No hay mucho de
cierto en eso que O'Higgins tuvo un rol heroico en el poéticamente llamado "Desastre de Rancagua", pero se abolla el espíritu patriótico con la sola
mención de una ligera sombra de duda. Tampoco es cierto que la independencia
se proclamara en 1810. Porque en ese entonces el General San Martin estaba en
España a punto de viajar a Londres para organizar allí junto a Miranda, la
masónica Independencia de América Latina. Pero de eso tampoco se puede hablar sin herir
susceptibilidades. Esto, por la añeja inyección de argumentos con históricos beneficios.
El mito de Portales que lo intentan potencial una vez más últimamente, es otra
escandalosa mentira. El fue un individuo brillante pero ególatra autoritario
y anarquista, pero tampoco es políticamente correcto entablar un dialogo que
públicamente lo desdibuje. No se puede mencionar el asesinato de un centenar en
Lo Cañas porque la orden apunta la estadista e histórica silueta del suicidado
presidente Balmaceda. Ni tampoco de la matanza de miles incluyendo niños en La
Escuela de Santa María de Iquique, en tiempos del presidente Pedro Montt. Además no es para nada totalmente falso, el carácter protagónico de la imperial marina
británica en La Guerra del Pacifico. Sin embargo algunos creían que era
absurdo el debate por poner, o sacar el adjetivo dictadura, a la intervención
militar del 73.
La Historia de
Chile está más arreglada que una pelea de gallos. Es tan poco seria, que
historiadores a menudo no solo difieren en las cifras o las fechas, también en
lo relativo a los hechos a veces insolitamente concluyen lo contrario. Pero nuestra historia
más que pecar por lo que se ha escrito, que peca abundante. Peca esencialmente
por lo que nunca se ha escrito. Y porque cuando se ha hecho nadie lo enseña.
Como por ejemplo, el bloqueo de visas para inmigrantes de color, por más de
medio siglo.
Masacres, guerras
civiles las que para mayor claridad no existen si no participa el ejército
dividido en ambos bandos. Revoluciones armadas, asesinatos, deportaciones,
cierres del congreso, ilegalidad de partidos políticos opositores, estado de sitio, conspiraciones, asonadas y golpes militares, destrucción e imposición de
constituciones, persecución de adversarios, relegamientos, degollamientos y
exilios. Son mucho más comunes que lo que nadie se imagina solo porque no se
enseñan. Es frecuente en el - dejavu -
de periodos que brotan de la imposición antisocial y antidemocrática,
una oportuna y conveniente aversión por el concepto de político. Al mismo
tiempo que se tuercen el registro histórico de los hechos, y los manipulan a la
voluntad política de aquellos que conquistan por la fuerza, el espacio público
y los medios. Así ha sido una y otra vez en la dictatorial historia de Chile.
Irónicamente los partidarios del ORDEN impuesto con armas de fuego, declaran con
el pecho erguido y la boca llena, su más profundo rechazo al empleo de la
violencia, PLOP. Su defensa por el derecho a la vida sana, y por supuesto, su abanderamiento
con el movimiento pro-vida. ¡¡¡ Exijo una explicación!!!! Diría Condorito,
porque a nosotros siempre se nos ha
dicho que los únicos capaces de semejante MALDAD. Son los comunistas.
Tal vez, una de
las ventajas de esta etapa de infantil exploración del internet, sea la oportunidad
que tiene esta generación de saldar el endeudamiento, con que no han dejado los
historiadores. La historia no debiera ensalzar a nadie. Su obligación es narrar
los hechos desde una perspectiva imparcial, educativa y verídica. Ajena al influjo de la
crónica de adversarios o partidarios en cada periodo. Decir por ejemplo, que es
cierto que Salvador Allende mantuvo un discurso popular siempre, pero que de popular,
él tenía muy poco. Fue lejos el más bien vestido y burgués de todos los
políticos chilenos de su época. Decir también, que excepto cuando para defender
el constitucional nombramiento de presidente de la República, nunca le disparo
a nadie. Que jamás empleo la tortura, la masacre o el destierro de adversarios,
como un método valido para imponer su voluntad. (No es serio suponer que lo
hubiera pensado, ni mucho menos, condenarlo por esa simple y dudosa suposición.)
Es posible
continuar sin límites, porque la inspiración brota de una fuente inagotable de
históricas omisiones, y otras tantas monumentales injusticias. Pero una auto
censura es aconsejable porque el terreno para debates históricos no está
popularizado y mueve a insanas divergencias.
Esta manipulación de los hechos, es la que viola el origen y la utilidad
de las Ciencias Sociales. Es la que permite que disparates como el golpe se
defiendan, y hasta se repitan. Que además, con toda libertad se publiquen
falsedades, se exagere y se suprima, lo que un ciudadano debiera tener el
derecho a conocer con responsable exactitud.
Pero no hay que
admirarse, después de todo, en una medieval y teocrática costumbre, hoy, se
toma en serio un termómetro nacional de felicidad. Ese que cubre , condona y
condena, al solo movimiento de los hilos de marionetas mediáticas mercenarias,
que prenden y apagan las luces, según más les convenga a sus propietarios. Este
último golpe militar está muy encima.
Con tanto compromiso de tantos, que hoy disfrutan de un ilegitimo carácter de
honorables en ambos lados, se hace imposible rescatar el prejuicio de violencia,
con el cual se ha etiquetado, exclusivamente a los comunistas de Chile. Los que
para todos los efectos, es sublimar sinónimo de socialista, concertacionistas,
encapuchado, anticapitalista, terrorista y desde luego, adversario político de
la derecha. Aquí es donde por falta de ejemplos locales, se recurre al
comunismo en otras épocas o latitudes, como si más que una ideología, esta
fuera un contagio. Aquí es donde el chileno común recibe el adoctrinamiento envasado
en la propaganda del invasor histórico. Así es como nadie ignora el biográfico
perfil de Chávez o Fidel Castro, pero Ignora el de Pedro Aguirre Cerda o Benjamín
Vicuña Mackenna. Así es como el índice acusador esquiva la silueta estadista de
un Balmaceda. Es como las nuevas generaciones, no saben del "León" o
del "Caballo", ni mucho menos,
del dedo para abajo, para decidir la vida de adversarios indefensos. Es
muy asqueroso el manantial de violaciones a la constitución, al derecho a
disentir o protestar, como los miles, incluyendo niños acribillados
en Iquique. O los 63 estudiantes universitarios asesinados en el edificio del
seguro obrero. O los doscientos muertos en la Alameda, en la llamada revolución
de 1895. Inagotable galería de uniformados horrores. Detener el obligado curso
de la Historia es imposible. Lo que se debe combatir es la ignorancia. Esa que
ha permitido singularizar de violentistas a los partidarios de la izquierda,
que no son santos , cuando es en la derecha, con cualquiera que sea la
justificación , donde están todas las masacres concretas de nuestra poco
conocida como bicentenaria historia patria.
Luis Alberto Moya R.
Comentarios
Eso es escribir bien y sin complejos.