Macri y Moyano. Esperá, vamos de vuelta: Macri y Moyano.
Suena raro decirlo, hasta escribirlo. En
Macri, con el cuerpo inmerso en la construcción política del
PRO para 2013 y su casi segura candidatura presidencial para 2015, evalúa con
sus operadores posibles reacomodamientos en su fuerza, la cual sigue careciendo
de una presencia del sector sindical, que otorgue una logística de mayor poderío
y que englobe a todo el país, algo que el PRO carece, a excepción de
Moyano, con el ímpetu de chica despechada que la dejó el novio, avanza a paso raudo para constituirse en una opción concreta y con posibilidades en las elecciones legislativas del próximo año. Ése tema lo obsesiona, mira al norte y lo observa a Lula. Eso es lo que quiere para él, no lo dirá en voz tan alta pero lo dice para que lo escuchen. El encono con el kirchnerismo va en aumento y Moyano debe revalidar credenciales de liderazgo, de tener una pata política que aúne voluntades, para que a su vez soporte el peso de una CGT fracturada. Él de un lado y la figura ascendente de Antonio Caló, por otro. Como una pirámide que debe sostenerse en pilares fuertes si desea soñar con objetivos mayores, de gestión. Con varios aliados menos (Viviani y Recalde, entre los más resonantes), Moyano rodea al arco opositor para encontrar eco en sus palabras. Sin embargo, cuenta con trabas visibles: el electorado clase media-alta no lo tiene entre sus preferidos, lleva esa carga como una mochila llena de piedras. Su enamoramiento durante varios años con el gobierno kirchnerista es, para esta franja de votantes, un obstáculo infranqueable. Por eso el acercamiento con Macri, el correr un poco los límites y dejar que la foto salga, que se genere el encuentro. Quizás como un globo de ensayo para ambos, y sí luego recabar las conclusiones que dejó esta novedad que movió las espesas arenas de la política argentina.