscando así ocupar todos los
espacios, excluyendo a los que no controlan. Una dialéctica perversa que les
permite concentrar poder y compartir, en definitiva, el mercado entre muy pocos
oferentes. Ese poder económico tiene vectores hacia la política, la academia y
los consumidores.
Frente a esta realidad,
aparecen a nivel global las pequeñas y medianas empresas, marginadas metódicamente
de las fuentes de crédito que existen en los sistemas bancarios y en los
mercados de capitales, víctimas de un sistema financiero que las castiga y
margina, bajo la falacia de que son clientes de riesgo. Una gran mentira
instalada, ya que las personas en general pagan y honran sus deudas, y han sido
las ingenierías financieras perversas y corruptas de grandes operadores, las
que han arrastrado a la crisis a todo el planeta, en todas las últimas crisis
globales.
En los esfuerzos políticos
progresistas por reducir las brechas entre los sistemas corporativos globales y
sus encadenamientos productivos, respecto de la economía doméstica y local,
aparece como una doctrina alternativa la
estrategia asociativa de base social. Que significa poder articular
capacidad asociativa para actuar sobre la oferta y la demanda.
En cuanto a la oferta, la
idea es consolidar paquetes de negocios compatibles para optimizar una gestión
de comercialización conjunta que permita la colocación de esos productos en
determinados mercados metas de mediano porte. De esto hay muy buenos ejemplos a
través de ONGs europeas que canalizan apoyo para organizar proyectos de base
comunitaria. Proyectos articulados desde la base local en lugares como La Paz,
Catacaos o Ambato, agrupando talleres familiares bajo diseño europeo, con
exportaciones mensuales que se focalizan en boutiques de buen nivel y de sesgo
ecologista, con sello verde. También aparece, en lo asociativo, la organización
activa de los consumidores que jaquean las máquinas de marketing oficiales,
para construir opciones relativamente independientes. Allí aparecen como
alternativas, el comercio justo, los clubes de trueque, donde las personas
cambian productos, donde se realizan ventas de garaje de carácter comunitario,
con ferias itinerantes por diversos barrios y una red que se va tejiendo
gradualmente.
También aparecen las
experiencias de consumidores que se agrupan para contrarrestar el poder de los
monopolios, las trampas financieras del retail, el peso oligopólico de firmas
que se coluden para perjudicar a los consumidores. Comprar juntos en bodegas
mayoristas significa saltar los canales de comercialización habituales,
logrando economías que se comparten entre los miembros de un club. Las
experiencias asociativas son el terror
de los monopolios, su publicidad engañosa busca borrarlos. Sin embargo,
es en períodos de crisis cuando se puede incentivar la creatividad social,
ejercer dentro de las reglas de una sociedad de mercado, la soberanía del
consumidor organizado, de las cooperativas o empresas que complementan
esfuerzos y competencias.
De esta forma, es necesario
pasar del desencanto a la acción. No incubar depresiones o esperar milagros.
Hay que entregar poder a las comunidades organizadas, ejerciendo la soberanía
de las redes sociales. Pero no para marchar y conflictuar con las policías,
sino para acciones pacíficas activas que jaqueen a las empresas abusivas que
afecten los intereses de los usuarios con precios desmedidos o productos que
pueden dañar la salud o el medio ambiente. El ejercicio de la asociatividad en
redes globales podría ayudar a que proyectos productivos latinoamericanos
pudieran tener espacios con empatía en mercados de Europa, gracias a la
decisión de colaboración de organizaciones sociales que pueden actuar bajo el
principio de reciprocidad, adquiriendo productos, servicios, asistencia técnica
o tecnologías, de manera más económica, esquivando las ofertas de productores
multinacionales.
Los emprendimientos tienen
como sustancia básica un estado de necesidad y es por eso que las crisis pueden
convertirse en oportunidad para salir de la dependencia que implica ser
asalariado a la aventura de alcanzar una relativa mayor libertad como
empresario independiente, con trabajo, esfuerzo y una actitud que rompa los
individualismos por la vía de la colaboración y la reciprocidad.
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 27.11.2011.