Hace cuatro años, un 20 de
enero de 2009, en ocasión de la primera investidura de Barack H. Obama
como Presidente de los Estados Unidos y en vísperas de las elecciones en
nuestro país; se desarrolló un almuerzo en la residencia de la Embajadora
estadounidense en Panamá, Bárbara J. Stevenson. Se especula que tal
evento, ambientó la alianza entre Ricardo Martinelli y Juan Carlos
Varela, la cual culminó con el triunfo arrollador de la entonces
oposición al PRD. A escasos dos meses de llegar al poder el Presidente
Ricardo Martinelli, se evidencia un distanciamiento de
los Estados Unidos respecto a Panamá, mismo que encuentra eco en las
declaraciones que en la capital panameña, hacían respecto al gobierno,
altas figuras de la administración Obama. En efecto, todavía resuenan las
palabras del Subsecretario de Defensa, Frank Mora,
quien señaló que “el desborde del crimen organizado, podría afectar
el canal de Panamá, y eso preocupa a Estados Unidos”. No menos impactantes
fueron las pronunciadas por el Senador demócrata, Cristopher Dodd, quien
advirtió que “el crimen organizado y la falta de seguridad jurídica
inquieta a Estados Unidos”. Sin embargo, las que de manera mas
estridente sonaron, fueron las emitidas por el
Embajador retirado, John Maisto, el cual en el preludio de la visita del
Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Arturo Valenzuela a
Panamá, en alusión solapada al gobierno nacional, al hablar de la
justicia como problema preocupante en nuestro pais, subrayó que las
“instituciones empezando por el poder judicial, tienen que ser confiables. Los
jueces y policías tienen que estar bien pagados y mejor
entrenados”. Igualmente, en referencia velada al gobernante
panameño emitió frases como que: “En una democracia debe haber balance de
los tres órganos. Monarquía y dictadura son otra cosa” y que “las
democracias deben tener sistemas de justicia confiables, y la actuación de los
procuradores no puede estar politizada”. Todo ello, sin olvidar que
semejante escenario tenía como telón de fondo, la identificación que
hacia la Casa Blanca del Presidente panameño, con el Partido
Republicano. Como era evidente, la relación con Estados Unidos se
redujo a intercambios intrascendentes y lo que es peor, se
complicó aún más, por las fricciones con la Embajadora Stevenson,
respecto a problemas como la utilización del programa de escuchas telefónicas
de la DEA, la designación del ex -militar Gustavo Pérez al frente de la
Policía Nacional . A la postre, tras solo 21 meses de gestión, la
tensa relación se interrumpe abruptamente con el anuncio en mayo de 2010,
del fin prematuro de la misión diplomática de Stevenson, quien antes de
ser trasladada a Londres, se despide denunciando que en
Panamá, “el crimen organizado esta corrompiendo las instituciones
judiciales”. El “sorpresivo” retiro de la Embajadora y con
ello, la disminución del nivel de representación de la misión
diplomática, con la designación de David Gilmour, como
Encargado de Negocios, tenía la intención de trasmitirle al
gobierno panameño, el mensaje de que con esa medida, Estados Unidos reducía el
perfil de la relación con Panamá. La situación se
complicaba, porque, consciente de la sed panameña por la ratificación del
Tratado de Promoción Comercial, eventualmente Washington estaría en
condiciones de chantajear al gobierno nacional y de paso,
erosionar la solidez de nuestro centro bancario; con la acusación
de que Panamá, era un Estado que aparecía en las “listas
grises en materia fiscal”, porque no cumplía con el
estándar internacional de intercambio de información y transparencia. Pasó
algún tiempo y en reemplazo de Bárbara J. Stevenson, un 27 de
septiembre de 2010, el Palacio de las Garzas
recibía a la también diplomática de carrera, Phyllis
Powers, quien hasta entonces fungía como Ministra Consejera en Irak. La
ahora Embajadora Powers, para demostrar que la apreciación de la
administración Obama para con el gobierno panameño no variaba un ápice, y
que ello era la razón por la que se seguía dilatando el
recibimiento en Washington del Presidente Martinelli; inaugura su gestión
con una inusual visita a la sede del opositor Partido
Revolucionario Democrático (PRD). Si bien la parquedad de la
relación Obama-Martinelli era el distintivo principal de las relaciones
entre Panamá y los Estados Unidos en ese momento, tal situación no tendría por
qué ser óbice, para que el país del
norte, frenara la consecución de sus intereses de
seguridad en Panamá. En efecto, pese a su disconformidad con la
gestión del gobierno panameño, Washington no arriesgó la cooperación bilateral
en cuanto a la interdicción de narcóticos y la lucha contra la evasión
fiscal, los cuales no sufrieron altibajos sustanciales. Al
contrario, se esforzó en negociar el denominado: Memorando de
Entendimiento para mejorar el intercambio de información en el sistema
internacional de aviación para combatir el terrorismo y el crimen
