La economía rusa
es una de las más grandes del mundo. Tras un proceso de transformación desde el
comunismo hacia una economía de mercado, este país que posee la octava parte de
la superficie territorial mundial es hoy una de las potencias emergentes que se
posicionan como las dominantes para las siguientes décadas. Con una población
aproximada de 141 millones de habitantes, y una riqueza incalculable en cuanto
a recursos naturales y energéticos, Rusia reúne factores fundamentales para una
economía poderosa: territorio, riqueza natural, recursos humanos abundantes,
competitividad y proyección.
El país de
Dostoievski y Tolstoi forma parte del grupo denominado BRIC –junto con Brasil,
India y China-, que son los que dominarán –según algunos pronósticos- la
economía mundial debido a su territorio, su población y la abundancia de
recursos naturales. Precisamente, Rusia es una potencia energética gracias a su
enorme producción de petróleo, sus grandes reservas de gas natural, minerales
(sobre todo oro y diamantes), carbón y reservas de madera, pues ha sabido
preservar sus bosques. Cuenta con aproximadamente 3 mil yacimientos de hidrocarburos
y se encuentran en una fase de expansión y de incremento de la explotación de
esta riqueza. De todo esto se desprende una enorme dependencia de los recursos
energéticos pero también una fuente natural de ingresos millonarios que
permiten financiar gran parte de la vida rusa.
Pese a la crisis
que afectó al país en 2009, como resultado del malestar económico global, hay
un proceso de recuperación que se percibe con un 4% de repunte en 2011 y un
pronóstico de 3.5% para este año. No obstante, las expectativas a mediano y
largo plazo son mejores, a tal punto que el ex ministro de Finanzas de Rusia,
Alexei Kudrin, dijo que este país se convertirá en la quinta economía más
grande del mundo en los próximos 10 años.
Detrás de este
anuncio que pudiera parecer presuntuoso se encuentra una serie de medidas
destinadas a reducir la dependencia energética, diversificar las fuentes de
ingreso y elevar la competitividad en sectores estratégicos, gracias a la
sólida formación de los recursos humanos, la investigación científica y el
incentivo para que los mejores cerebros rusos permanezcan en el país. Hace unos
días, en los periódicos internacionales se informó que Rusia está construyendo
su propio “Silicon Valley” denominado “Centro de Innovación Skolkovo”, ubicado
a 30 kilómetros al oeste de Moscú. Los rusos son conscientes de que su poderío
energético se irá agotando y que necesitan buscar estrategias para ubicarse a
la vanguardia en el mundo tecnológico.
Al igual que en
la segunda mitad del siglo pasado se emprendió una carrera por la conquista del
espacio, ahora se apunta a una carrera tecnológica marcada por la innovación,
la invención y la competitividad. Para ello, los capitales públicos y privados
buscan incentivar la radicación de empresas y la investigación científica.
Salvando la
enorme distancia entre Rusia y las economías latinoamericanas, hay algunos
elementos en común y notables diferencias. América Latina es rica en recursos
naturales y en energía, y también se ha acostumbrado a la exportación de
materia prima y a la dependencia de pocos sectores. Pero nos diferenciamos en
la falta de una visión que nos impulse a dar el golpe de timón hacia donde hoy
está la riqueza: la economía del conocimiento. Seguimos agotando nuestros
recursos naturales aunque sabemos que con esto no lograremos salir de la
pobreza ni disminuiremos la inequidad que nos convierte en el continente más
injusto en cuanto a la distribución de la riqueza.
Hay que dejar de
lado la dependencia del petróleo, el gas, la materia prima y la
sobreexplotación de recursos naturales, para construir las bases de un cambio
en los modelos económicos. Exportar productos agrícolas ya no es suficiente:
hay que apuntalar la inversión en el desarrollo tecnológico, la investigación
científica y la formación de recursos humanos. Si no hacemos esto último,
posiblemente sigamos siendo proveedores de insumos para que los otros
progresen, mientras nosotros seguimos igual.