Todo correlato histórico se manifiesta con un relato, el explayarse en cómo ocurrieron diferentes hechos, cuál fue el desempeño de los protagonistas, qué sucedió, qué no. Habla a su vez de una mirada subjetiva ciento por ciento, cargada de ideología, lo cual no es despreciable ni mucho menos, salvo que quiera venderse como neutra, como la exclusiva verdad. Ahí sí que ya estamos en un problema. No seamos tan chauvinistas por pensar que esta realidad, de pugna de relatos, es exclusividad argentina, al contrario. Saquemos el mapa mundial, ponemos el dedo en cualquier territorio, continente, hemisferio y encontraremos presente esta complejidad, lo que nos rodea es puja y disputa, en todos los ámbitos. Ojo, utilizo el término relato por las diferentes repercusiones que tuvo la misma en la esfera pública, como había pasado tiempo atrás con la palabra “crispación”, todos lo dicen pero qué significa, qué decimos cuando hablamos de relato, cuál es el detrás en este concepto.
Vayamos a una
definición preliminar que, aunque no nos parezca del todo verdadera, puede
considerarse como válida: el cómo contar
una historia se equipara al propio suceso. En sociedades de comunicación a
gran escala, con las redes sociales como último gran estandarte y su
consecuente participación colectiva virtual, el cómo tiende a igualarse con el qué. El cómo decirlo, cómo
explayarse, apuntarlo, indicarlo, a ciencia cierta, cómo llego al otro,
conquista tierras sin miramientos. A partir de este contexto, con mayor
voracidad informativa que en otras épocas, lo que llamamos relato avanza hacia
otra resignificación, casi diría de omnipresencia, lo coloca en un umbral mucho más alto en términos de deseo.
¿Cuántos relatos
encontramos en esta Argentina 2013? Varios. Podríamos pensar que dicha
respuesta marcara una heterogeneidad positiva en tiempos de democracia.
Podríamos, en primer lugar, poner esta afirmación bajo la lupa. Lo que no se
tiene en cuenta es que la potencia de los mismos tiende a sufrir desvaríos, no cuentan con el mismo nivel y así se
desajusta el eje en cuestión. Hallamos relatos con mucho sentido cargado
que no localizan canales de comunicación óptimos para desarrollarse y que alcancen
a todos. Siendo más estrechos, Argentina
se fragmenta en la construcción de un relato enarbolado por el oficialismo y
otro por medios de comunicación opositores, con intereses políticos,
económicos y culturales, en el que la oposición
política, vacía, inocua y nadando en aguas de mediocridad, apenas forma parte del inventario, un
decorado más. Se finaliza así con la mentira centenaria de que los medios
son un espejo de la realidad. Nada es espejo de nada, atacar los lugares comunes
clarifica la retina.
Cargados de preguntas
decimos, ¿son los únicos? No, lo decíamos recién, hay otras formas expresivas
que se encuentran ocultas, pero seamos sinceros, son raquíticas en la comunicación masiva, no llegan al gran público,
¿por qué no acceden? ¿tendrán deficiencias? Dejaremos esas inquietudes para
otra nota. Ahora, en estos dos polos, el gobierno y medios opositores, en
término de sus narraciones, da la pauta que la construcción de las mismas tiende
a un comportamiento patológico de
dependencia, son relatos que se necesitan uno al otro y evitan la creación
de nuevos actores. La fortaleza de uno
consiste en la bajeza del otro, y viceversa. Y bien sabemos que las dicotomías aniquilan pluralidad,
impulsan partes determinadas para ocultar a otras.
No nos subimos a un
atril a gritar injusticia como desquiciados; apenas descifrar cómo se articula poder desde
una concepción argumentativa, en que lo
mediático tiende a asfixiar cualquier ambiente. Antes de continuar,
quisiera hacer una salvedad. El término relato y sus sinónimos (narración,
cuento, novela, fábula, leyenda, tradición, recitación) manifiestan una estirpe
de ficción que podría vincularse a falsedad o irrealidad, desmenuzar esta
particularidad, el por qué lo llamamos relato, también será una tarea a
desarrollar, como a su vez preguntarse qué rol tiene la veracidad en lo vertido
¿Todo lo que se dice es mentira, una escenografía montada? Tampoco lo creemos,
pero uno, como sujetos, como ciudadanos, no debemos hacernos los desentendidos y debemos contar con la agudeza de olfatear
falsedades. El que diga que el gobierno tiene un relato, lo convierte en
constructor de su propio relato, aunque se embanderen en la objetividad y
coloquen durante horas en pantalla que
su función en esto es neutral. Desde la otra vereda, exactamente lo mismo.