Los criminales del mundo moderno parecen cada vez menos dispuestos a usar
el dinero en efectivo: es pesado, difícil de esconder y se puede mojar.
Simplemente no es el medio más conveniente para que un lavador del siglo XXI
traslade fondos de un lado al otro del planeta.
Una alternativa cada vez más atractiva y menos riesgosa para estos
delincuentes son las tarjetas prepagadas, que disponen de bandas electrónicas.
No requieren estar vinculadas con una cuenta bancaria y muchos tipos se pueden
usar de forma anónima.
Las agencias policiales de Estados Unidos consideran a estas tarjetas como
una amenaza floreciente que los reguladores no han encarado correctamente.
Nadie sabe cuánto de los más de 20,000 millones de dólares en ingresos por
tráfico de drogas -que las autoridades de Estados Unidos estiman son
contrabandeados cada año de Estados Unidos a México- se mueve mediante tarjetas
de prepago.
Aunque cualquiera que cruce esa
frontera con 10,000 dólares o más debe declararlos a las autoridades aduanales,
las tarjetas prepagadas están exentas legalmente.
Las autoridades pierden vidas en
todas partes del mundo tratando de que esta gente no tenga financiamiento y las
tarjetas prepagadas les están ofreciendo una alternativa para colarse en
nuestro sistema financiero.
Fueron los registros bancarios y de transferencias bancarias los que le
permitieron a la Policía identificar a los secuestradores de aviones del 11 de
septiembre de 2001 y sus células en el extranjero, sí los terroristas del 11 de
septiembre hubieran usado tarjetas (prepagadas) para cubrir sus gastos, no se
hubiera conseguido ninguna de sus huellas terroristas.
A simple vista, las tarjetas de prepago apenas se pueden distinguir de las
de crédito y débito. Las más versátiles permiten al usuario recargarlas de
dinero desde localidades remotas y retirarlo en cualquier parte del mundo sin
tener que revelar la identidad, usando dinero en efectivo o los servicios de
pago en línea moneygrams, PayPal y otros.
Algunas pueden procesar decenas de miles de dólares al mes. Sólo se cargan
de dinero en Connecticut o Texas, con lo recaudado por las ventas de cocaína en
Estados Unidos, y se puede retirar en pesos colombianos en un cajero automático
en Medellín, Colombia, o en cualquier otra parte de América Latina.
Además de ofrecer más opciones a los lavadores de dinero, las tarjetas de
prepago también están cambiando la forma en la que los ciudadanos comunes y
respetuosos de la ley, así como las empresas e incluso los gobiernos, manejan
su dinero.
Compañías como Wal-Mart usan tarjetas prepagadas para pagar las nóminas de
empleados. Las oficinas gubernamentales también las usan para pagar
prestaciones, como ayudas alimentarias. Los trabajadores en países ricos las
usan para enviar remesas a sus familias en otras naciones.
Las tarjetas ganan adeptos por su flexibilidad y seguridad, particularmente
para los que están fuera del sistema bancario o entre personas con
preocupaciones por su privacidad o temerosas de robos.
Las más flexibles son aquellas, como las de Mastercard y VISA, que se
pueden usar en cajeros automáticos y para hacer compras por Internet y en
tiendas. Otra variedad son las tarjetas que sólo se pueden usar en ciertas
tiendas y que no son recargables.
Dubai ya ha sido escenario de abusos con tarjeta prepagadas. Fueron usadas
por presuntos agentes israelíes para ocultar su rastro al asesinar el año
pasado al principal comandante del grupo miliciano palestino Hamas.
Los nuevos métodos de pago que preocupan a las autoridades apenas comienzan
con las tarjetas prepagadas. Los teléfonos celulares y los esquemas de pagos en
la red son la nueva frontera.