Llamativo,
exótico e interesante. Costa Rica es uno de esos lugares en donde se combinan
factores atractivos que despiertan la curiosidad y acaso la envidia. Es una de
las democracias más antiguas, con una marcada estabilidad política, muy
distante de las democracias latinoamericanas endebles que, confusas y propensas
a lo indefinido, nos acostumbraron a lo imprevisible. Como toque de distinción,
mientras los gobiernos latinoamericanos se militarizaban y hasta empotraban
dictaduras empuñando las armas, Costa Rica abolió su ejército hace más de 60
años. La de idea de nación era clara: las victorias armadas no eran las
importantes, sino que habría que ganar batallas en el campo educativo para que
el beneficio se extienda a la sociedad.
Hoy en día es
uno de los países más alfabetizados de América Latina y ha ido mejorando sus
niveles de calidad educativa. Pasar de los presupuestos militares a la
inversión en educación ha generado una sociedad más próspera y menos tendiente
al conflicto. Y como resultado de la apuesta a la educación, no sólo han
mejorado los niveles de productividad y competitividad en materia de recursos
humanos, sino que han generado un clima atractivo para la inversión de las
empresas que requieren de mano de obra calificada, como las grandes compañías
productoras de tecnología. Los beneficios sociales son importantes, aunque
todavía la pobreza sigue afectando a alrededor del 20% de la población, de
acuerdo a los datos de Naciones Unidas.
Los “ticos” no
sólo se están adelantando al resto de los países latinoamericanos en su carrera
hacia la economía del conocimiento, sino que han sabido aplicar buenas
estrategias para el aprovechamiento de sus recursos naturales. Precisamente,
sus volcanes, bosques y parques nacionales en general son un atractivo que ha
convertido al país en uno de los pioneros del ecoturismo, en tanto se suman
ingresos superiores a los 2 mil millones de dólares por año en materia de
turismo. De esta manera, al sumar los beneficios de la educación, los ingresos
por turismo, la inversión extranjera y el desarrollo de la industria de alta
tecnología, Costa Rica presenta factores importantes que apuntan a que el país
siga una ruta de progreso y mejoría de las condiciones de vida de su gente.
Hablar de lo
“orgullosamente tico” es referirse a una marca país que se traduce en
seguridad, calidad y respeto. Es uno de los países más seguros de América
Latina –según el Índice de la Paz Global 2012- y respetado por sus cuidados al
medio ambiente, por las libertades de las que gozan los ciudadanos y por la
apuesta permanente que se hace por la educación.
Costa Rica se
encuentra actualmente en un proceso de recuperación económica, tras la crisis
global que hizo sentir sus efectos en el país en 2009. Con un crecimiento
promedio del 4% en los últimos dos años y con una buena generación de empleo,
los indicadores son alentadores aunque todavía insuficientes para cubrir todas
las necesidades de una economía emergente.
Hay muchos
factores interesantes que aprender de los ticos. Desde su redireccionamiento de
los gastos militares hacia la inversión educativa, hasta su apuesta por la
competitividad de los recursos humanos como incentivo para el desarrollo de
empresas tecnológicas. ¿Cuántos gastos innecesarios tenemos que bien podrían
servir para una inversión a futuro? ¿Cuánto tiempo más vamos a priorizar en
nuestros presupuestos a los partidos políticos, a la burocracia parasitaria y a
los avivados que se cuelgan de las bondades del poder para hacer fortunas
impuras? ¿Cuándo destinaremos los recursos al desarrollo de la gente y no al
mantenimiento de estructuras obsoletas?
Vivimos en
sociedades injustas porque no hemos priorizado la educación de la gente, de
manera que esta es la verdadera fuente de la desigualdad, la exclusión y la
limitación para el progreso. Si hiciéramos el ejercicio de pensar un cambio en
el destino de los recursos que tenemos… ¿qué gastos deberíamos suprimir y qué
inversiones serían las urgentes para mejorar al país? Vale la pena pensarlo.
Con urgencia.