Cuando
alguien habla de un empresario, de inmediato viene a la mente la idea de una
persona exitosa, con grandes bienes de fortuna, sin problemas económicos y que,
de algún modo, ha de estar buscando cómo obtener provecho de sus
empleados.
La
realidad en México, que pocos o nadie quiere ver, es que ocho o tal vez nueve
de cada diez empleos formales que existen en el país, son generados por
empresas pequeñas o medianas, de esas que nacen en la cochera de una casa, con
una visión de alguien que tiene la osadía de creer en sí mismo y que decide
convertir su idea en algo tangible, su emoción en una realidad que trasciende
su propia vida.
Y
sí, muchas veces esa idea puesta en marcha, la empresa, no llega a buenos términos
pues en el camino aparecen baches económicos, problemas legales, abismos
fiscales, trabas burocráticas o como usted quiera llamarle a la desventura que
produce que la empresa, ese pequeño ente nacido de una idea, no logre llegar
más allá de dos o tres años. Y entonces vemos al empresario buscando la forma
de cerrar, de dar por terminada la etapa de su vida en la que confió en poder
hacer algo.
Bien
o mal, siguen, seguimos, habiendo muchos mexicanos que pensamos que iniciar un
nuevo negocio, es decir, emprender una aventura en la que el fin es generar
riqueza y que, como efectos colaterales existen el pago de impuestos, que
enriquecen al país y también, de manera fundamental, el pago de salarios, que
hacen que nuestra patria tenga cada vez, mejores ciudadanos.
Usted
piensa un día que vender tal o cual producto es bueno y usted confía en que
tiene los conocimientos necesarios para ofrecerlo al público, o usted siente
que lo que sabe de tal o cual arte es bastante para que otras empresas o
particulares lo busquen a fin de obtener sus servicios y en consecuencia,
generar ingresos. Y empieza su empresa. Y empiezan los problemas. Que Hacienda
le exige tantos requisitos. Que en Salubridad le piden todos los papeles. En
Relaciones Exteriores son un poco más amables. En el Ayuntamiento no se tocan
el corazón. Y sigue la lista, interminable, de autoridades ante las que tiene
que acudir a efecto de que su empresa pueda empezar a generar dinero.
Vamos
a suponer que ya logró pasar las primeras pruebas y está funcionando. Necesita
contadores, capturistas y cuanto personal se le ocurra a las autoridades a fin
de que pueda cumplir con sus obligaciones. Como si su único afán fuera estar
pensando qué más se le va a ocurrir al señor autoridad…
Pero
seguimos. Ya tiene todo. Y sin embargo, en realidad le falta saber qué va a
hacer con lo que tiene.
Si
usted ya fue alguna ocasión un empresario o si conoce a un empresario que esté
batallando, va a darme la razón en cuanto a que en México, las cosas legales y
todo lo relacionado con el funcionamiento de las empresas, pareciera hecho a
propósito para que la gente busque la informalidad y no hacer las cosas bien.
Es
triste, muy triste, que quien pretende cubrir los requisitos legales fracasa y
por el contrario, el que se protege con un líder de colonos o un regidor de
pueblo, siempre va viento en popa.
Lo
que se requiere en nuestro México es que los funcionarios de gobierno tengan la
vergüenza necesaria para saber que si no son capaces de producir absolutamente
nada, al menos, permitan que quienes tienen la voluntad de hacerlo, lo puedan
hacer sin el temor al fracaso por cualquiera de las razones sinrazón que
existen para destruir una empresa.
Se
necesita coraje para seguir en la lucha y más, el deseo de saber que México
debe salir adelante y para ello, nos necesita a todos.
Vale
la pena. Me gustaría conocer su opinión.
José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante
jmgomezporchini@gmail.com / http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com