Las frases van y vienen, dardos de un lado al otro, se conocen, saben mucho del otro, escupen sus dichos frente a los micrófonos. Desean la respuesta del otro para contestarle y así continuar con el círculo. Un ida y vuelta invariable, un raid expresivo que los hace elevar cada vez más el tono de las acusaciones. Diego Maradona y Julio Grondona se encolumnan, con banderas distintas, en este cruce mediático surgido entre dos pesos pesados del fútbol argentino.
Uno, el máximo exponente en el campo de juego, campeón del mundo en México 1986 y recientemente entrenador del combinado nacional en Sudáfrica 2010. Diego, genial, ciclotímico, soberbio, humilde, amando y odiando en una milésima de segundos, ustedes ya lo tienen registrado. Otro, la mano de hierro que conduce los destinos de
Maradona todavía dolido por cómo salió eyectado del banco de Argentina, suplantado velozmente por Sergio Batista, salió al cruce a favor de Daniel Passarella, distanciado con el mandamás de AFA tras la reunión de Comité Ejecutivo la semana pasada. La relación del 10 y el Kaiser siempre fue tambaleante. En este caso los adhirió el enemigo. Y Diego pegó, al igual que lo había hecho el presidente de River bajo la estructura discursiva del “está viejo, tiene que irse”. Grondona, también atacado duramente en el canal América, propiedad de Daniel Vila, con pretensiones de cobijarse en el sillón presidencial, recogió el guante y atacó, con rapidez, algo excepcional en él, inteligente de saber cuándo y cómo declarar, sobre su enfermedad con las drogas. Un cross a la mandíbula, de ésos que lastiman en serio. Se había pasado un límite.
Maradona fue por otra trompada, ésta de carácter histórico, salpicando el proceder institucional de Don Julio. Recordó que tomó “un café veloz”, con el acuerdo de
Hay cuentas pendientes. En estos casos basta apenas una chispa como lo que ocurrió con Passarella para que retorne el fuego cruzado. Grondona y Diego, amigos, indiferentes, enemigos, amigos, indiferentes y enemigos de vuelta, protagonizan esta contienda a través de los medios de comunicación que verdaderamente no sabemos cuándo va a finalizar. Parece que quieren conferirse la potestad de darle la última estocada al otro, de dañarlo todavía más. Otra historia del fútbol argentino que parece no cicatrizar.
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