internacional, también conocido como Memorando de Entendimiento
Varela-Napolitano, del 29 de noviembre de 2010 y el Acuerdo de
Intercambio de Información Tributaria (TIEA / Tax Information Exchange
Agreements), o Acuerdo Geithner-Varela, del 30 noviembre de ese
mismo año. A pesar de las fuertes criticas que este ultimo despertó en
los sectores ligados al Centro Bancario, que resentían en carne propia, este
vital complemento de la Estrategia Nacional para la Defensa de los
Servicios Financieros Internacionales, al final, la tan vilipendiada
excerta legal, constituyó el instrumento clave, que descongelo la
ratificación por parte de Washington del TPC con nuestro país. Así, luego de
más de año y medio de ser electo, el 28 de abril de 2011 se produce el
esperado recibimiento de Martinelli por Obama,
con lo que a partir de entonces, tiene lugar un antes y un después en las
relaciones entre las dos administraciones. La repercusión de tal acción
fue tal, que completado el requisito mínimo de negociación de doce
Tratados, en el cual se incluía el Tratado de Intercambio de Información con
los Estados Unidos, el 6 de junio de 2011, la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), retiró a Panamá de la
lista gris al anunciar el cambio de calificación hacia
una, que la incluía en la categoría de jurisdicciones que han
implementado los estándares internacionales acordados respecto a transparencia
e intercambio de información. A renglón seguido, el 13 de octubre del
mismo año, Estados Unidos ratificaría el Tratado de Promoción Comercial (TPC).
La nueva fase en la relación que a partir de entonces se
inaugura, se manifestará en la suscripción el 29 febrero de 2012,
de sendas Declaraciones Conjuntas en materia de seguridad suscritas por
la Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Janet Napolitano,
y el Ministro de Seguridad, José Raúl Mulino; entre los que
destacan un Acuerdo que incluye el programa "Global Entry", que
expedita la entrada a Estados Unidos de ciudadanos panameños que cumplan con
todos los requisitos establecidos en el programa. Un segundo compromiso para
asegurar la cadena de suministros globales tras aumentar la colaboración para
facilitar el comercio y viajes legítimos y el tercero, consistente
en un compromiso compartido de combatir la trata de personas, intercambio
de información e investigaciones conjuntas. Finalmente, tras 19 meses (abril de
2012), la gestión de Phyllis Powers llega a su fin, en medio de
algunas controversias generadas por la publicación de reportes
diplomáticos de cables filtrados del portal WikiLeaks y
según ella, con la convicción de que la “democracia está viva” en Panamá, aunque
recomendando la aplicación de medidas contra la corrupción proveniente
del narcotráfico y el lavado de dinero. El
tercer Embajador de la primera administración Obama en Panamá será un
funcionario, originalmente
nominado para Nicaragua por la Casa Blanca, pero que al no
conseguir su ratificación por el Senado, terminó presentando
sus cartas credenciales al Presidente panameño, Ricardo Martinelli, el 15 de
mayo de 2012. De acuerdo a declaraciones de Jonathan
D. Farrar, entre
las prioridades de su misión, se encuentran, la
consecución de la implementación del TPC, la promoción de negocios de
ciudadanos estadounidenses en Panamá, la colaboración con nuestro país en
materia de seguridad, el fortalecimiento de la institucionalidad
democrática, la lucha contra el crimen organizado, la creación de
oportunidades para que mas estudiantes panameños de escuelas públicas
estudien cada dos años de cursos de inglés en Estados Unidos (programa
“ACCESS”) y la promoción de actividades que protejan el medioambiente, entre
otros. Como muestra de la anterior, 26 de
septiembre de 2012, el Embajador Farrar,
firma con el gobierno nacional, la
Enmienda No. 14 a la Carta de Entendimiento de la Iniciativa Mérida (actual
Programa CARSI), la Enmienda No. 14 a la Carta de Entendimiento del Programa
Antinarcóticos de la Región Andina ó Programa de Control de Antinarcóticos y
Aplicación de la Ley, la Enmienda No. 4 a la Carta de Entendimiento sobre la
Iniciativa Regional de Pandillas, y la Enmienda No. 2 a la Carta de
Entendimiento del Programa de Asistencia en Darién. En otros términos, la
agenda bilateral actual de Estados Unidos con Panamá, permite
hablar de más de una veintena de temas de interés común, entre los cuales de
suyo se desprende que sin duda estará el torneo electoral que
vivirá nuestro país en el 2014 y luego del cual, sería deseable, que el
Presidente Barack Obama, en su segundo periodo presidencial; como
evidencia de la vivencia de una fase de real de estabilización de
nuestras relaciones, mantenga o designe en Panamá, un Embajador,
que a diferencia del periodo anterior, concluya junto con él, su
mandato.
Por: Euclides E. Tapia C.
Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.