El mundo de las redes
sociales es un volcán en plena erupción, una arremetida virtual de la que nadie
queda exceptuado, especialmente en los centros urbanos. Facebook, Google +,
Instagram, Tumblr, Twitter y más. Ponemos la mirada en Twitter y en la función
que ejecutan los políticos argentinos utilizando esta red de
microblogging. Desde la presidente
Cristina Fernández, con su cuenta en plena actividad, pasando por ministros,
oficialismo, arco opositor, sindicalismo, actores de toda índole caen en la
tentación de los 140 caracteres, útiles en la comunicación con el público, configurados
como “posibles votantes”, pero que debe ser entendida como una herramienta de
suma sensibilidad a la que hay que trabajarla de modo consciente por el grado
de exposición que plantea, el decir algo que recorre el planisferio en un
puñado de segundos. Y pensando en personajes públicos notorios, lo mejor es la
consulta con especialistas que sepan qué decir y cómo, en un espacio tan breve.
Tras el temporal que
azotó a la ciudad bonaerense de La
Plata y también en la Ciudad de Buenos Aires, se contemplaron dos casos
de mala praxis “twittera”. El primero, grave, el del intendente platense, Pablo
Bruera, quien manifestó en Twitter estar trabajando palmo a palmo con los
vecinos la noche del temporal, adjuntando una foto de esta supuesta tarea,
cuando la realidad planteaba que el intendente recién estaba retornando de sus
vacaciones en Brasil. Bruera cargó responsabilidades en su equipo de
comunicación, un artilugio, una forma de excusa que no callará las variadas
críticas (y justas) por la mentira propinada sobre un hecho trágico, con
decenas de víctimas y desaparecidos. Sobre el dolor se ejecuta una tarea de
marketing comunicacional, práctica habitual en la cotidianeidad política
argentina, deleznable tarea, a decirlo, y encima en el caso Bruera mal
implementada. Borrado el tweet, millones de usuarios grabaron la imagen de la
parodia y el costo político es y será altísimo. Del ridículo y la farsa es
improbable retornar. Luis D`Elía, otro caso, minimizó la situación en La Plata en su cuenta personal
y a las horas tuvo que pedir disculpas. No razonan lo que van a explayar, un
pecado comunicacional, en pos de un buen feedback y no llegar a una exposición
dañina a sus propios intereses.
En el ámbito de la Ciudad, la lluvia que dejó
abnegadas varias zonas desde el lunes por la noche, tomó revuelo mediático los
tweets de la legisladora porteña por el FpV, María José Lubertino, quien en
plena tarea de Defensa Civil, Bomberos y hasta los propios vecinos, gatilló en
infinidad de veces el teclado para manifestar que cuando ella sea Jefa de
Gobierno, este tipo de situaciones no van a ocurrir, tratando de obtener rédito
político en un contexto de tragedia que no ameritaba ninguna chicana política.
Luego vino un duelo verbal con el periodista de espectáculos Jorge Rial y se
sumaron miles en esta microesfera llamada Twitter. Lubertino ya sabe de
fallidos en esta red social, para saber más aquí, aquí y aquí. Puede entenderse
cierto fragor verbal y expresarse con
repudio, indignación, bronca, pero insistimos, estamos hablando de funcionarios
públicos que deben respetar formas, contextos y sobre todo el dolor ajeno, para
no llevar politiquería berreta, absurda y que no los lleva a resolver problemas
de gestión para hacerle más sencilla la vida a los ciudadanos.
Estos tiempos de la
comunicación, mediante Internet, permiten una expresión colectiva más fluida e
instantánea, con beneficios y desventajas plasmadas en la mesa, como si fuesen
cartas. Parece que en la política argentina cuesta administrar y seleccionar
qué baraja debe tomarse y no caer en papelones inaceptables en tiempos de mucha
congoja.